Desigualdad

Ahora que García Márquez acaba de cumplir 86 años, conviene volver a su prosa imperecedera: “creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata”.

Este viernes se celebra el llamado Día Internacional de la Mujer. La presidenta de Castilla-La Mancha, antes de caer hoy por Guadalajara, quiso celebrarlo la víspera y se fue a Madrid (perdón, quiero decir, se quedó en Madrid) y organizó una reunión con decenas de dirigentes mujeres del Partido Popular. Leemos en teletipos que Cospedal rechazó las cuotas en la política, criticó los horarios laborales en España por considerarlos “masculinos” y defendió que ella “no quiere ser un hombre ni que se la juzgue como a un hombre”, sino por sus capacidades. También dijo que “cualquier política que trabaje por que las mujeres puedan encontrar un puesto de trabajo es la mejor política de igualdad”. Toma, claro. Cualquier política y cualquier político.

Entre reflexión y reflexión, la número dos del partido que sustenta la acción del Gobierno -poca broma, pues- se explayó en anécdotas. Por ejemplo, contó que una amiga suya, concejal de Albacete, le había confesado hace un tiempo que su marido le había dicho, con motivo del día de la mujer trabajadora: “te voy a sacar la basura”. Cospedal remachó: “Esto de conciliar siempre nos toca a nosotras. Los hombres concilian la vida laboral y su vida personal. Trabajan y luego se pueden ir a echar la partida, la cerveza, jugar al tenis o ver el fútbol”.

Lo primero: cabe preguntarse con qué clase de hombres se relaciona la presidenta de esta región, pero esa es una cuestión consabida porque el hombre al que suponemos más cercano a ella, su marido, es un tipo bien conocido por la opinión pública. O, al menos, por la opinión pública que quiere enterarse de qué va la vaina.

Lo segundo: quizá es necesario, como casi siempre en política, pasar de las palabras a los hechos. Más allá de la crítica recurrente al sistema de cuotas sin recordar que la tasa de paro femenina es casi dos puntos superior a la masculina, que las mujeres ganan 5.744 euros menos al año que los hombres por trabajos iguales (según informe reciente de UGT basado en datos del INE), y que la crisis ha fulminado a la mitad las mujeres directivas en España (en 2008 había un 19,5% y ahora solo son un 10,3%), más allá de todos esos detalles irrelevantes, lo más conveniente es volver la mirada hacia lo que ella ha hecho por las mujeres desde que en mayo de 2011 se convirtió en la primera presidenta de Castilla-La Mancha.

La estampa de peineta y sacristía no hacía barruntar nada bueno. Ese atuendo negruzco, esa devoción enlutada, ya fuera en el Vaticano o en el Corpus toledano, alentaba unas sospechas que los datos han confirmado en toda su crudeza. Esta región es la que más empleo destruyó en 2012. Por tanto, es fácil imaginar el destrozo que esa realidad ha provocado entre la población femenina. Pero hay algo más, y tal vez peor.

Sin hacer ningún distingo, sin mediar discriminación alguna desde la sensibilidad, Cospedal añadió al saco de sus ajustes aquellos instrumentos que habían empezado a cuajar las políticas de igualdad, un término proscrito por la liturgia sacrosanta. Nada más llegar al gobierno, en 2011, recortó un 41% el presupuesto del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha. Esta decisión puso en peligro los 85 centros de la mujer y las 13 casas de acogida para víctimas de violencia, que atendían a más de 100.000 mujeres al año en la región. Muchos de estos espacios han tenido que cerrar. La Administración alega falta de dinero, pero al mismo tiempo destina más de 40 millones de euros a la televisión regional.

En diciembre de 2011, la Junta canceló los convenios con las casas de acogida a maltratadas y despidió a decenas de sus trabajadores. El Gobierno de esta tierra descartó de sus prioridades la lacra de la violencia machista. Prefirió recalcar el coste de las casas de acogida: 15 millones de euros, una cifra insignificante teniendo en cuenta que los Presupuestos regionales sobrepasan los 8.000 millones.

El año pasado, Cospedal clausuró cuatro centros de la mujer: dos en Toledo, uno en Ciudad Real y otro en Albacete. Las organizaciones feministas volvieron a denunciar un hachazo del 40% en esta partida. En 2012, el gasto social en este capítulo apenas alcanzó los 10 millones de euros. Dos años antes, fue de 25,5 millones. En 2013, la merma ha sido del 10%. Comisiones Obreras denunció en enero pasado la supresión de 16 empleos en el Instituto de la Mujer, según recogía la modificación en la relación de puestos de trabajo que publicó el Diario Oficial de la región.

Con este panorama, cualquiera puede hacerse una idea del concepto de igualdad que maneja Cospedal. No es extraño, por tanto, que recurra al fútbol y la chirigota para intentar perpetuar imágenes que cualquier persona sensata de este país -hombre o mujer- considera abolidas.

Qué fácil le hubiera resultado al gran Gabo despejar su duda sobre quien de “las dos cosas será la menos sensata”. Qué fácil y qué injusto porque, afortunadamente, la mujer española del siglo XXI se parece poco o nada a Cospedal. O eso creemos muchos hombres.