Blanca Calvo, Directora de la Biblioteca de Guadalajara: “El libre acceso a los libros para todo el mundo fue una de las primeras tareas que me marqué. Era de cajón”

Durante un año más un mes y un día fue alcaldesa de esta capital, a lo que hay que añadir un año y nueve meses más al frente de la Consejería de Cultura con el primer Gobierno de José María Barreda.

Ella se siente también guadalajareña. De trato cercano, amable y sincera, es también muy ordenada. Le gusta la lectura, y también el cine, pasear y hacer punto. Tiene dos hijos y tres nietos. Uno de sus defectos, la impuntualidad.
Blanca Calvo estudió Filosofía y Letras y, pese a que no tenía muy claro qué quería ser de mayor, optó por seguir los pasos de su madre: ser bibliotecaria. Su progenitora fue precisamente un gran apoyo en la preparación de las oposiciones. A sus 24 años ya era funcionaria del Estado; durante algún tiempo la más joven de España. 

Tres décadas al frente de la Biblioteca Pública de Guadalajara. ¿Qué balance puede hacernos de este periodo?

Profesionalmente es toda una vida. Se han pasado como un vuelo y eso indica que el balance general es muy satisfactorio. Llegué a Guadalajara con escasa experiencia un lluvioso 10 de abril, al destino que había pedido. El primer contacto que había tenido con la lectura pública fue en Mahón (Menorca), mi anterior destino, donde descubrí mi vocación.

Durante algún tiempo fue la bibliotecaria más joven del Cuerpo Facultativo de Bibliotecas de España, siguiendo la profesión de su madre, también bibliotecaria en Valladolid.

Llegue por concurso. Nada más terminar la carrera de Filosofía y Letras me presenté a oposiciones y aprobé a la primera pese, a que en algún examen estaba más floja. No saqué el número 1 como mi madre, pero fue una satisfacción muy grande. A los 24 años ya era funcionara del Estado.

Vallisoletana de nacimiento. ¿Cómo llegó Blanca Calvo a esta tierra también castellana en las que ya ha echado raíces?

La adaptación inicial fue dura, difícil porque venía de Menorca, una isla muy luminosa. Llegué a Guadalajara un día lluvioso y oscuro en plena primavera con 32 años y dos hijos pequeños, uno de ellos de apenas un año. Ahora puedo decir que me siento a gusto, y nunca he querido marcharme.  Es una ciudad ideal para criar hijos y también para quien tiene inquietudes profesionales, ya que está a un tiro de piedra con Madrid. Lo único que le falta a Guadalajara es el mar.

¿Qué recuerdos desea compartir, de los cosechados durante todo este tiempo?

Hay muchos y algunos curiosos. Por decir alguno, recuerdo que cuando la biblioteca estaba todavía en el Palacio del Infantado, yo tenía allí mi residencia, como era habitual en esa época. Llamaron al timbre, eran ferias, contesté a la llamada, pregunté quien era y me dijeron: “el Ministro de Justicia, Ledesma”. Pensé que era una broma, bajé y, efectivamente, estaba en la puerta el ministro de Justicia. Había venido a los toros y quería ver el interior del palacio y me pidió que si se lo podía enseñar, aunque estaba cerrado por ser fiesta. Se lo enseñé y me preguntó: “¿Pertenece usted al glorioso Cuerpo de Archivos y Bibliotecas del Estado?”, le dije que si… Pero hay muchos más recuerdos…
 
¿Cómo es que vivía en el Palacio?

Era la sede de la biblioteca y en los años 70 se estilaba bastante que cuando se hacía una biblioteca nueva se diera con vivienda para el director. También pasaba con otros colectivos. Había bastantes bibliotecas que tenían vivienda, aunque no muchas que fuesen un palacio. Y fue algo que también disfrutaron mis antecesores.
A mí me vino de maravilla porque era una madre joven y pude criar a mis hijos mejor. Estaba más cerca. Estando en política se metían mucho con ello y nunca entendí la razón, porque era algo bastante habitual en esos tiempos.

¿Cómo era la Biblioteca Pública de Guadalajara a su llegada?

Cuando llegué a Guadalajara todas las bibliotecas de la provincia dependían de mí, ahora no. Todo ha cambiado mucho. Recuerdo la de Cogolludo; estaba el señor Jesús, un ordenanza jubilado a quien le gustaban mucho los libros y atendía casi de voluntario ya que lo que le pagaba el Ayuntamiento por llevar la biblioteca era 1.000 pesetas al mes. Ahora contamos con extraordinarios bibliotecarios en los municipios de la provincia.
La biblioteca de Guadalajara que me encontré tenía un escaso espacio, con una zona de almacén de libros y una sala de estudio que sólo tenía mesas. Los libros y los periódicos estaban cerrados en armarios cerrados con llave.  Los ordenanzas los servían a pedido. Había que ir al fichero, mirar el libro que te podía interesar, luego ibas al mostrador, dabas la signatura y te daban el libro.
El horario era mucho más reducido. El préstamo se cerraba a las 6 de la tarde, precisamente casi la hora en que la gente puede empezar a usarlo masivamente. También recuerdo que venía muy poca gente y que la plantilla era escasa.

