Maderuelo, entre las hoces del Riaza

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Vista de Maderuelo y el pantano de Linares. Foto: www.traveler.es

Los pueblos extramuros de Guadalajara son un aliciente ideal para una excursión de fin de semana. La hermosura no entiende de lindes provinciales. Tampoco la naturaleza. Ya sea allende las sexmas de Molina, o bien en la Alcarria conquense o en las estribaciones de la Serranía, nuestra provincia es un fabuloso balcón desde el que asomarse a algunos de los parajes más bellos del interior del país. Maderuelo es un exponente de esta realidad. Un entorno agraciado, tranquilo, en el que recogerse una tarde de otoño.

A Maderuelo se llega desde Guadalajara capital por la N-320 y después por la A-1 hasta el desvío de Boceguillas (km.116). Un itinerario alternativo consiste en atravesar la sierra por la carretera de Cogolludo y Galve, cruzando a Segovia en sentido Ayllón por la C-114 y la BU-945. Ambas carreteras serpentean, primero la sierra de Pela, y después los primeros trigales segovianos. El recorrido aglutina una mezcla sugestiva de la Castilla montañosa y mesetaria en apenas media hora de viaje desde que se atraviesa la raya provincial.

Antes de entrar a Maderuelo merece la pena detenerse en las vistas del pantano de Linares, habilitado en 1951, al pie de las hoces del río Riaza. Llevan menos fama que las del Duratón, pero las hoces del Riaza conforman uno de los enclaves más hermosos del extrarradio serrano. Entre la presa y el arroyo de El Casuar, el viajero encontrará algo más de cinco kilómetros de longitud en el que el río aparece encajado en las piedras calizas, formando un cañón calcáreo que, según los planos oficiales, alcanza 150 metros de profundidad y casi 300 de anchura. Un espectáculo para la vista, salpicado de sabinares, encinares y hasta algunos quejigares.

Agosto es el mes que da el clarinazo para el descenso del nivel de las aguas en este embalse. Durante la época de verano-otoño aún es posible contemplar el antiguo puente romano, sepultado el resto del año bajo las aguas. Eso sí, se puede acceder al pueblo por un puente de construcción moderna levantado en los alrededores de la ermita románica de la Veracruz, declarada monumento nacional.

En el otro costado, aparece majestuoso el pueblo. Pequeño, recoleto, estirado como el buque de un naviego. El patrimonio de Maderuelo es soberbio. La puerta de los Dos Arcos que recibe al visitante y desde la que parten las dos calles que dan entrada al lugar. Las murallas, parcialmente restauradas. Las iglesias de San Miguel, del siglo XIII; y de Santa María, erigida sobre una mezquita. Y, además, el conjunto de casas de adobe y de piedra que moldean la fisonomía del lugar, armonizando un conjunto en el que todas las piezas encajan sin estridencias. Y todo, a medio camino entre Aranda de Duero y Ayllón, a unos 100 kilómetros de Segovia y a menos de 40 del límite con la provincia de Guadalajara.

“El campo, desnudo en estos días de otoño, se extiende en suaves ondulaciones pardas hasta la lejanía azul de las montañas”, escribió Azorín en Una hora de España, su discurso de ingreso en la Real Academia Española, luego convertido en joya literaria. Corría 1924, pero sirve para desgranar los perfiles que dibujan la beldad sencilla y parca que aún rodea a las poblaciones como Maderuelo.

Que nadie espere aquí un pueblo espectacular, ni una villa de las que siempre fueron cabecera de Castilla, ni un conjunto histórico-artístico imponente. Sin embargo, Maderuelo conserva el resabio medieval de su pasado histórico y sus vecinos han tenido el buen gusto de tratar bien a su patrimonio, manteniéndolo en un nivel aceptable de conservación. No es casualidad que, desde junio de 2013, pertenezca por derecho propio a la asociación Los pueblos más bonitos de España, compartiendo escaparate con joyas como Valderrobres, Morella, Mojácar, Albarracín, Lastres, La Alberca o Valverde de los Arroyos.

El último domingo de septiembre se celebra en este rincón su fiesta más importante: la romería de la Virgen de Castroboda, patrona de Maderuelo. Es una buena excusa para acercarse hasta este pueblo y, de paso, aprovechar para comer en algunos de sus mesones en los que abundan los platos caseros, las chuletillas a la brasa y los asados de cordero. Un colofón ideal para una escapada memorable.

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El pantano de Linares. a los pies del río Riaza (Segovia). FOTOS: R.C.
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Puerta de los Dos Arcos. Maderuelo.
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Soportales en la plaza Mayor. Maderuelo.
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Puente de construcción moderna de entrada a Maderuelo.
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Calles empedradas y conjunto singular en el caserío de Maderuelo.