Interesante exposición sobre los relojes de sol en Yebes y Valdeluz

Son algunos de los relojes de sol que están desperdigados por la geografía provincial y que hasta el próximo 15 de abril se pueden a través de una exposición fotográfica que cuelga de las paredes del Ayuntamiento de Yebes, una muestra que forma parte de los fondos documentales de la Diputación Provincial.
La gnomónica es la ciencia que reúne los conocimientos y prácticas alrededor del diseño, confección y orientación de los relojes solares. En la provincia de Guadalajara se dan casos singulares en torno a estos primeros instrumentos que existieron para medir el tiempo. Así, la fachada de la iglesia de Alcocer tiene hasta once relojes primitivos y dos verticales. En la de Viana de Mondéjar se puede admirar un conjunto de seis esferas de misa a ambos lados de la portada, cuatro de ellos inalcanzables para ser manipuladas, algo que no era usual en este tipo de útiles. La parroquia de Tortuera conserva seis relojes que permiten adivinar la evolución de estos rudimentarios artefactos horarios, desde una simple esfera de misa hasta un reloj canónico evolucionado. La explicación a este batiburrillo no está documentada, aunque entonces era frecuente que sillares con relojes fueran sustituidos por otros y cambiados de lugar para ser utilizados como material de construcción.
José Antonio Real invita a los vecinos de Yebes y Valdeluz, a donde llegará en la segunda quincena de este mes, a visitar esta exposición, “que es tan sorprendente como didáctica”, y que constituye una “oportunidad única” para adentrarse en el mundo de aquellos primeros medidores de tiempo. El concejal de Cultura recuerda que la mayoría de estos relojes solares han llegado hasta nuestros días con un deficiente estado de conservación. “Las irrespetuosas reformas, los elementos arquitectónicos que se superponían sobre ellos o la profusión de cables, tendidos eléctricos y farolas que se colocaban encima o a su alrededor, han hecho que hayan perdido parte de su encanto y vistosidad”, señala.
En la localización de estos relojes solares influía la latitud geográfica, que era la dimensión utilizada para decidir la abertura de las líneas horarias. En el caso de la provincia de Guadalajara, tenían una posición intermedia, ni muy separadas ni demasiado equidistantes entre sí. Las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval, en las cercanías de Retiendas, resumen la historia gnomónica de Guadalajara. Entre los siglos XII y XIX, periodo en el que el cenobio estuvo habitado, los monjes plasmaron en sus muros la secuencia evolutiva de esta ciencia. Hasta tres relojes diferentes perpetúan el paso de las diferentes comunidades por sus dependencias. El primero es un primitivo reloj de sencilla ejecución que está situado en el contrafuerte izquierdo junto al acceso a la iglesia y que podría estar datado nada más acabar las obras del edificio. En el muro exterior de la escalera de caracol se grabó el segundo, un reloj vertical meridional en cuyo diseño se tuvo en cuenta la latitud del lugar pero no los 13 grados de inclinación de la pared. El último es un esmerado ejemplar de estilo vertical declinante que se cinceló sobre dos sillares del muro de la epístola de la iglesia, cuya construcción se pudo llevar a cabo en el siglo XVII de acuerdo con las reglas de arte de la época.
Los dos grupos principales de relojes primitivos son los de esferas de misa y los canónicos. Sin embargo, existen numerosos ejemplares que son de transición entre ambos y cuya clasificación es complicada. La mayoría se situaban en las fachadas sur de las iglesias y de las casas solariegas, y servían para indicar las horas de rezo. La diferencia estribaba en que los primeros estaban al alcance de la mano, mientras que los relojes de sol canónicos se diseñaban con intervalos de seis, ocho, diez o doce horas.