Personajes de Trillo: Antonio Morales Marco, “El Mota”

Su negocio de bordado empezó con una lesión de espalda que le tuvo muchos meses en el dique seco. Entonces era empleado de una empresa distribuidora de prensa. Mientras estaba de baja, cuidando de su hijo, le daba vueltas a su cabeza, siempre en ebullición, pensando qué hacer con el futuro.

“En el centro comercial que hay bajo mi casa tenían una máquina de bordar pequeñita. Cada día que la veía me hacía mis números”, explica. Hasta que se decidió a preguntarle a su dueño por el precio. “Cuando me dijo que costaba 18.000 euros, me quedé blanco”. Buscó en internet hasta encontrar una más ajustada en precio con la que emprender un nuevo negocio del que su mujer todavía no sabía nada. “Una tarde, cuando llegó a casa de trabajar, se la encontró montada en una habitación”, prosigue.

El primer trabajo que cosió fueron unos pañuelos con la imagen de la Virgen del Campo. “La patrona de Trillo, a la que le tengo una fe enorme, me dejó bendecido”, asegura. Sus dotes innatas para las relaciones públicas allanaron el camino que abrió la Señora. A los seis meses, la inversión había cuajado. Compró entonces dos máquinas más para dar abasto al trabajo que llegaba sin cesar, sobre todo en la temporada de verano. Antes había cambiado su casa por un taller en Alcobendas. En poco tiempo también el nuevo local  quedó pequeño. Había decidido comprar su gran estrella, una bordadora de seis cabezas “de las mejores que había en el mercado”, dice.

Desde el año 2005 “El Mota” ha invertido cerca de 500.000 euros en equipo. Ahora cuenta con cuatro máquinas que le dan al taller una capacidad de hasta quince cabezas cosiendo al mismo tiempo, una plancha de termosellado, un “plotter” de vinilo, toda la maquinaria necesaria para serigrafía y varias cosedoras. Cuando parece que nos invade el sistema productivo oriental,  asegura que “hasta los chinos de Alcobendas me hacen pedidos”. Su cartera de clientes supera los trescientos. Trabaja, directa o indirectamente, para empresas como Securitas Direct,  Coca-Cola, Mahou o Telefónica y ha hecho campañas publicitarias de todos los estilos. “A todo el mundo que conozco, le hablo de mi pueblo, de Trillo”, explica. En su nueva sede de Alcobendas emplea a cinco personas repartidas en  dos turnos, que llegan a ser más cuando hay picos de trabajo.

Algunos de los mejores fuegos artificiales de la provincia también llevan su firma. Las fiestas de Trillo, Cifuentes, Sacedón, Jadraque, Alcobendas y de muchos pueblos de la Sierra de Madrid, Toledo y Segovia se valen de la pólvora que Antonio lleva dentro para poner el broche de oro a cada edición y despedirlas hasta el año siguiente. “El negocio de los fuegos artificiales está basado en la confianza, porque sólo se sabe si han sido buenos o malos cuando se han disparado”, opina. Para él la clave del negocio está en la formalidad. “Si me comprometo, cumplo. Se hace más ganando poco muchas veces que no engañando a la gente una sola. Para mí nunca hay nada imposible. Si alguien me pide algo,  siempre digo que sí. Y luego le doy vueltas a la cabeza para llevarlo a cabo en tiempo y forma. El éxito es trabajar bien y puntual. Si es para hoy, es para hoy. No vale mañana”, asegura.

Una de sus últimas innovaciones como empresa son los encierros de carretones y los muñecos televisivos. Los niños siguen embelesados este espectáculo que ya se ha hecho insustituible en muchos pueblos. Desde luego no será la última. “Tengo más cosas en mente. Quiero importar textil o productos para venderlos en exclusiva en España, desde China, India o Alemania. Estoy bordando trajes de torero en miniatura, quiero hacer capotes…Cada noche se me ocurre una cosa”. Para “El Mota”, siempre hay tiempo para empezar de nuevo. Lo ha hecho muchas veces en su vida, y seguro que lo volverá a hacer.