Javier Reverte y el gran reportaje

zsgvawvo

La primera vez que conocí a Javier Reverte me quedaron claras cuatro cosas: que el Real Madrid es el mejor equipo del mundo, que cambiar de coches es divertido, que la pesca es un deporte muy sano y que viajar por el mundo es lo más instructivo que puede hacer un periodista en su vida. No es poca cosa para el primer contacto. Luego he descubierto a un tipo interesantísimo capaz de elevar la mirada sin levantar los pies del suelo. O precisamente por ello.

Los meandros del periodismo esconden aún auténticas joyas. En las planas de los grandes diarios no siempre hay espacio, es más, casi nunca hay espacio para la conversación reposada. Nos quedan internet y las publicaciones especializadas. En el número de invierno de la revista de Fape me he topado con una entrevista estupenda con Reverte, que recomiendo a todos por la cantidad de cosas sensatas que dice sobre este trabajo que consiste en contar cosas.

Periodista es gente que le cuenta a la gente lo que le pasa a la gente. Es una frase de Eugenio Scalfari, fundador de La Repubblica, que le he escuchado tropecientas veces a Manu Leguineche. Precisamente, Reverte elige al periodista vasco como ejemplo de cómo hay que afrontar esta profesión: “de él aprendí cosas importantes, por ejemplo, a ver el mundo con una cierta dosis de escepticismo mezclada con unas gotas de ternura”, explica.

Reverte bebe de las fuentes de los grandes periodistas-escritores norteamericanos (Jack London, George Orwell, Hemingway). Es uno de los precursores del gran reportaje, piezas largas y maravillosas que se transforman en una crónica de prensa o en un libro de viajes. Dice que últimamente ha seguido mucho a Gay Talese y apunta que las fronteras entre los géneros literarios se han difuminado, de tal manera que “los escritores desconfían de la realidad y los lectores exigen verosimilitud”. Por eso Cercas o Vargas Llosa, añade, abundan en episodios históricos desde una apariencia de ficción. “Truman Capote ya lo decía: literatura y periodismo son dos brazos de un mismo río”, sostiene.

La esencia del periodismo, a su juicio, es el reportaje. “Se habla de la crisis del papel, de la crisis de la publicidad y cosas por el estilo. Y lo que hay es una crisis de contenidos, porque los empresarios de prensa no creen en el periodismo. Cuando abro un periódico o una página de periodismo digital, busco historias y no las encuentro”. Para Reverte, el buen periodismo fue siempre ir, oír, ver, oler, tocar y contar. Ahora casi siempre es opinar.

El método que utiliza se cimenta en viajar hasta los paisajes que describe, hablar con las gentes que desgrana, definir bien el contexto. En cierta medida, sigue los pasos de Michael Herr, Lapierre, Chaves Nogales o John Lee Anderson. Él ha hecho suya la impronta de gigantes como Norman Mailer, con “ese estilo único que reproduce la realidad con todas las bellezas de la ficción” (América, Anagrama 1998). La trilogía que firmó sobre África, que ya es un clásico del reporterismo, se une a otros volúmenes sobre Centroamérica, el río Amazonas (después de un viaje que casi le cuesta la vida al contraer la malaria); Grecia, Turquía y Egipto (Corazón de Ulises, 2006); o Alaska y Canadá (El río de la luz, 2009). Su cumbre en la novela es posible que la alcanzara en 2000, cuando publicó La noche detenida, una historia de amor y de guerra en los albores del cerco de Sarajevo, en 1992, un territorio que conoce perfectamente porque se lo ha pateado.

Su última obra acaba de salir del horno: El tiempo de los héroes, que pergeña la vida Juan Guilloto León, después rebautizado como Juan Modesto, el único miliciano que alcanzó el generalato republicano. El libro retrata la historia de este personaje, del que Azaña decía que era “el único oficial miliciano que sabe leer un mapa”. Juan Guilloto planeó la ofensiva del ejército republicano en la Batalla del Ebro, aunque también se vio obligado a trazar la retirada. Fundó el Quinto Regimiento, y se enfrentó tanto a Líster como a El Campensino, lo que acredita sus perendengues. El autor le considera un hombre valiente, un militar audaz y un mujeriego.

Rigor, documentación y una historia bien relatada. Los tres ingredientes básicos que no faltan nunca en la receta de Reverte regresan en su último trabajo. El periodista madrileño cree que la inteligencia del espectador sabe discernir bien entre la cutrería y la veracidad, pero arremete contra los empresarios que tratan la información como simple mercancía. “Han decidido que el reportaje es caro y que no vale la pena invertir dinero en ello. Yo creo que, si un día se le ocurre a alguien hacer un periódico solamente con reportajes, se forra”, piensa.

Imposible acercarse a su obra literaria sin entender las claves desde las que observa la profesión periodística. En la entrevista que concedió a quienes hicimos el documental de homenaje a Leguineche en 2007 contaba que, para él, periodismo y literatura son dos ramas del mismo tronco. No establece diferencias fundamentales, salvo las que impone cada formato. Siempre fue partidario de evolucionar, pero sin perder de vista que lo mollar es transmitir algo con sustancia. No basta con retuitear. “Reinventemos los soportes, las formas de comunicación, la manera de escribir, pero no el fondo de las cosas”. Su palabra debería estamparse con letras granadas en el dintel de entrada de todas las facultades de Periodismo. Quizá así se evitarían muchos desengaños.