Comer en Trillo: Carne a la brasa en Casa David

Se llama Casa David, aunque todo el mundo lo conoce como el bar de “Los Sopapos”, por su nombre anterior. En todo caso, la denominación actual tiene, como todo lo que hace Rafa, su toque sentimental. David se llamaba su padre. Y él fue el primero que, antes de que llegase a Trillo la nuclear, decidió abrir un restaurante en el antiguo lavadero del pueblo, frente a las cascadas del Cifuentes. “Cuando fue a Guadalajara a dar de alta el Mesón en el año 1972, le dijeron que si estaba loco. Que aquello era poco menos que tirar el dinero. Pero él lo hizo funcionar. Le encantaba la parrilla. Pescaba cangrejos en el río para luego cocinarlos… Aprendí mucho de él. Era un luchador”, explica. Murió un poco antes de que su hijo cambiara el rótulo. Así que, en realidad, el sitio se llama Casa David Batanero.

Hecho el paréntesis, volvamos a la materia que nos ocupa. El lugar es particularísimo. Fue antiguo molino y aún antes, la fábrica de paños de Trillo. Por una orilla del local corre una canal de agua poderosa y siempre bien surtida, otrora generadora de fuerza para lo que fuera. El interior del chiringuito está maravillosamente encalado. Tiene una mezcla exacta de ambiente rústico con historia, que también alimenta. Nada más poner las posaderas en una de las mesas de madera se adivina que entre sus paredes hubo siempre actividad febril, de noche y de día, como ahora. Guarda maravillosamente el fresco, también a mediodía. Pero lo mejor de todo es que la cocina, a la vista de todo el mundo, resume la forma de hacer en Trillo.

Rafa se aprovisiona de todos los perecederos que puede en el pueblo. “El cordero, la ternera y el cabrito los compramos en Trillo y en Cifuentes. El cerdo nos lo traen de Atienza, que también está en la provincia. Tiramos de huerta paisana hasta donde podemos. No hay otra mejor”, explica Rafa. Con esta materia prima el restaurante sólo puede cocinar al estilo de Trillo. “Antes, en las cuevas, ahora peñas, los trillanos asábamos las chuletas sobre las ascuas de una gavilla de sarmientos. Esto mismo, aplicado a la hostelería, es lo que yo hago en mi casa”, prosigue el cocinero.  La especialidad del local son los somarros de cerdo a la brasa, aderezados con esa salsa tan particular de Casa David, y las tejas de verdura. “Preparamos la comida y atendemos al público como si el que entra en los Sopapos lo hiciera en una cueva de Trillo. Abrimos rápidamente hueco para el recién llegado y servimos la comida en una fuente común. Es parte del encanto del bar”, dice Rafa.

Las raciones son siempre generosas, “porque en Trillo somos de comer bien”, prosigue, “y no son caras, que estamos en crisis”, añade. El local abre sólo seis meses, desde Semana Santa hasta después de la fiesta de la Virgen del Campo en septiembre. Y aunque en el mes de abril o mayo las noches son frías todavía para comer o cenar al aire, el público, que es muy fiel a su chiringuito, se acerca y se sienta incluso en la parte descubierta del patio. “Ponemos braseritos debajo de las mesas”, indica Arancha Sánchez, la mujer de Rafa.

Cada año Casa David renueva en algo su carta. En 2011 introdujo unos deliciosos pimientos rellenos de bacalao y una sorpresa de piruleta que se descubría al comerla. Estaba rellena de langostinos con arroz y se presentaba en plato con mermelada de tomate. Eso sí, todo es siempre cocina casera.

Naturalmente, el postre lo hemos dejado para el final. “Cuando empezamos en 2001, sólo vendíamos helados.  La carta de dulces ha crecido con el negocio. Primero fueron flanes, luego tarta, después más tartas y ahora repostería de todo tipo que actualizamos periódicamente”, termina Arancha.

El secreto del éxito de Casa David es el conjunto. “La armonía del sitio, el sentarte como si estuvieras en casa, la forma natural con la que te reciben los camareros. Queremos que la sensación sea la misma que cuando  estas comiendo en la cueva con tu gente y se presentan tres amigos más. Hacemos lo que todo el mundo haría cuando llegan invitados a su casa”, termina Rafa. El agua que corre camino del Tajo le da un toque muy especial a la sobremesa.