Descubierto en Guadalajara un reptil marino del Triásico

Hace unos 235 millones de años, la Tierra no era como la conocemos actualmente. Nuestro planeta tenía otra configuración continental. Y también oceánica. De hecho, una parte de la actual Península Ibérica estaba cubierta por el mar de Tetis. El contexto geográfico era complemente diferente. En consecuencia, la estructuración de la vida animal y vegetal también presentaba divergencias respecto a la presente. Se trataba de otra realidad.

“Durante el Triásico Superior, el margen occidental de Tetis cubría parte del territorio peninsular. En concreto, se extendía más o menos en la mitad Este de dicho espacio”, explica Carlos de Miguel, un paleontólogo vinculado a la UNED. “Es en dichos emplazamientos donde se han encontrado los distintos yacimientos de reptiles marinos, entre los están Guadalajara, Cuenca, Albacete, Aragón, Cataluña…”, añade.

Por ello, no es extraño que se haya hecho un descubrimiento de primer orden en nuestra provincia. Más concretamente, en El Atance. Allí, investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED han descrito el primer cráneo de un nuevo placodonto, que formaba parte de un “grupo de reptiles marinos con caparazón”, confirman los especialistas. Este trabajo ha sido publicado en la revista académica Papers in Paleontology. En el artículo se han definido el nuevo género y especie a los que pertenece el mencionado ser vivo triásico.

“Hace unos 235 millones de años, mientras los primeros dinosaurios comenzaban a ocupar la tierra firme del supercontinente Pangea, numerosos grupos de reptiles acuáticos ya habitaban las cosas del mar de Tetis, en el área que actualmente ocupa el pantano de El Atance”, explican los especialistas de la UNED. “Uno de estos grupos era el de los placodontos, un linaje extinto entre los que existían ejemplares con caparazones”, añaden.

– Por ello, ¿se constituían como ancestros lejanos de las tortugas? –propone el periodista.

– Es cierto que podían recordar lejanamente a estos animales –responden los paleontólogos–.

Sin embargo, no eran tortugas ni estaban cercanamente emparentados con ellas.
Entonces, ¿cómo se podría describir a este ser vivo? “Era peculiar, porque además de contar con el mencionado caparazón, tenía un tipo de dentición muy especializada, que se asemejaba a los cantos rodados”, explica Carlos de Miguel. “Este diseño dentario les era útil para alimentarse de animales con concha, entre los que se encontraban moluscos o crustáceos”, incide. Y, como curiosidad, el emplazamiento del yacimiento del hallazgo –El Atance–, ha inspirado el nombre del nuevo placodonto, denominado Parahenodus atancensis. “No se trataba de un dinosaurio”, subraya Francisco Ortega, profesor de la UNED.

La importancia del resultado
La relevancia del mencionado descubrimiento es muy elevada. Y lo es por diferentes razones. En primer lugar, por la escasez de este tipo de hallazgos en latitudes como la nuestra. “A pesar de que existe una razonable colección de restos de placodontos recogidos en Europa, el registro de este grupo en Península era escaso y poco informativo”, indican los especialistas.

Pero, además, el descubrimiento ha otorgado datos relevantes sobre las transformaciones de este grupo de reptiles. “El análisis del ejemplar encontrado en Guadalajara permite considerarlo estrechamente emparentado con el placodonto Henodus chelyops, del Triásico Superior de Alemania”, explican los investigadores. “El cráneo del Parahenodus atancensis presenta numerosos caracteres intermedios entre el ejemplo alemán y los de otros casos menos evolucionados de la misma especie. Esto facilita observar cómo fue el proceso de especialización del Henodus chelyops y permite hacer una propuesta sobre las relaciones de parentesco entre los diferentes placodontos”, añaden.

“El Parahenodus atancensis comparte caracteres con el Henodus chelyops, pero también conserva algunas condiciones primitivas”, explican los paleontólogos en su artículo académico.

En consecuencia, el ejemplar descubierto en El Atance es fundamental para conseguir una mejor comprensión de los cambios en la fauna del Triásico Superior.

“La descripción de la nueva forma nos permite proponer un diagnóstico enmendado para el Henodus chelyops”, explican. “Éste se trataba de un grupo poco conocido. No se sabía cómo había sido la historia evolutiva del placodonto alemán”, explica Carlos de Miguel. “Y el descubrimiento de Guadalajara nos ha arrojado un poco de luz sobre este proceso”, añade.

Una labor extensa
Pero, ¿cómo se ha conseguido llegar hasta este descubrimiento? Ha sido un esfuerzo prolongado. “El hallazgo ha formado parte de la tesis doctoral de Carlos de Miguel, de la que somos directores Adán Pérez-García y yo”, confirma Francisco Ortega. Pero las labores sobre el terreno cuentan con una década de existencia. Fue en 2008 cuando se realizó la primera campaña en el lugar, mientras que la segunda prospección tuvo lugar hace tres años. “Es cuando recuperamos el cráneo del placodonto”, explica Adán Pérez-García, también de la UNED.

