Con María Narro, novelista

María Narro, pseudónimo literario de María del Carmen García, nació en Aranzueque, pueblo a orillas del Tajuña de esta provincia. Fue profesora particular de Inglés, auxiliar administrativo y ama de casa, hasta que se centró en la actividad literaria, empezando por fundar la revista Hablemos de todo y escribir relatos y poesías con una marcada vocación.

María Narro, pseudónimo literario de María del Carmen García, nació en Aranzueque, pueblo a orillas del Tajuña de esta provincia. Fue profesora particular de Inglés, auxiliar administrativo y ama de casa, hasta que se centró en la actividad literaria, empezando por fundar la revista Hablemos de todo y escribir relatos y poesías con una marcada vocación.

En el año 2000 se conecta por primera vez a internet y ahí empieza su carrera por querer saber y por difundir lo que ella sabe. Se apunta a los talleres literarios. Su participación en los foros literarios se hace casi asidua durante cinco años.
Su primer libro fue, Fotos de un Adiós, editado en 2006. El segundo y tercero son los poemarios Por la puerta de atrás y Trece Lunas. También ha participado en los libros colectivos de relatos Tiempo de Recreo (2008) y Dejad que os cuente algo (2009) y Recreaciones del viento (poesía).
Y este cuarto libro, la novela Las palabras del viento, sobre el que ahora tengo el gusto de dialogar con su autora. María Narro también ha escrito muchos relatos, como Verdades sumergidas, y ganado algunos concursos de prosa y poesía a nivel provincial y siendo reconocida como “Popular de Nueva Alcarria” 2006 en cultura, por la aparición de su libro Fotos de un adiós.
Desde muy niña le aparecieron los síntomas de una enfermedad degenerativa a consecuencia de la cual usa silla de ruedas desde hace 22 años contra la que lucha con un admirable tesón. María es una mujer de una hermosura densa y expansiva y de una vitalidad contagiosa, y basta leer sus intervenciones en las redes sociales, como Facebook, para reconocer que por su ingenio y facilidad verbal me encuentro ante una escritora vocacional
—Hola María, ya me conoces como tu presentador en la Fundación Siglo Futuro ¿Qué ha significado para ti esta asociación?
Hola, Paco, me alegro de volver a encontrarme contigo. Tú sabes que Juan Garrido fue la primera persona que creyó en mí, y la Fundación ha estado ayudándome a presentar mis dos novelas, y patrocinó la primera. Eso no se olvida.
—¿Ha cambiado tu vida después de escribir Las palabras del viento?
Sí, por supuesto. En mí ha nacido un amor por Sigüenza, Pelegrina y la Cabrera. Fíjate si será tanta la ilusión por volver allí, que el pasado verano cuando fui, me puse a aplaudir cuando divisé Sigüenza desde la carretera.
Y en los lectores también ha habido un cambio de percepción, porque han descubierto que, aun padeciendo esta enfermedad, puedo valerme y ser una activa lectora y hasta una presentable escritora. Es cierto, mucha gente me mira con otra cara, y lo sé porque al no oír bien, tengo muy agudizado el sentido de la observación.
—Déjame que yo hable por ti: escritora no sólo presentable sino recomendable. No olvido que tienes a tus espaldas cuatro libros entre prosa y verso. Y yendo al tema de tu última novela, te oí comentar que a la gente de Guadalajara no le gusta hablar sobre la guerra civil española.
A algunas personas, sobre todo a las de mayor edad. Y quizá porque al hallarnos al lado de Madrid, Guadalajara, fue una zona excesivamente castigada durante la guerra y a la gente mayor no le gusta recordar.
Pero las generaciones cambian, y nosotros y otros mucho más jóvenes queremos saber lo que en realidad pasó, nos apasiona el tema.
Algunos de nuestros abuelos dicen ¿para qué recordar…? Pues para saber, para aprender y para honrar a tantos miles de victimas que murieron por nada.
