Los arcos y la hoguera de San Juan le dieron anoche la bienvenida al verano seguntino

A partir de las 19:30 horas, y desde la Plaza Mayor, al son de los Dulzaineros, salía la ronda para visitar uno por uno los nueve arcos de San Juan  hechos con lo mejor de la tierra por lo mejor de la tierra en la que es una de las fiestas “más tradicionales, más populares y más bonitas de nuestra ciudad”, juzgaba ayer la concejala de Cultura, Sonsoles Arcones.

En estos días pasados, cada barrio a su ritmo hacía acopio de ramas de chopo, rosas y aromáticas que trenzaban y colocaban cada cual con su estilo en torno a una mesa con faldas de seda y un retrato del Bautista componiendo así el altar de San Juan. En la tarde de ayer la chiquillería se disfrazó, como cada año, ellas de sanjuaneras y ellos de cualquier cosa, pero con bigotes y patillas de carbón, para recibir a la Ronda de San Juan y la visita del jurado que habría que decidir cuál de ellos era el mejor en una decisión como siempre difícil puesto que ilusión, alegría y buen hacer no faltó en ninguno. La llegada de la música ponía todos los focos sobre el arco en cuestión. Para recibirla los vecinos, autores de estos altares del buen gusto, sacaban bollos y vino en la bota. El soniquete de la jota castellana animaba a bailar a los seguntinos en plena calle, naturalmente. Algunos arcos, como el de la calle del Tinte, habían hecho una alfombra de pétalos de rosa que representaba al bautista y al cordero. Una vez que pasó el jurado, los niños y niñas bailaron sobre ellos. Alguno hasta se atrevió a saltar la pequeña hoguera de la tarde.

Los mayores de las residencias de la ciudad habían trabajado todo el mes de junio en el arco. Por ejemplo en el primero que visitó el jurado, construido por los abuelos y abuelas de la Residencia de San Mateo. Se habían molestado en imprimir unas fotos para mostrar a los visitantes el proceso de creación. Los abuelos recibieron encantados la visita y la música que sin duda les alegró la tarde. La mayoría de los arcos estaban ubicados en el centro de Sigüenza, pero también hubo uno en la calle de Francisco Gonzalo el Carterillo, en la zona de viviendas en el entorno de la Plaza de Toros. Después las coplas y jotas en la parte nueva de Sigüenza los Dulzaineros, encabezando la comitiva, se llegaban hasta  el que había preparado en la calle Santa Bárbara el Grupo Terapia el Asilo. A continuación hasta el de  la calle Alfarerías, luego a la calle del Tinte, después a la de la Sinagoga, Plazuela de la Cárcel y Plaza de San Juan, coqueto lugar de Sigüenza que vivía ayer su fiesta onomástica.

El jurado que decidió los premios estuvo compuesto por siete personas, representantes de diversas asociaciones de la ciudad de Sigüenza, por los concejales Sonsoles Arcones y Rosario Galán y presidido por el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre. Tras una deliberación muy complicada, puesto que todos los barrios participantes habían realizado auténticas obras maestras,  los premiados fueron, por este orden, el Arco de la Residencia de la Alameda (Primer Premio), el Arco de la Calle de la Sinagoga (Segundo Premio) y el Grupo de Terapia el Asilo (Tercer premio). La terna recibía anoche una placa conmemorativa del concurso, realizada por el ceramista Carlos Alonso. El Ayuntamiento ha aportado a cada arco participante la cantidad de 60 euros para ayudar con el gasto. El fallo y la entrega de premios tuvieron lugar a partir de las 23:45 horas en la Plaza Mayor, justo en el intermedio de la actuación de la Rondalla Seguntina y su Grupo de Baile Virgen de la Mayor.

Al término de los bailes y gala de entrega de premios, se prendió la hoguera para ahuyentar a los malos espíritus. Los más valientes la saltaron. El público compartió un chocolate calentito con bollos para terminar la fiesta de San Juan, que a esa hora de la madrugada ya, apetecía. Musicalmente hablando, los Dulzaineros tomaron el relevo de la Rondalla para acompañar el resto de la noche.