España contra pronóstico

IMG_20130712_0002“Sabemos que la independencia más que por el grado de hostilidad al Gobierno o a la oposición se mide por la capacidad del periodista de mantener sus propios criterios, sin sumarse a los entusiasmos o a los odios del medio que lo acoge, ni incurrir en la adhesión inquebrantable al sectarismo del jefe. Mantener una distancia crítica es ingrato y puede generar fuerzas centrífugas que conduzcan al paro. De ahí que se recomiende atender a la dosis”.

Este párrafo, por sí solo, ejemplifica el estilo de Miguel Ángel Aguilar. El colaborador de El País y exdirector de Información de la agencia Efe acumula una dilatada trayectoria en los medios de comunicación, lo que significa que ha sabido mantener esa distancia crítica que él ahora recomienda a las nuevas hornadas. El poso de esta experiencia se plasma en España contra pronóstico, un libro recomendable por la información que transmite, la moderación en el análisis y la ironía que destila.

Aguilar es un físico metido a periodista. Fino analista, columnista brillante, tertuliano ácido y director sin éxito en Diario 16 y El Sol. El libro es una lección viva de historia que debería ser de obligada lectura, especialmente, para los jóvenes. El autor recuerda que las libertades no salieron gratis y proclama que ahora corren el peligro de despeñarse por el sumidero de la crisis.

Desde el tardofranquismo hasta el rajoyismo pasando por el papel del Rey, el Ejército, la Iglesia, los partidos políticos y la prensa en casi cuatro décadas de progreso. Aguilar hace un repaso riguroso, sensato, somero en algunos pasajes, de todo este periodo. Enfatiza el papel moderador del monarca y desliza su entusiasmo por el consenso de la Constitución hasta el punto de recomendar su vuelta en los tiempos actuales. Su fervor por el pasado es diáfano, pero comedido. “Me resisto a aceptar la idea de que los estudiantes y los intelectuales de izquierda que militaron en la oposición al régimen desde 1956 hasta las postrimerías del franquismo tuvieran –tuviéramos- como objetivo la creación de un sistema político como la Constitución de 1978”. Son palabras de Javier Pradera que evoca el propio Aguilar para explicar la decepción que causó la Transición en buena parte de la izquierda.

Capítulo aparte merece el análisis que traza de los medios de comunicación. El periodista hace memoria de la labor que ejerció la prensa después de la muerte de Franco, enaltece su empeño en la consolidación de la democracia y muestra su preocupación por el futuro incierto de la prensa escrita. “Ignoramos si durará o desaparecerá la reverencia por la letra impresa. Es la reverencia a un texto que se considera más depurado, más pausado, más analizado, más solvente”. Su opinión es la misma que la de David Remnick, director de The New Yorker: “saldrá caro no tener periodismo”. Aguilar avisa que nos quedaremos sin él a menos que se establezca el pago por los contenidos. “Los ángeles que labraban el campo a san Isidro ya no azuzan a la yunta que tiraba del arado. Las redacciones serán insostenibles si el todo gratis hace imposible retribuirlas”, apostilla.

El papel de los presidentes ocupa buena parte del volumen. Aguilar no entra a fondo en las figuras de Suález y Calvo Sotelo, pero ensalza la estatura política de Felipe González. Sin desdeñar las sombras que tuvo, considera que su presidencia supuso un salto de modernización del país a través de la entrada en la Unión Europea, el impulso de las infraestructuras y la apertura de las relaciones internacionales de España “respetando a los demás y haciéndose respetar”, matiza. El autor elogia la tarea de Aznar en la articulación de la derecha, pero denigra su soberbia y los delirios que le llevaron a suscribir la tremebunda intervención militar en Irak. El presidente Zapatero también sale mal parado de la pluma de Aguilar, quien destaca su audacia en el ámbito de los derechos civiles, aunque critica su escasa capacidad para afrontar la crisis. El autor, que trabaja para el grupo Prisa y colabora con La Vanguardia de Godó, también arrea alguna colleja a Zapatero por elegir, digamos, extraños amigos en los medios de comunicación.

Y así llega hasta Rajoy. La crisis actual y el deterioro de los servicios públicos es el eje central del libro, que busca contraponer al actual momento de devaluación de la función política y de la legislación que garantiza el régimen de libertades en el que vivimos con lo mucho que costó llegar hasta aquí. Aguilar alaba las movilizaciones y los movimientos sociales, pero subraya la necesidad de rechazar la violencia y la importancia de respetar el marco de las leyes. Su análisis del presente es demoledor, y recomienda: “mantener a los trabajadores en estado de extrema necesidad es excluirlos de la condición de consumidores. Los años han demostrado que una cierta igualdad, un cierto reparto de la riqueza, es mejor que la extrema disparidad que lleva a la exclusión social y a la pobreza hiriente”.

El autor considera que se puede convocar a la esperanza, a un horizonte de salida y evitar que cunda la deserción de los valores, aunque puntualiza que “si la senda comportara sacrificios, sería fundamental que tuvieran sentido, que merecieran la pena”. Resalta el papel nivelador que ha desarrollado en España el Estado del bienestar, en beneficio de la cohesión social, la solidaridad intergeneracional y la garantía de ofrecer un cierto nivel de oportunidades para todos. A su juicio, resulta degenerador para una comunidad ciudadana la renuncia a los mecanismos de todo ese sistema de aclimatación, de cohesión, de ayuda y protección de los desfavorecidos.

Con el bagaje de la experiencia, Aguilar advierte que momentos de crisis como los actuales se invocan como excusa para horadar las libertades, siempre por nuestro bien. Recomienda estar atentos, diálogo y practicar el esfuerzo de averiguar el porqué de las posiciones de los demás. El lector encontrará en su testimonio el poso de la mejor tradición periodística española. Mucho análisis y pocos chismes. Rigor, datos y toneladas de ironía británica. Una prosa curtida, un bosquejo histórico plagado de referencias y una catarata de recuerdos para insistir en que cualquier tiempo pasado fue peor. Pese a la que está cayendo.

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España contra pronóstico
Miguel Ángel Aguilar
Aguilar, Santillana Ediciones, 2013
248 págs.