Cinco razones para entender el ‘tarifazo’ de la luz

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Foto: elcorreo.com

1. SISTEMA VICIADO. El recibo de la luz tiene tres partes: los impuestos, los peajes (el coste de trasladar la electricidad desde el centro de producción hasta los hogares) y el coste de producción de la energía. Las dos primeras dependen íntegramente del Gobierno, conforman el tramo regulado y suponen el 60% del recibo. La segunda se dirime en el ámbito del mercado, en concreto, a través de una subasta trimestral denominada Cesur (Contratos de Energía para el Suministro de Último Recurso), y aglutina el 40% de la cantidad que el usuario paga a su compañía eléctrica cada mes. El objetivo de estas subastas era estabilizar el precio y, además, conseguir que la competencia entre empresas rebajara el coste. Ni una cosa ni la otra. El sistema se ha revelado fallido. El precio de la luz está sujeto a una montaña rusa casi permanente y la liberalización se ha quedado en un intento vano. Las grandes eléctricas operan con ventaja, comprándose y vendiéndose energía a sí mismas, y además lo hacen espoleadas por los intereses de los bancos, que son los que de verdad animan estas subastas.

2. CAOS REGULATORIO. La subida récord que ayer experimentó la luz (alrededor del 10%) después de la subasta trimestral se suma al 2% que ya anunció el ministro Soria que iba a subir la parte regulada del recibo (el peaje representa cerca del 50% de la tarifa total). Resultado: si Industria y la Comisión Nacional de la Competencia no lo remedian, los consumidores pueden enfrentarse a un aumento del recibo de la luz cercano al 11,5% a comienzos de 2014. La escalada de los precios no es una novedad. El mercado lleva convulsionado dos semanas, justo desde que se supo que el Gobierno no iba a cubrir el déficit de tarifa de 2013. Hacienda rechazó, a través de una enmienda en el Senado a la reforma eléctrica, aportar 3.600 millones de euros para taponar el déficit de este año. Fue la estocada a una reforma energética ya de por sí coja y una patada de Montoro a Soria que ha disparado la incertidumbre y ha descolocado (aún más) a todo el sector. Al Gobierno se le debe haber desbocado la previsión del déficit público, y de ahí que el ministro de Hacienda detrajera 3.600 millones que el propio gobierno había comprometido a las eléctricas. El disparate ha sido un mazazo para las compañías, que están que se suben por las paredes. Los analistas llevaban días advirtiendo de una explosión de los precios que pondrá en jaque al usuario doméstico, pero también a la industria. Elevar los costes energéticos hoy es una garantía de desempleo para mañana.

3. DÉFICIT DE TARIFA. El déficit de tarifa (el desfase entre los costes y los ingresos del sistema que reclaman las grandes eléctricas, cerca de 27.000 millones de euros) es la piedra de toque que explica por qué los españoles pagan una de las facturas de la luz más elevadas de la UE. En realidad, no existe. Es un apunte contable que las cinco grandes compañías (Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa, E.ON España y HC) exigen al Gobierno de Rajoy como antes se lo exigieron al de Zapatero. Y ambos, por cierto, se comprometieron a taponarlo. Ninguno de los dos lo ha hecho, pero ahora la paciencia se agota porque Soria había cerrado el trato con estas firmas. La realidad es que Iberdrola obtuvo unos beneficios por encima de los 2.000 millones de euros en 2012 y Endesa rebasó los 1.100 millones. Ojo: ganancias. De hecho, Endesa va a volver a repartir dividendo entre sus accionistas al cierre de este ejercicio.

