Jorge Díaz Romeral: “La mitad de las personas que participan en nuestros cursos consigue dejar la adicción al tabaco”

Como responsable de estos cursos, ¿qué balance se puede hacer hasta el momento?

Están funcionando muy bien. Los participantes están satisfechos y, en principio, el número de personas que están consiguiendo el deshabituamiento al tabaco es muy alto. El 80% de los participantes, aproximadamente, consiguen dejar de fumar.

¿Se ha quedado mucha gente en lista de espera?

Así es. El calendario ya está fijado y de momento la intención no pasa por poner en marcha otros nuevos, sino por poder finalizar de manera operativa aunque, si hay demanda, volveríamos a planteárnoslo para después del verano. La lista de espera ha sido importante, la respuesta ha sido muy alta.

¿Cuál es la duración de estos cursos?

Se iniciaron el pasado mes de marzo y se prolongarán hasta mayo. Son unas diez sesiones semanales. Vienen a durar unos dos meses y medio. Estamos utilizando la metodología que la Asociación Española Contra el Cáncer tiene ya desarrollada y contrastada.

¿Incorporan teoría y práctica?

Así es. Tratamos de explicar primero en qué consiste el proceso de la adicción y del consumo de tabaco y luego dotamos a los participantes en estos cursos de estrategias o trucos que les puedan ayudar a manejar los malos momentos a la hora de decidir dejar de fumar. Ciertamente, el tabaco es una adicción y, lógicamente, hay algunos momentos malos a la hora de dejarlo.
No es fácil dejar el tabaco pero siempre resulta más fácil con pequeños trucos.

¿Nos puede desvelar alguno de esos pequeños trucos?

Hay una estrategia que da buenos resultados. Normalmente el consumo de tabaco se repite y se vincula con determinados lugares y momentos. Por ello, conviene cambiar de ambiente, variar esas costumbres y hábitos. Por ejemplo: hay personas que se habitúan a fumar un cigarro con el café antes de ir a trabajar. En este caso lo que interesa es que se lo tome en casa, cambiando así de entorno para no repetir los automatismos que facilitan el consumo, o que no lo tome.

¿Qué pasa por la cabeza del fumador para que decida dejarlo?

La dependencia física es algo que desaparece pasadas tres o cuatro semanas sin haber fumado, pero lo que se mantiene durante casi meses, y en casos durante años, es la dependencia psicológica, que no es más que la asociación que se hace del tabaco con muchos momentos. En esto influye también bastante la publicidad. Hasta hace relativamente poco tiempo el tabaco estaba siempre asociado no con enfermedad ni problemas sino con momentos placenteros, de relax e incluso de estatus social.
Lo que está claro es que la dependencia psicológica es la más difícil de manejar.

¿Cómo se determina la necesidad de llevar a cabo estos cursos, en este caso desde una institución municipal?

Este en concreto es consecuencia de la colaboración del Ayuntamiento, la UNED y la AECC de Guadalajara.

Dentro del colectivo de fumadores que deciden dejar este hábito definitivamente, ¿prima algún perfil específico?

La verdad es que el perfil que tenemos es bastante variado. En cuanto a edad, desde gente muy joven, de 20 a 30 años, a mayores con más de setenta años.  Tampoco se ha polarizado en un sexo más que en otro, sino que acuden casi por igual.

Normalmente, ¿la decisión la toman por salud, dinero, consecuencias de la ley antitabaco…?

En teoría por salud o convencimiento, pero también hay muchos que acuden invitados por su entorno familiar o por sus circunstancias. Tenemos varios casos de padres que lo han hecho porque tienen niños pequeños y deciden dejar de fumar para que el entorno de casa sea un entorno sin humos. Otros, por alguna enfermedad,  recomendaciones médicas o por las dificultades cada vez mayores que hay para fumar en espacios públicos.

¿En que medida recaen los pacientes nuevamente después de participar en estos cursos?

Como decía, la gran mayoría (80%) suelen dejar de fumar, pero también es cierto que se producen algunas recaídas durante los siguientes meses al término del curso. En estos casos, el propio curso contempla prevención de recaídas, pero la estadística dice que pasados 6 meses, el número de personas que se mantienen sin fumar desciende hasta normalmente hasta un 50% de los que realizaron el curso.
Sabemos que es algo difícil, y por ello tratamos de dotar a todos los que participan de ciertas estrategias para que lo puedan conseguir definitivamente.

¿Qué debe tener claro el fumador que quiere abandonar el tabaco?

Lo más importante es que tenga clara la decisión de dejar de fumar. Y a partir de ahí se puede optar por distintos recursos para dejarlo, entre ellos, cursos de entrenamiento psicológico en los que las garantías de asegurar la conducta abstinente son mayores.

¿Por qué ahora estos cursos?

Responde en parte al momento social actual, a raíz de la puesta en marcha de la nueva ley contra el consumo de tabaco. El Ayuntamiento ha querido responder a esa necesidad del momento, sin embargo, eso no quiere decir que para después del verano no puedan volve

Por último, ¿el concepto de fumador ha cambiado mucho con respecto a años atrás?

Evidentemente, ha cambiado. La valoración social que se hace de una persona fumadora es hoy muy distinta de la que se hacía años atrás. No tenemos nada más que recordar cómo hace años hasta los entornos sanitarios estaban llenos de humo y, hoy en día, eso lo consideramos como una acción absolutamente reprobable. Hoy el fumador no tiene más remedio que ser más individual.