Arrasa el modelo Page: transversal, moderado, españolista y con conciencia regional

Emiliano García-Page, durante el mitin central de campaña en Guadalajara. // Foto: HD.

El triunfo arrollador de Emiliano García-Page desató la euforia en el Cigarral del Ángel Custodio de Toledo, cuartel general de los socialistas en la capital de Castilla-La Mancha. La mayoría absoluta lograda por Page afianza la hegemonía del PSOE en una región que gobernó de forma ininterrumpida entre 1983 y 2011. El escrutinio devuelve a esta formación a resultados de la época de Bono: 44% de los votos, 475.368 votos (frente a los 307.661 del PP) y dos escaños por encima de la mayoría absoluta. A ello suma una marea en el ámbito local: se impone en los ayuntamientos de Toledo, Cuenca, Talavera, Azuqueca y Puertollano; y, presumiblemente, gobernará en las cinco diputaciones provinciales, lo que tiene un peso decisivo en la tutela del poder territorial. Queda por decantar las Alcaldías de Albacete y Ciudad Real, y también la de Guadalajara, donde la división de la izquierda –tal como era previsible- ha resultado letal para lograr el vuelco. En la provincia de Guadalajara, el PSOE barre, se impone claramente en la mayoría de localidades del Corredor del Henares y arrebata al PP las Alcaldías de Sigüenza -pese a que el alcalde saliente, José Manuel Latre, era también el presidente de la Diputación- y Molina de Aragón.

En el caso de la capital alcarreña, Antonio Román, que no tiene ningunas ganas de volver a ser alcalde, ya se ha apresurado a ofrecer su cabeza para garantizar al PP el apoyo de Ciudadanos y Vox. Rivera dirige un partido cuya toma decisiones vertical forzará una estrategia global de pactos postelectorales. Esto quiere decir que todos los movimientos quedarán supeditados a los intereses de Ciudadanos desde la óptica nacional, aunque luego influyan variables locales. A la formación naranja le llega la hora de la verdad. Hasta ahora había apoyado a PP y PSOE sin mojarse en tareas de gobierno. Ahora aspira a entrar en las instituciones. Lo que tiene que decidir es de la mano de quién lo hace en cada autonomía y ayuntamiento en los que puede ejercer de bisagra. La perspectiva europea también es importante para Ciudadanos: forma parte del grupo de los liberales, que ya han dejado claro su cordón sanitario a la ultraderecha en toda Europa. ¿Cómo casa esta posición con la posibilidad de que Rivera forme parte de gobiernos junto a Vox?

Desde el punto de vista general, las elecciones refuerzan al PSOE y al propio Pedro Sánchez, en la medida que debilitan extraordinariamente a Pablo Iglesias de cara a una eventual negociación para un gobierno de coalición. Podemos sale políticamente muerto del 26-M. No sólo porque pierde casi todos los ayuntamientos del cambio, sino por la debacle generalizada en toda España. Sólo resiste Kichi en Cádiz, precisamente, el dirigente que más se había apartado del propio Iglesias. La dirección de Podemos debe hacer una autocrítica profunda y real, sin subterfugios. Reducir las culpas a Errejón y Carmena resultaría ridículo. La falta de dirección política, el rumbo errático en su relación con los socialistas, las purgas internas, los graves errores de comunicación, la carencia de un proyecto nacional en un partido que asume la autodeterminación de todos “los pueblos de España”. Todo eso está en el germen del hundimiento de Podemos, que en Castilla-La Mancha se convierte en paradigmático. La formación morada desaparece de las Cortes regionales. Tenía dos diputados –enfrentados entre sí en representación de sus respectivas corrientes internas- y ahora no tendrá ninguno. El PSOE achica el espacio de sus socios cuando gobierna en coalición y Podemos CLM se ha mostrado incapaz de rentabilizar su acceso al Ejecutivo regional. La conclusión es un desastre sin paliativos que fuerza a José García Molina a presentar la dimisión.

El PP salva los muebles porque retiene la Comunidad de Madrid y está en condiciones de recuperar el Ayuntamiento de la capital. Casado logra oxígeno para tirar cuatro años en su travesía de la oposición. Sigue siendo un líder débil, pero sale vivo del 26-M. En Castilla-La Mancha, Paco Núñez certificó un fiasco rotundo, al quedarse en 10 escaños, muy lejos de los 16 obtenidos en 2015. Núñez no sólo es un líder sin carisma ni aplomo políticos, sino que es un líder desconocido, lo que penaliza especialmente en una región como ésta. El PP vuelve a la casilla de origen previa a Cospedal: fuera del poder, con un partido sin cohesión regional para ahormar una alternativa de gobierno y con una estructura orgánica ajada por la división interna, con una polifonía de barones provinciales pero sin un líder autonómico sólido. Los efectos de esta deriva se observan especialmente en provincias como Toledo (donde el PSOE pasa de cuatro a cinco escaños mientras el PP baja de cuatro a tres) y Guadalajara (donde el PSOE sube de dos a tres escaños mientras el PP se queda con uno solo).

Aunque Núñez ha comprometido una “oposición firme” a Page, la realidad es que los resultados cuestionan su continuidad como presidente del PP en Castilla-La Mancha, aunque es cierto que sus dos adversarios en el bloque conservador han quedado claramente por debajo: Ciudadanos accede a las Cortes con cuatro escaños, que no serán decisivos; y Vox se queda fuera un mes después de haber obtenido dos diputados en las generales.

Núñez ha fracasado en su intento de descabalgar a Page. El modelo del PSOE regional vuelve a ser apabullante: un partido transversal, que capta apoyos de amplias capas de la población y con una implantación territorial de calado. A ello suma la proyección de García-Page y una acción política de nítida defensa del modelo constitucional, pero al mismo tiempo defensor de un regionalismo de raíz moderada en una autonomía cuya sociología es eminentemente conservadora.

El rechazo al trasvase del Tajo con independencia de que gobierne el PSOE o el PP, el blindaje para frenar el ATC y el fracking y la recuperación de la inversión en servicios esenciales –algo que ahora tendrá que completar y reforzar, especialmente, en el capítulo de la sanidad y la dependencia- son los principales que explican la ola socialista en Castilla-La Mancha. Page lo ha explicado en varias ocasiones: «a veces hay que hacer gestos que no parecen de izquierdas para poder aplicar políticas de izquierdas en una región conservadora como la nuestra». Eso explica, por ejemplo, los vínculos con la Iglesia o el respaldo a la escuela concertada. A cambio, el PSOE ha podido ejecutar una política de orientación socialdemócrata que se traduce en una fiscalidad moderada pero, sobre todo, en un apoyo decidido por la sanidad y la educación públicas, y el bienestar social, capítulos que suponen más del 70% del Presupuesto anual de la comunidad autónoma. Sumen a todo eso la penetración en la sociedad civil después de tantas décadas de dominio político, desde las ciudades con más habitantes hasta el último rincón del territorio.

Ahora, García-Page tiene por delante una legislatura plácida en la que deberá rubricar políticas centrales que afectan al Estado del bienestar, con la perspectiva puesta en la renovación del modelo de financiación autonómica. El inapelable resultado del domingo allana el camino para terminar lo que el propio presidente de Castilla-La Mancha denomina la “reconstrucción” de los servicios públicos después de la legislatura de Cospedal, tan efímera como letal.