Palazuelos volvió a darle las gracias a San Roque por haber librado a la villa de la Peste

El boto es un recipiente ligero y flexible, construido artesanalmente con piel de cabra, impregnado interiormente con resina de pino (pez), y que se utilizaba en tiempos pasados para almacenar y transportar líquidos, fundamentalmente vino. Estos odres resultan muy resistentes y pueden contener hasta 120 litros.

Los pellejos ardieron hace unos días, como es normal, en combustión lenta y sin humareda. Al acto asistieron, además de los palazuelenses, vecinos de pueblos colindantes como Riosalido, Pozancos, Carabias o Ures, de la ciudad de Sigüenza y también un buen número de curiosos, madrileños en su mayoría, venidos exclusivamente para presenciar un acto tan especial. En representación del Ayuntamiento estuvieron presentes los concejales Julián Barrero y José Luis Alguacil. Los Dulzaineros de Sigüenza se encargaron de ambientar musicalmente la solemnidad. Después de la quema hubo chocolate con bizcochos para los asistentes.

La Quema del Boto tiene su origen en el siglo XVI cuando las epidemias de peste asolaban Europa. Es un acto simbólico con el que Palazuelos recuerda y honra el voto o promesa que los habitantes de la Villa de Palazuelos hicieron a San Roque por librar a la población de la enfermedad y la muerte. El acto acontece en la llamada Puerta de la Villa ante la imagen del Santo que se encuentra insertada en una saetera de la muralla.                                  
                                                                                                        
A principios del siglo XX, la tradición de la Quema del Boto en honor a San Soque, dejó de realizarse debido al  éxodo rural. En 1984, un grupo de entusiastas vecinos decidió restaurar la tradición. En el año 2009, se celebró el 25 aniversario de la restauración de la secular tradición. En el año 1996, los palazuelenses recuperaron el tradicional juego de La Tanguilla, y en años sucesivos incorporaron otros actos como representaciones teatrales, sainetes, mariachis y certamen de poesías, todo ello organizado por la Asociación Cultural La Quema del Boto.

Cada año desde el citado 96 se organizan tres torneos de Tanguila (masculino, femenino y juvenil) anexos a las fiestas de la Quema del Boto en honor a San Roque. Los de este año resultaron concurridos, sobre todo el Juvenil que llegó a reunir diecinueve chavales, entre los 4 y 12 años. Veintidós fueron los inscritos en el campeonato masculino y catorce en el femenino.

En el Certamen de poesía, los participantes leyeron los trabajos presentados ó fueron leídos en su nombre, y aún se repasaron algunos más fuera de concurso. La poesía más votada resultó ser la presentada por Esperanza Monge seguida de Pilar de la Fuente, y el relato más votado el presentado por Rosario Juberías.

Tras la Misa de San Roque que tuvo lugar el día 16 de agosto, se entregaron los trofeos y diplomas de los Campeonatos de Tanguilla a los ganadores, y en el de los jóvenes, diploma a todos los participantes. También hubo diplomas a todos los participantes del Certamen de Poesía y Relato Corto. En el mismo acto se entregó una placa homenaje a la familia de Crescencio Garbajosa, recientemente fallecido, colaborador habitual de las fiestas de San Roque. Hubo limonada y refrescos a todos los asistentes al acto.

La Tanguilla es un juego tradicional castellano que se práctica de manera habitual, o como tradición, en diversas poblaciones. Se juega al menos desde el siglo XII, aunque puede que tenga origen romano. Además de en Castilla, sus diversas variantes se juegan en Galicia y Aragón.

Es un juego de puntería o de “lanzamiento de precisión” y según la localidad recibe diversas denominaciones: tanga, tarusa, tuta, mojón, tangana, canutillo, etc. La denominación tanguilla es la comúnmente empleada en la Villa de Palazuelos y, en general, en las serranías del norte de la provincia de Guadalajara y zonas próximas de Segovia y Soria. El juego requiere de tres elementos: los jugadores, los tejos y la tanguilla propiamente dicha.

La tanguilla es un cilindro de madera de unos 18 o 20 centímetros de longitud y de unos 3 ó 4 centímetros de diámetro, estando las bases perfectamente lisas. Los tejos son discos de metal de entre 8 ó 10 centímetros de diámetro y unos 4 ó 6 milímetros de grosor. Las dimensiones y la composición determinan su peso, factor importante en el juego.