John Dos Passos y la Alcarria

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Dos Passos en la portada de Time, agosto 1936.

La provincia de Guadalajara recibió en 1937 a una pléyade de escritores y corresponsales extranjeros, atraídos por la intensidad de un episodio que alargó dos años la Guerra Civil española. La batalla de Guadalajara, que en esencia fue la batalla de Brihuega, fue un bálsamo para los republicanos. Salvaron la defensa de Madrid e infligieron un duro castigo al bando nacional. Las legiones enviadas por Mussolini tuvieron que salir por patas por la carretera general (hoy, la A-2), mientras Cipriano Mera, Líster y El Campesino pudieron insuflar esperanza a sus huestes y explotar Guadalajara como un hito de la propaganda antifascista.

La mayoría de los periodistas foráneos que se acercaron a Guadalajara aquel año lo hicieron para narrar la épica republicana de una batalla histórica, pero no colosal. Hemingway dijo que Brihuega tendría un puesto de honor entre las batallas más importantes de la historia. Un compatriota suyo, John Dos Passos, se mostró más comedido y explicó que la lucha de los republicanos españoles era “contra todo un pasado secular, al que no es fácil vencer, dado su arraigo en el espíritu de la Humanidad”. Esto lo dijo en Barcelona, en abril de 1937.

La figura de Dos Passos recobra actualidad tras la presentación el documental Duelo al sol, una cinta que retoma sus huellas en España de la mano de su nieto, quien recorrió los diferentes puntos de España desde los que su abuelo narró la Guerra Civil. Probablemente, Televisión Española estrenará en otoño el documental, dirigido por Sonia Tercera y coproducido por TVE y Time Zone.

El origen de este trabajo se sitúa en el viaje que emprenden Dos Passos y Hemingway en el 37 para rodar La tierra española, una película sobre la guerra española. El primero aprovecha la aventura para buscar a su amigo José Robles, su traductor y con el que antes, en 1916, había coincidido en Madrid. Robles se quedó después en España para apoyar al Gobierno de la República. El autor de Manhattan Transfer se desplaza primero a Valencia y luego a Madrid y, aunque no descubre qué ocurrió con su amigo, sí le permite palpar de primera mano la España golpeada por la contienda fratricida.

Algunos historiadores apuntan a que Robles murió a manos de los servicios secretos soviéticos. Este hecho distancia al novelista del comunismo para siempre. Dos Passos fue un defensor de la Segunda República, a la que se acercó con espíritu crítico. También fue un enamorado de la cultura española, tal como acredita en Viajes de entreguerras, el volumen en el que Península ha recopilado buena parte de sus itinerarios por España y por otras partes de Europa. Conocía la historia del país, se interesó por sus pueblos y sus costumbres y se pateó la geografía nacional de punta a punta. “Educación, organización, energía”. Eso es lo que echaba en falta en nuestro país, ahíto de suciedad, enfermedades, falta de educación y una bestialidad rasgada en rostros desdentados.

Dos Passos nació en Chicago en 1896 y murió en Baltimore en 1970. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, ahora que se cumplen cien años, se encontraba de periplo por España. Se alistó voluntario en Italia y peinó el continente. Durante la guerra de España trabajó como enviado especial del periódico Chicago Chronicle. Primero se situó en un pensamiento cercano al socialismo, pero tras un viaje a la URSS a finales de los años veinte enfrió el izquierdismo hasta situarse en una posición abiertamente crítica.

