El marqués de Santillana, cara a cara

Fue un activo protagonista de la historia de Castilla en la primera mitad del siglo XV, pero ha sido más recordado por sus obras literarias, como sus famosas “serranillas”, aunque escribió obras tan elaboradas como la “Comedieta de Ponza” y tan populares como los “Refranes que dizen las viejas tras el fuego”.

En su estancia de juventud en Aragón y Cataluña aprendió los nuevos usos poéticos provenientes de Italia y mantuvo una cordial relación cultural con Jordi de Sant Jordi y Ausias March. La influencia italiana hizo que escribiera sus “Sonetos fechos al italico modo”, primeros sonetos escritos en castellano. Creó una tradición cultural y de mecenazgo continuada por sus hijos e hijas, siendo un arquetipo para las diferentes ramas de la dinastía que fundó.

En sus fortalezas de Hita y Buitrago, la base de su poderío, tuvo su lugar de refugio en caso de problemas con sus enemigos políticos. En ellas guardó dineros y rehenes, sin dejar de recorrer y atender sus dominios que llegaban a las costas del mar Cantábrico. En el Hospital de Buitrago hizo levantar (antes de junio de 1455, pues lo menciona en su testamento) un retablo de 497 por 463 cm, hecho por Jorge el Inglés y donde aparece retratado con su esposa. Finalmente, vivió en sus casas de Guadalajara, donde falleció cristianamente el 25 de marzo de 1458. Tuvo una gran biblioteca, inicialmente en Manzanares y en su testamento legó a su primogénito, el primer duque del Infantado,  “ciento” de los libros “así latinos como de romance castellano, francés e toscano” y “sean puestos en la librería que yo  fice en mi casa de Guadalfaxara”. Ellos fueron la base de la biblioteca de los Mendoza del Infantado, que acabaría tras la muerte de su heredero, el XI duque de Osuna y XIV del Infantado, en la Biblioteca Nacional.

El Retablo que hemos mencionado, tras varias vicisitudes, pasó a poder de los actuales duques del Infantado, siendo retirado de Buitrago y guardado por ellos. Estuvo largo tiempo albergado en el palacio del Infantado de Guadalajara hasta que salió de allí para la Exposición Universal de Sevilla (1992) y ya no volvió más. También fue expuesto en la exposición conmemorativa que, sobre el marqués, tuvo lugar en Santillana de Mar en 2001 y en “Las Edades del Hombre”. El retablo es “grande” y requiere un especial cuidado y restauración, lo que puede explicar que el duque del Infantado Iñigo de Arteaga y Martín haya decidido cederlo para su exposición en el Museo del Prado durante 10 años.

Y esa es la gran noticia: podemos volver a ver el maravilloso “Retablo de los Gozos de Santa María” o “Retablo de los Ángeles”, obra de un artista desconocido y presumiblemente de origen británico (al ser su nombre “Jorge Ingles” o Jorge “el inglés”, según el autor consultado), al que esta sola obra ha bastado para que nunca le olviden la historia y el ate. El retablo es de estilo hispano-flamenco y es la más antigua obra documentada de este estilo que tenemos en España. Además de su valor artístico, sus detalles, y el admirable trabajo de los restauradores del Museo, en dos cuadros podemos ver los únicos retratos existentes del primer marqués de Santillana, serio pero poderoso, en actitud orante y tapada su calva por un gorro, y su esposa Catalina Suárez de Figueroa, también en oración. Podemos ver al marqués como el quiso ser recordado para gloria de su dinastía, “cara a cara”, y mostrando la devoción que tuvo toda su vida a la Virgen así como su notorio protagonismo, con su esposa, en el retablo que mandara hacer. En la parte superior están varios ángeles que portan pergaminos donde se hallan escritos los “Gozos” de los que fue autor el propio marqués.

 Desgraciadamente, y de eso pueden darse cuenta los que vean fotografías antiguas y noten el detalle, la Virgen que había en posición central en el retablo, desapareció, y fue sustituida por otra para que no se notara el hueco. En  el Museo del Prado han usado una escultura proveniente de sus fondos y de la misma época. Se halla en lugar preferente de la sala 57 del edificio de Villanueva, donde hubo que quitar algunas molduras del techo por el tamaño del retablo.

No dejen la visita para el último de estos diez años, y tómense su tiempo en la sala para admirarlo y entender el porqué de su estructura y detalles, como harían en las salas de Goya o Velázquez, por ejemplo.

Por José Luis García de Paz