—Me interesó mucho tu primera novela autobiográfica Fotos de un adiós. Creo que es un relato espléndido y aleccionador ¿Vas a reeditarlo?
Sí, porque la editorial que lo publicó hizo una escasa distribución del libro, que no salió de Guadalajara. Ni siquiera se pudo encargar desde cualquier librería pues les decían que el libro no existía. Pero la razón principal es que con este libro sé que puedo ayudar a mucha gente. Es “mi tema”, la experiencia ha de servir para algo. Y ahora estoy más curtida que hace diez años, cuando lo escribí.
—Aunque no te consideres una mujer enferma, tienes una enfermedad grave… ¿de dónde sacas la fuerza para vivir con naturalidad?
De comer espinacas como Popeye (se ríe)… En serio, la fuerza o ganas de seguir, yo la saco de una estabilidad emocional, de mi familia, de mi perro, de todas las cosas buenas que me rodean, y de poder hacer lo que me gusta. También tiene que ver mucho mi forma de ser: procuro no detenerme saboreando los malos rollos y lo que duele. El optimismo se trabaja y ayuda a vivir.
— Hay mucha desenvoltura técnica en tu obra, para ser una primera novela. ¿Reconoces influencias de otras obras y autores en tu formación como escritora?
Es mi segunda novela, pero he escrito mucho y leído más y se nota. También me gusta mucho el cine y también se nota. E influencias también las hay…. la de Josefina Aldecoa —mi gran maestra—, algún guiño propio de Paul Auster —como el de meter a la autora dentro de la historia— y mi admiración aplastante por Lorca “al robarle” su Bernarda Alba..
—¿Cuál es tu disciplina de trabajo? Escribes regularmente ¿por la mañana, por la tarde, o cuando se te ocurre? ¿depende de tu estado de ánimo el tomar la pluma? ¿te cuesta vencer la resistencia terrible del folio en blanco?
Disciplina ninguna, me tomo vacaciones cuando quiero. No, venga, en serio. Ten en cuenta que esto para mí no es un trabajo con horarios, plazos… aunque cuando lo tengo que hacer lo hago. Pero normalmente sólo escribo cuando tengo algo que decir, lo malo es que siempre tengo algo que decir. El miedo al folio en blanco no existe en mí, pero tengo que hacer demasiad as cosas aparte de escribir y no puedo llevar ninguna disciplina, en esto no.
 —¿Inspiración o transpiración? ¿crees en las musas?
Transpiración, aquí no hay musa que valga. Para ser escritor reconocido, hay que sudar la camiseta
—¿Qué debes a Internet?
Como escritora, todo. Soy autodidacta. y me resulta utilísimo. Internet puede ser un escaparate de cultura o de idioteces varias. Tú eliges, y yo elegí aprender  Luego estuve muchos años en foros literarios y sigues aprendiendo. Hasta cuando me enfado en público sigo aprendiendo. Como ser humano también le debo mucho a este aparato que hace radiografías del alma. No hay barreras y he hecho grandes amigos que me han librado de muchos ratos de soledad.
—¿Qué estás tramando escribir ahora?
Demasiadas cosas. El 19 y 21 de diciembre hago una firma de libros en el rastrillo de la asociación de Esclerosis Múltiple, que será en el Polideportivo San José. Estoy haciendo una antología de mis poemas, de relatos, llevo tiempo trabajando en la escritura de otra novela y —como te dije— voy a intentar reeditar Fotos de un adiós… En plan Bernarda te lo digo: “es pa revolvérmese loca del tó”.
Con esta vivacidad ha respondido María a mis preguntas y aunque permanece invariablemente sentada, lanza una mirada cálida, directa y con una fuerza que llega a rozarte y, si se dan mal las cosas, puede tirarte de espaldas. La chica no se siente ni impedida ni postergada. Al contrario, lee, escribe y bromea. Por eso no se enfada cuando yo la llamo “mi escritora sobre ruedas” como un pronóstico de éxito, porque sobre ruedas va ella y también su literatura.

Por Francisco García Marquina