Azañón celebró el día de San Juan de Porta Latina

El día de San Juan siempre estuvo ligado a la agricultura y a la ganadería. Tradicionalmente ha sido el momento en el que se bendecían los campos, pidiéndole al cielo que lloviera cuando debía, que no helara a destiempo y que no cayeran nubes de granizo. La imagen de San Juan era trasladada por los azañoneses desde la Iglesia de la Asunción, a la que identifica en la distancia su elegantísima Torre del Reloj, hasta la Ermita del Santo distante aproximadamente un kilómetro del pueblo. Ahora se va por la carretera. Antes, por el que los azañoneses conocen como el camino de la Vírgen.
Era, y es, una fiesta campera en la que el pueblo unido celebraba una comida de fraternidad. En la Ermita tenía lugar la ceremonia religiosa. Después de los oficios, el cura bendecía los campos, en el entorno de una de las dos zonas donde los lugareños plantan sus huertos. A media tarde, después de la comida, el Santo era vuelto a la Iglesia a paso ligero. Los mayores dicen que bailaba, al igual que por la noche lo hacían los azañoneses al son de la dulzaina y el tamboril en la Plaza Mayor. “Era el día de la seguidilla y de las tortas de San Juan”, explica Jesús Martínez, alcalde pedáneo de Azañón.
La lluvia, excelente regalo para la tierra y el Tajo después de uno de los inviernos más secos que se recuerdan, impedía el sábado la romería. Santiago Jiménez, párroco local, bendecía los campos desde los soportales de la Iglesia. La comida de fraternidad se celebró en el local social de Azañón. Estuvo amenizada a los postres por la charanga complutense “Iplacea”. Una delegación municipal, encabezada por el alcalde de Trillo, Francisco Moreno, acompañó a los lugareños en la fiesta patronal. Al término de los oficios religiosos, cada azañonés recibió un detalle con la imagen del Santo. La fiesta la remató por la noche la actuación del trío musical Límite.