Las crónicas que pergeña de la Guerra Civil eran balas certeras de realismo. Periodismo pegado al terreno. Se instala en el Madrid asediado por los rebeldes, vive en el hotel de Callao que alojó a la mayoría de corresponsales extranjeros y envía los cables desde el edificio de Telefónica, en la Gran Vía madrileña. Visita trincheras, habla con los soldados y repara en el rostro de los brigadistas. El periodista Carlos García Santa Cecilia, comisario de la exposición Corresponsales en la Guerra de España que organizó el Instituto Cervantes y la Fundación Pablo Iglesias en 2006, recuerda que “una noche, posiblemente el 17 de abril de 1937, cayó un obús y, entre la polvareda, los cascotes y las prostitutas que gritaban y corrían por los pasillos [del hotel Florida], se cruzaron en el vestíbulo tres corresponsales irrepetibles: Antoine de Saint-Exupéry, con una impecable bata de satén azul; John Dos Passos, con batín corto de cuadros escoceses; y Marta Gellhorn, que se había echado el abrigo encima del pijama y salía de la habitación de Hemingway”. Los tres fueron testigos directos de la victoria republicana en los campos de la Alcarria.

Poco después de la batalla de Guadalajara, el autor declaró al periódico barcelonés Solidaridad Obrera: “España está luchando hoy contra todo el mundo y todo el mundo constituye el fascismo internacional”. La crónica en la que contó el sitio de Madrid, que contiene una breve cita a Brihuega, está considerada una de las mejores piezas literarias de los corresponsales extranjeros en la Guerra Civil. Se publicó en Esquire en 1938. Escribió:

“Al volver a la calle desierta escuché de nuevo el sonido distante de los bombardeos. Como precaución, fui caminando a la estación de metro y tomé el abarrotado tren que iba a Gran Vía. Cuando salí del ascensor de la estación, me di cuenta de que no había tanta gente como de costumbre caminando hacia la calle de Alcalá. Había una ligera tendencia de la gente a pararse en los umbrales de las puertas. Yo iba pensando en lo intacta que estaba esta parte para llenarnos el estómago de pasteles de almendras y clara de huevo y nata batida durante el intermedio de los conciertos sinfónicos del circo de Price, me vi al bajarme de la acera metido de repente en un charco de sangre. Lo habían rociado con agua, pero los charcos rojos permanecían entre los adoquines. Tanta sangre tenía que haber salido de una mula, o de mucha gente herida al tiempo. Lo eludí dando un rodeo.

Pero lo que todo el mundo estaba mirando era la División de El Campesino, que desfilaba con sus nuevos uniformes caquis con banderas y fusiles italianos y camiones capturados en Brihuega. Las trompetas sonaban y los tambores traqueteaban y las banderas ondeaban en el sol de la tarde y los jóvenes y los niños que pasaban por ahí vestidos de caqui se veían saludables y confiados, bronceados por la vida en el frente y con los rostros inyectados de rubor por el viento azotador de las sierras. Los seguí hasta la Puerta del Sol, la cual, a pesar de las dos manzanas destripadas por bombas incendiarias, se veía sorprendentemente normal en el bullicio del final de la tarde, lleno de lustradores y voceadores y gente que vendía cordones y encendedores y libros cubiertos de papel”. (Texto recogido en el libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla, Diputación Provincial, 2007).

Dos Passos es uno de los referentes del realismo social norteamericano. En España no es tan conocido como Hemingway, pero comparte blasón literario. Quizá el documental que ha impulsado su nieto ayude a aumentar el conocimiento de una personalidad de las letras estadounidenses.

Fue audaz y original. Exhibió un estilo propio y una sagacidad periodística a prueba de bombardeos. Los textos que escribió sobre España, antes y durante la guerra, están marcados por la sobriedad en el análisis y la riqueza semántica en unas descripciones que atrapan al lector por su vivacidad y su capacidad de explorar la realidad que contempla. No se le escapa detalle. No son unas narraciones enjundiosas, al modo azoriniano, pero sí cargadas de información y escritas con sencillez y armonía. La ventaja de este formidable reportero es que plasma, mediante una visión totalizadora y sin pretensiones intelectuales, el alma de un país atrasado, hermoso, heterogéneo, pútrido.

“Un aire de arrogancia en medio de una letanía de muerte. Eso es España… Castilla, por lo menos”, escribió en El descubrimiento de Rocinante (1919). La prosa de Dos Passos siempre es un revulsivo estimulante.