2.000 personas corean el ¡Viva Sigüenza! en el chupinazo de las fiestas de San Roque

Desde aquel punto, y disfrazados de cualquier cosa que pueda imaginarse, de Gioconda doncelina por ejemplo, comenzaban su marcha a las 20 horas. La tarde, veraniega, pero también seguntina, no superaba los treinta grados centígrados de temperatura. Hasta diez carrozas de peñas, una simulaba escenas del Oeste americano, otra un tablao flamenco y aún otra con ladrones y su botín, y así hasta llegar a la decena, seguían a la de la reina y damas de honor. A lo largo del recorrido las guapas repartían decenas de kilos de caramelos y chucherías para los niños que se arremolinaban al paso de la caravana para recogerlos. Las chicas, radiantes de alegría, no podían ocultar en sus rostros la ilusión que les hacía tomar el protagonismo de la tarde, vestidas de blanco, y señaladas por sus bandas.

La ciudad entera salía al paso del desfile, apostada en cualquier rincón con perspectiva. La charanga le ponían la banda sonora al devenir de la comitiva, con ese estilo tan particular de hacer música que a todo el mundo hace bailar a su paso, incluidos los fotógrafos. Balcones, balaustradas o aceras, cualquier sitio era bueno para compartir la alegría del comienzo de lo más granado del programa de las fiestas. Sigüenza estaba en la calle.

La comparsa festiva se adentraba en el corazón de la ciudad del Doncel por las calles de José de Villaviciosa, Plaza de Hilario Yaben, Cardenal Mendoza y del Obispo Bernardo de Agén hasta llegar a la Plaza Mayor. Una de las vecinas que presenció el desfile, probablemente la más mayor, era Carmen Checa, que con cien años y ocho meses no se perdía, desde su balcón de la calle Cardenal Mendoza, justo encima de la tienda que siempre regentó, el comienzo de la fiesta de San Roque.

Poco más adelante, en el momento de pasar por delante de la Catedral, sus campanas recibían la alegría seguntina, parecía que también expresando la suya. En el tramo final del desfile, y en el momento de máxima afluencia de público, cerca de 2.000 personas se congregaban en el entorno de la Plaza Mayor, abarrotándola de humanidad. Una vez todas las carrozas llegaron a su destino, al filo de las nueve y veinte de la noche, y mientras los peñistas se lo pasaban en grande siguiendo el ritmo de las charangas, llegaba el momento del chupinazo. Eran primero los representantes de las peñas “El Pifostio” y “Grupo Mixto” quienes daban los cuatro vivas a San Roque, a la Virgen de la Mayor, a Sigüenza y a las peñas que fueron coreados atronadoramente. Le siguieron los del alcalde, José Manuel Latre, para terminar con los últimos y definitivos que pronunciaba la reina de las fiestas, Beatriz Catalinas, bien flanqueada por sus damas de honor, Alba Bodega, Paloma Mateos, Lorena Rodrigo, Andrea Mateos, Laura de Mingo y Celia Alda. Entonces Rodrigo Martínez, representante de “El Pendón”, peña que este año cumplía sus primeros veinte años, era el encargado de prender la mecha del cohete. Atronador, estalló en lo alto del Palacio de los Deanes, para darle el pistoletazo de salida a las fiestas de San Roque y de la Virgen de la Mayor. Las treinta y nueve peñas registradas en el Ayuntamiento estallaron de júbilo al tiempo que se encendía detrás el luminoso “San Roque 2012”

No hubo que registrar ni un solo incidente en toda la tarde noche. De velar por la seguridad de la caravana, evitando que los niños se acercaran  a las ruedas de forma peligrosa, ha habido 15 miembros de las Agrupaciones de Protección Civil de Sigüenza y de Guadalajara y otros voluntarios seguntinos, además de la Policía Local y la Guardia Civil. Poco después de terminar el desfile comenzaba la actuación en el parque de la Alameda del Grupo Arcoiris que se prolongó hasta la madrugada.