La tradición seguntina de los gigantes y cabezudos seguntinos cumple cien años

En el año 1911 aparece la primera referencia  histórica a los gigantes y cabezudos. Se trata de un acuerdo de la Corporación Municipal por el que se encarga al antiguo empleado de la cárcel, Agustín López, la confección de cuatro gigantes y cuatro cabezudos. Sin embargo, el acuerdo no aporta ninguna información que aclare si el encargo fue novedoso o se hizo para sustituir a antiguas figuras deterioradas. La importancia y cantidad del pedido hace pensar que bien pudiera tratarse de una novedad que decidiera el Ayuntamiento para recuperar una tradición de antaño perdida con el paso del tiempo.

El acuerdo es tan escueto que tampoco aclara muchas dudas: si el encargo se materializará en la propia Sigüenza o en tierras aragonesas, donde sabemos existe una gran tradición gigantera. Debido a la proximidad, bien pudiera haberse desplazado el funcionario municipal para encomendar la fabricación de los mismos  o para tomar nota y luego hacerlos en la propia ciudad seguntina. Lo cierto es que en aquel mismo acuerdo se habla de un viaje del alcalde a Teruel para un acto protocolario y bien pudiera ser una coincidencia y viajar los dos juntos, cada uno a realizar su tarea.

Fuera como fuere, lo cierto es que aquel año de 1911 Agustín López junto al encargo  recibe en varios plazos dinero para cumplir con tan importante encargo municipal : 50 pesetas de las de entonces, a cuenta de la confección de ocho figuras. Un mes después vuelve recibir 30 pesetas, esta vez solo por los gigantes, y en el mes de junio se le entregan 155 pesetas como pago total, que suponemos se realiza a la entrega del trabajo. La confección de estas figuras se  aborda en dos fases diferentes, a cargo de dos personas distintas: el trabajo de ebanistería que es el primero que se realiza para confeccionar armazón y cabeza, posteriormente el trabajo de sastrería, que fue confiado a las habilidosas manos de  Rita Larrea.

Pero la fiesta empezaba a tener  un coste tan alto que en algún momento incluso parece poner en peligro su continuidad, hasta el punto que durante un Pleno celebrado en el mes de julio de 1911 el alcalde expone a la Corporación la conveniencia de celebrar fiestas en el próximo mes de agosto con motivo de la festividad de San Roque. El motivo no es otro que buscar los beneficios económicos que reportaría a la población y al comercio seguntino la celebración de las fiestas durante la época estival, cuando a la población habitual se sumaban los veraneantes. A este fin propuso hacer un llamamiento a los comerciantes, industriales y mayores contribuyentes para ver si mediante su apoyo económico podían darse las corridas de toros, otro de los componentes de las fiestas seguntinas. Una vez conseguido el beneplácito, se tomó el acuerdo de considerar San Roque desde ese momento día festivo en Sigüenza.

Durante la Guerra Civil se suspendieron las fiestas y nada dicen las actas de cuál fue el destino de los gigantes y cabezudos. Habrá que esperar hasta el verano de 1939, cuando una vez finalizado la contienda, el pleno acuerde celebrar las fiestas de San Roque cono en años anteriores.

Los duros años de la posguerra no serán obstáculo para la celebración de las fiestas que se sufragarán con colectas y el apoyo económico de distintos sectores de la ciudad. Gracias a esta medida, a partir del año 1945 encontramos de nuevo referencias a los gastos ocasionados por el arreglo y reparación de los gigantes y cabezudos para fiestas. Los movimientos, en ocasiones bruscos, que se realizaban durante el baile y juego con los niños provocaban desconchados en la pintura y rasguños en las telas. José Palacios, un pintor que tenía encomendadas algunas funciones en el Ayuntamiento, como el cuidado y reparación del mobiliario municipal que, en aquellos tiempos era totalmente de madera, era el encargado también del cuidado de la comparsa. Además de los retoques del pintor, se limpiaban las cabezas y se lavaban y planchaban los vestidos. Mediado el siglo, en el año 1952 el deterioro hace necesaria la compra  de tela para renovar los ropajes de  los gigantes.  Seis años más tarde, en el año 1958, se procede a la adquisición de dos cabezudos nuevos para sustituir a los más deteriorados de la comparsa. Esta vez se compran en Madrid, en un almacén de papelería y cartón llamado “El Arca de Noé” y desde allí se desplazan en ferrocarril hasta la Ciudad del Doncel.

 La planta baja del Ayuntamiento, que entonces hacía las veces del almacén de objetos diversos, se convierte en el nuevo hogar de estas figuras que provocan sentimientos diferentes: miedo para los más pequeños, diversión para los mayores.  Dos sentimientos tan diferentes como los dos mundos que representan: los gigantes bailan despacio, con porte distinguido y solemne; los cabezudos se integran en el mundo infantil, corren tras los niños, les dan escobazos.

Gigantes y Cabezudos componen la imagen más colorista de la fiesta seguntina, desde la Plaza Mayor a la Alameda  desfilan imprimiendo un tono alegre y festivo animando el mediodía seguntino. Como cada verano desde hace cien, los Gigantes y Cabezudos volverán a salir en las Fiestas de San Roque en Sigüenza.