4. OLIGOPOLIO FRENTE A MERCADO LIBRO O EMPRESA PÚBLICA. La situación de privilegio de las grandes eléctricas convierte en oligopolio lo que estaba llamado a ser un mercado libre. No todas las compañías generadoras y suministradoras de energía compiten en igualdad de condiciones. Y el Gobierno lo regula para que eso ocurra. En su libro Piratas de lo público, Antón Losada recuerda que el entonces ministro de Industria, Josep Piqué, anunció a finales de los noventa que la luz bajaría un 21% tras liberalizar parcialmente el sector. Desde entonces, ha subido un 70%. En las subastas, el Gobierno determina la cantidad de energía que se va a necesitar. El subastador lanza un precio de Mwh y, partir de ahí, las empresas compiten hasta que una de las ofertas consigue igualar oferta y demanda. El organismo regulador encargado de verificar que el proceso se ha realizado sin violar la competencia es la Comisión Nacional de la Energía. El precio final de la subasta de ayer fue de 61,83 euros por Mwh, un 26% superior al de la última subasta de septiembre de 2013. Que Industria diga ahora que va a investigar si las empresas han pactado precios es un insulto a la inteligencia y, además, deja la puerta abierta a si lo han podido hacer con anterioridad ante la dejación del regulador. Por otro lado, si el Gobierno decide ahora apostar por la transparencia y el ahorro, ¿por qué es partidario de liberalizar un servicio público esencial para el ciudadano? Quizá sería más coherente nacionalizar o, al menos, articular un mercado verdaderamente libre de privilegios.

5. ELIMINACIÓN DE LAS RENOVABLES. No es verdad que las renovables contribuyan a aumentar el recibo de la luz. Las energías renovables generaron un ahorro al sistema eléctrico de más de 32.500 millones de euros en el periodo 2005-2012, según datos de APPA, la patronal de los productores, basados en datos oficiales. Si no fuera por las fuentes limpias, el recibo de la luz sería aún más caro. Eso por no hablar de la aportación en materia de empleo, industria, innovación y exportaciones. En 2008, según las grandes compañías, el déficit de tarifa aumentó 8.000 millones. Ese año las primas a las renovables apenas alcanzaron los 2.000 millones, ergo hay que buscar más explicaciones. El sector renovable está siendo laminado por la reforma energética del Gobierno, que redistribuye el mix energético rebajando la aportación de este tipo de fuentes. La incertidumbre prima en un marco regulatorio caótico que incluso llega a imponer sanciones a inversores de fotovoltaica con carácter retroactivo. El despropósito tiene al sector en llamas. El objetivo de la UE de aportar el 20% del mix energético con renovables en 2020 queda ya muy lejos. Relegada la energía nuclear por las propias eléctricas, conocedoras de lo mucho que cuesta amortizar las inversiones atómicas, el Gobierno socialista fue incapaz de establecer un modelo energético sólido. Primó las renovables (incluidas a las propias grandes eléctricas) al rebufo del calor de los pingües ingresos del Estado. A cambio, promovió una industria puntera que ha servido para reducir el impacto ambiental de la producción energética, generar innovación, multiplicar las exportaciones y aportar un valor añadido a la imagen global del país. Todo eso empieza a esfumarse.

PD.: La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha notificado al Ministerio de Industria a las 4 de la madrugada (la hora no es baladí, da una idea de la improvisación del Gobierno) que invalidaba la subasta eléctrica del 19 de diciembre, que iba a provocar una subida de la luz superior al 11% a partir de enero de 2014. Industria sospecha de un pacto de precios entre las eléctricas. A buenas horas. La decisión es una prueba más del galimatías regulatorio en el que permanece varado el sector eléctrico en España, la incertidumbre jurídica y la falta de decisión de un ministro que, como bien titula hoy El Mundo en portada, huye hacia adelante. La decisión de la CNMC no cambia el análisis de fondo. La necesidad de establecer un modelo energético estable sigue siendo imperiosa, lo que incluye la combinación de todas las fuentes y la estabilización de los precios. España tiene excedente de producción eléctrica. El Gobierno no solo debe actuar de urgencia. Debe gobernar, y eso pasa por garantizar a los ciudadanos el acceso a una necesidad básica como es la luz.