Las obras de la iglesia de San Francisco desvelan importantes vestigios históricos y artísticos

Desde hace varias semanas se están acometiendo la segunda fase de obras de restauración, correspondiente a la Iglesia, tanto en sus fachadas y cubiertas, como en el interior del Templo (la primera fase consistió en la reparación de la Cripta de los Mendoza). Los trabajos, financiados por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Fomento a través del 1% Cultural, están siendo ejecutados por la empresa Tragsa, bajo la dirección del Arquitecto Juan de Dios de la Hoz, con un presupuesto de contrata de 1.183.348 euros.

En una reciente visita a las obras, el director general de Cultura,  Francisco Javier Morales, destacó que “aunque vivimos momentos complicados económicamente, hay proyectos que debíamos acometer, y entre ellos está la iglesia de San Francisco” y manifestó su convencimiento de que al concluir la obra, quedará un espacio de cultura y turismo para la ciudad de primer nivel.

Uno de los capítulos destacados de esta segunda fase son los estudios arqueológicos, dirigidos por Luis Fernando Abril que, apenas iniciados, ya han sacado a la luz una serie de restos que permiten aumentar el conocimiento que se tenía hasta el momento de este singular y en gran parte, desconocido edificio. El estudio histórico realizado por el equipo dirigido por Miguel Mayoral fue el punto de partida para abordar la intervención arqueológica del inmueble, intentando confirmar los datos históricos conocidos, o bien sumar nuevas aportaciones.

De hecho, la actuación arqueológica ha permitido exhumar una serie de elementos constructivos que muestran gran parte del devenir histórico del edificio. Entre los elementos más destacables, y que además son los más antiguos hallados, se encuentran los restos de un ábside realizado en cal y canto que podría corresponder a la iglesia del monasterio construido en el siglo XIII, que aparece citado en las fuentes escritas desde el siglo XVI.

También se ha podido documentar una serie de cimentaciones de columnas de una iglesia anterior a la existente actualmente y que, probablemente, corresponda a la existente en el siglo XIV que fue devastada por un incendio en 1394. 

Asimismo, además de datos estrictamente históricos, la intervención arqueológica ha permitido conocer la existencia de una bóveda tabicada de finales del siglo XVII o principios del XVIII, de la cual no se tenía constancia y que responde a la necesidad de salvar la diferencia de altura entre el suelo de la iglesia y el trasdós de la bóveda de acceso a la cripta.

Por último, la lectura de los paramentos llevada a cabo por las restauradoras Cecilia Hernández y María Campoamor está permitiendo conocer las pátinas que aún conserva la piedra de las pilastras, arcos y capiteles de la Iglesia y que, tras las pruebas efectuadas, van a recuperarse prácticamente en su totalidad, devolviendo el aspecto que presentaban antes de ser cubiertas por numerosas capas de pinturas y yesos.

Por el momento quedan por documentar algunos enterramientos, así como otros niveles arqueológicos en proceso de excavación y que quizá puedan aportar nuevos datos que permitan conocer de forma más exacta la evolución histórica de este monasterio.