El Geoparque de Molina recibe la visita de la gerente del Geoparque de Cataluña Central

geoparque20813El Museo Comarcal de Molina de Aragón, entidad promotora del proyecto para la declaración del Geoparque de la Comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo, recibió a la gerente del Geoparque de Cataluña Central, Cristina Rubio, que se desplazó hasta la zona junto con algunos familiares para conocer la parte del Geoparque que se encuentra fuera de las fronteras del Parque Natural del Alto Tajo.

El Geoparque de Cataluña Central se corresponde con la comarca catalana de Bages y entraba a formar parte de la Red Europea de Geoparques el año pasado. Al igual que la candidatura molinesa, destaca por su gran extensión, más de 1.200 kilómetros cuadrados, que comprenden un total de 45 municipios, aunque con una población mucho más abundante -190.000 habitantes-.

Cristina Rubio es la gerente de este Geoparque, que el año pasado superaba el mismo examen de la Red Europea al que se enfrentó la comarca de Molina de Aragón hace apenas un mes. Rubio tiene raíces en la localidad de Peralejos de las Truchas, por lo que acudió a la cita en compañía de algunos familiares. A la expedición se sumaron también algunos turistas interesados en los tesoros escondidos del Geoparque molinés, tesoros que esperan la declaración efectiva de la Red Europea de Geoparques para impulsar su protección y conservación para su puesta en valor.

La comitiva siguió la senda de las areniscas del Triásico inferior por los parajes de Rillo y el Barranco de la Hoz. Estas formaciones rocosas se formaron hace más de 245 millones de años y en Geología se corresponden con el Bundsandstein (en alemán, areniscas de varios colores). Tal y como explicó Juan Manuel Monasterio, presidente de la Asociación de Amigos del Museo y coordinador del proyecto del Geoparque de la comarca molinesa, hace millones de años el paisaje de esta comarca era similar a las cordilleras del Himalaya, por donde transcurrían grandes ríos que fueron los responsables de esculpir estos paisajes.

El agua ha dejado su sello en las rocas de las inmediaciones de Rillo, pero también el hombre ha querido dejar su huella en forma de litograbados de época paleocristiana. Asimismo, el curso de los ríos, con el paso de los años, fraguó las condiciones propicias para que ciertos protodinosaurios dejaran también su huella grabada en los fangos fluviales, que han llegado hasta nuestros días grabadas en estas piedras areniscas.

Tras conocer estas curiosidades, la expedición ascendió hacia la Sierra de Rillo, que alberga un bosque fósil único en el mundo. La particularidad de este paraje reside en su antigüedad, cuenta cerca de 300 millones de años y por conservar árboles en posición de vida. Monasterio relató cómo se formó este bosque sepultado por la ceniza durante una erupción volcánica.

Los caminos de la Sierra de Aragoncillo van a parar a Herrería, donde los celtíberos se asentaron sobre un cerro testigo. Los trabajos arqueológicos han arrojado interesantes resultados para los investigadores y hoy este yacimiento está habilitado para la visita. Monasterio desveló que un incendio arrasó el castro conocido como  “El Ceremeño”  durante su primera ocupación entre los siglos VII y VI a.C.,  lo que permitió que diversos enseres se conservaran in situ en el interior de las viviendas. El castro tuvo una segunda fase de ocupación en el siglo V a.C.

La visita concluía al cabo de la mañana con una espectacular panorámica del cañón del río Gallo desde el mirador del Barranco de la Hoz.