“Previamente, tuvimos la sorpresa de hallar varios esqueletos de otra especie de reptil marino, diferente al que hemos descrito ahora. Y como producto secundario de la extracción y la preparación de los mencionados materiales, en uno de los bloques apareció un cráneo parcial.

Cuando lo comenzamos a estudiar, vimos que se trataba de una especie de placodonto que no había sido reconocida en la Península Ibérica”, complementa Francisco Ortega.

– Y, en este sentido, ¿cómo consiguieron averiguar la existencia del yacimiento de El Atance? –pregunta el cronista.

– Se conocían varios afloramientos en la zona. Había indicios de material fragmentario de vértebras y costillas. Se tiene registro de ello desde hace más de un siglo –relatan los especialistas–. Pero fue un colaborador habitual de nuestro equipo quien nos comentó que había observado una serie de restos que parecían alineados y que salían de un pequeño corte existente en un lateral del embalse. Y nos acercamos a ver…

Una vez allí, y tras un análisis inicial, percibieron que el lugar contaba con un gran potencial. “Nos esperanzó ver que los mencionados restos eran –en realidad– las puntitas de unas costillas fosilizadas”, explican los paleontólogos. Pero cuando comenzaron a trabajar en la zona, los resultados fueron todavía mejores. “Nos dimos cuenta que alrededor del primer ejemplar encontrado, se distinguían más muestras de fauna. La sorpresa fue mayúscula”, rememoran. “Nos llamó la atención que en un solo lugar hubiera tanto material agrupado”, inciden.

– Y, desde su punto de vista, ¿por qué se pudo producir esta aglomeración de fósiles? –demanda el reportero.

– El hecho de que un yacimiento aparezca en un lugar concreto es resultado de una concatenación de casualidades geológicas –explica Francisco Ortega, de la UNED–. En El Atance, algo acumuló los cadáveres de un grupo de reptiles marinos en una zona cercana a la costa. No sabemos si todos a la vez o en distintas fases. En cualquier caso, fueron sepultados de manera rápida, ya que nada pudo alterarlos. Y gracias a ello, pasaron a convertirse en roca, la cual no ha sido destruida durante la historia geológica. ¡Y eso que han pasado 235 millones de años!

Pero si la génesis del yacimiento ha sido importante, también se deben destacar las circunstancias que han facilitado su excavación. “El embalse de El Atance ha permitido poner en superficie estos restos”, describen los especialistas. “Se han dado todas las condiciones propicias para su conservación y, además, hemos tenido la gran suerte de encontrar estos materiales”, confirman.

La continuación del esfuerzo
Así, y debido a la riqueza del lugar, los científicos no descartan seguir trabajando en el entorno. “La zona nos sigue interesando. Sabemos muy poquito de esta fauna en la Península Ibérica y el mencionado yacimiento es especialmente importante”, confirma Francisco Ortega. En este sentido, los especialistas señalan que –hasta ahora– sólo habían recuperado esqueletos completos relativos a un mismo tipo de animal. “Pero la presencia de una segunda especie [el placodonto], del que hemos encontrado un cráneo, nos indica que tenemos que regresar a El Atance para continuar investigando”, confirman.

Por tanto, las labores que están realizando en el lugar revisten de una gran relevancia. Pero, ¿qué medios económicos les han sido otorgados para poder desarrollarlas? Los especialistas han disfrutado de dos alternativas. Por un lado, un contrato predoctoral para Carlos de Miguel, que se ha prolongado durante la realización de su tesis. “Y, además, también hemos podido trabajar sobre el terreno gracias a los fondos de diferentes proyectos. Entre ellos, uno de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha”, explica Adán Pérez-García.

De cualquier forma, las investigaciones –y la financiación– han de continuar. Ésta es la única forma de conocer bien nuestro pasado. Comprender los cambios que ha sufrido el planeta nos permite conocer mejor nuestro entorno. En definitiva, se trata de aprender de los acontecimientos pretéritos para solucionar los problemas actuales y futuros. Y, así, poder enmendar al político francés Camille Sée cuando dijo aquello de:

«Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan»

Bibliografía
De Miguel Chaves, Carlos; Ortega, Francisco; Pérez-García, Adán, “A new placodont from the upper Triassic of Spain provides new insights on the acquisition of the specialized skull of Henodontidae”, Papers in Paleontology, 2018, pp. 1–10.

 

Julio Martínez

Historiador y periodista, especialista en comunicación ambiental y en Masonería mexicana. El reporterismo es mi vocación. Ahora informando desde Guadalajara. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 1867).