Diecisiete años de Pasión trillana

La Semana Santa siempre tuvo un significado especial entre el pueblo por la devoción, fervor y recogimiento con el que se ha vivido tradicionalmente. Quizá por ello germinó también la inquietud de un grupo de vecinos fertilizada por el abono sabio de Santiago Jiménez, o Don Santiago, como le conoce aquí todo el mundo, párroco local y autor de los textos del Vía Crucis, tomando como referencia, claro está, el texto evangélico.
Poco a poco, la semilla se convirtió en fruto gracias a la colaboración de todos, según cuenta Juan Alberto Moreno, o más bien habría que decir Poncio Pilatos, en la representación. Con los ánimos calientes los trillanos comenzaron a ensayar con los textos de la última cena elaborados por Miguel Ángel y Eloy, miembros de la Peña el Royo. Compraron telas con las que las hicieron artesanalmente los vestidos que todavía hoy lucen. “Las sandalias nos las arregló el zapatero de Trillo”, detalla agradecido Juan Alberto.
“Comenzamos preparando con toda ilusión la Santa Cena, que ayudada por el entorno de la Iglesia donde se representó y acompañada por la música, fue un gran éxito. Empujados por él, al año siguiente decidimos solemnizar la fiesta de Domingo de Ramos”, explica Don Santiago. Desde entonces se bendicen las palmas y los ramos en la ermita de San Roque. Allí salen los fieles en procesión con dirección a la Iglesia parroquial para participar en la Misa, en la que los que hacen de apóstoles se colocan en torno al altar, leyendo cada uno la parte de la pasión que le corresponde. Los primeros años, Ernesto Lorenzo, que hace de Jesús, montaba en una burra  prestada por el señor Eugenio de Morillejo.
Igualmente, el buen sabor de boca que dejó el segundo año y la solemnidad del Domingo de Ramos, hizo que los trillanos se atrevieran a dar un paso más y a preparar la representación de los juicios contra Jesús, terminado el siguiente año con el Vía Crucis, que es sin duda alguna lo que más llega a todos los que asisten a los actos de la Semana Santa.

La Semana Santa trillana
Según explica el párroco local, el desarrollo de la Semana Santa es el siguiente: “Comenzamos el Domingo de Ramos con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Continuamos el Jueves Santo con la celebración de la Misa en la que Jesucristo instituye la Eucaristía y el Sacerdocio. Las celebraciones del Viernes Santo comienzan a las once de la mañana con la representación de los juicios contra Jesús, seguidas del Vía Crucis”.
Cuando comenzó la del Vía Crucis, la representación de la Santa Cena apoyada en largos monólogos perdió atractivo, “por lo que decidimos tomar lo esencial e incorporarlo a la Misa del Jueves Santo, dándole con ello a esta última un mayor realce”, añade Jiménez. En esta Misa los apóstoles se colocan en torno al altar, participan en las lecturas, se lavan los pies, sirven al altar y terminada la Misa, unos portan el palio, otros los ciriales, otro el incensario, acompañando al celebrante que lleva el Santísimo Sacramento para dejarlo en el monumento, donde queda hasta la celebración de los Oficios del Viernes Santo.
El Viernes Santo, una vez terminada la representación de los juicios contra Jesús, comienza el Vía Crucis en el que resaltan los diálogos y el mensaje que deja cada estación. En la primera, declama Juan Alberto (Poncio Pilatos). Allí echa en cara a los Sumos Sacerdotes la corrupción que ha sembrado en el pueblo para que pidan la pena de muerte para Jesús. Terminada esta estación se emprende el camino hasta el calvario donde Jesús es crucificado.
Cada estación es un diálogo entre Jesús y el participante correspondiente, excepto la duodécima estación, en la que hay un monólogo. Quienes participan opinan en común que la estación que más impresiona al público es la novena. Hay lágrimas en muchos momentos del Vía Crucis, pero en este especialmente. Ernesto, caracterizado como  Jesús, tiene entonces que darlo todo. “A mí me gustan más otros momentos, como el encuentro con María, con María Magdalena o con las hijas de Jerusalén. La novena la sufro mucho. Cuando más seguro estoy es al llegar al Monte Calvario”, dice el trillano, que se ha convertido, casi sin querer, en un estudioso del tema. “Cada año veo la película del anterior, compruebo dónde he fallado y trato de mejorar”.
Si los participantes dicen que la estación que más impresiona es la novena, sin duda alguna es porque en ella se ve el cambio que se ha producido en Miguel Ángel (Simón Cirineo), que en la quinta estación rechaza la Cruz, diciendo a los soldados que la lleven ellos que la han fabricado. En la novena se enfrenta con los mismos soldados, dando la cara y defendiendo a Jesús. Momento importante también es el diálogo que en la undécima estación Jesús mantiene con Dimas, el buen ladrón.

Terminado el Vía Crucis, los fieles toman el Santo Sepulcro, que espera en la ermita de San Roque y lo traslada a la iglesia parroquial, para celebrar por la noche la procesión del Santo Entierro, en la que se llevan las imágenes a su respectivas ermitas, el Nazareno y Santo Sepulcro a la ermita de San Juan y la Soledad a la ermita de la Soledad.