¿En qué se han convertido hoy las bibliotecas?

Creo que ésta en concreto es un foco cultural de la ciudad, algo que se debe a los cientos de personas que han trabajado en ella durante años. A ello hay que añadir el florecimiento de las bibliotecas públicas en estos años. Los presupuestos han crecido, aunque ahora he de reconocer que la crisis también nos está afectando.

Luego, ¿también se siente la crisis en Cultura?

Evidentemente, en una contención, cuando no rebaja de los presupuestos. Aunque la entiendo especialmente, porque también he tenido responsabilidades al otro lado y sé de lo que hablo. Espero que sea temporal, pero el terreno que se pierde es difícil recuperar.

En cuanto a contenidos, ¿con qué se encontró?

Cuando llegue teníamos un patrimonio antiguo importante que ha crecido poco.  Hay manuscritos, incunables y otros fondos muy valiosos, pero fondo moderno había poco. Tampoco había biblioteca infantil.

¿Fue la creación de un área infantil de lectura y préstamo uno de los primeros objetivos que se marcó?

Si. Hacer una biblioteca infantil que fuera de libre acceso y en la que los niños pudieran tocar los libros todo lo que quisieran fue una de las primeras tareas que me marqué. También ampliar el espacio general de la sala y el libre acceso a los libros para todo el mundo, algo que era de cajón. Ahora sería inconcebible lo contrario.

Y con el tiempo, los préstamos de libros se ampliaron a videos, música…

La biblioteca de Guadalajara fue pionera precisamente en el préstamo de videos.
 
¿Hay algún logro del que Blanca Calvo se sienta especialmente orgullosa?

El trabajo en esta biblioteca siempre ha sido una labor de equipo, además hay una respuesta por parte de la población extraordinariamente buena. Quizá, lo que más me satisface hoy es el grado de identificación que tiene una gran parte de la población con la biblioteca. El reto es conseguir que quien todavía no se ha vinculado con esta biblioteca lo haga. Y también el libro electrónico: no queremos renuncia a incorporar la modernidad en la biblioteca.

No me habla del Maratón de Cuentos siendo, quizá, lo que ha hecho de Guadalajara un lugar conocido en prácticamente todo el mundo. Hay un Guinness conseguido y ahora optamos a otro de 46 horas in-interrumpidas de cuenta cuentos. ¿Cómo surgió la idea y dónde?

Surgió precisamente estando en la alcaldía (1991). Quise que Guadalajara participara en la Feria del Libro de primavera.  Para animar a los libreros a participar les ofrecimos un programa de actividades. El maratón surgió en una reunión de varias personas. Pensamos en una sesión muy larga de cuentos como una de las actividades y se nos ocurrió llamar al Guinness para ver si se podía inscribir. Nos dijeron que para ser un maratón tenía que ser de 24 horas y allí fuimos.  

¿Su responsabilidad política le ayudó a conseguir la presencia de grandes personajes del mundo de la literatura?

Supongo que en cierta medida sí. Desde la alcaldía se tiene más fuerza. El primer año vinieron Buero, Andrés Berlanga., Cela no llegó a venir pero si Ramón de García Sol, José Luis Sampedro…y muchas autoridades de la ciudad, periodistas, abogados… Casi todos con una sonrisa un poco escéptica, porque creo que los de los cuentos les parecía algo infantil, pero finalmente participó gente de todos los estratos y condiciones sociales. 

En general, ¿ve cumplidos sus deseos?

Hay una asignatura que ha quedado algo arrinconada: la organización del fondo antiguo. Siempre interesaba más la modernidad, pero ahora hay un grupo de compañeros que están catalogando el depositó la Sección Femenina de Guadalajara, y es riquísimo y único. Esto es una enorme satisfacción.

¿Algún gran fracaso?

Si, pero no como directora de esta biblioteca sino como bibliotecaria: el canon del préstamo.

¿Alguna asignatura pendiente en el mundo de las bibliotecas?

Insistir en que debería haber sucursales en los barrios. El Ayuntamiento tendrá que planteárselo en serio en algún momento. Es difícil, pero ya es hora. Con la gran extensión que tiene la ciudad es una necesidad.

En esta larga etapa también se habrán producido cambios en los hábitos de lectura.

La lectura antes era mucho más limitada en gustos, ahora en esta biblioteca se lee de todo. Los intereses son muy variados y cada vez más exigentes en calidad. Ha mejorado mucho el hábito. Leer es un vicio que cada vez necesita más alimento.

Y con los años, la biblioteca cambió de sede. Se deja el Palacio del Infantado y se va a otro palacio completamente restaurado, el de Dávalos. ¿Cómo fue ese cambio?

Me hubiera gustado más que todo el Infantado se hubiera convertido en Biblioteca. Luchamos mucho, pero no fue posible. Sufrimos cuando tuvimos que decir “adiós” al Palacio.

EL DATO:

La Biblioteca de Guadalajara se sitúa en cabeza de asociacionismo de la región con más de 25.400 socios. Seguida de Toledo con 24.600, Cuenca, 17.018, Albacete 16.700 y Ciudad Real 16051.