Respeto, devoción y brillantez en la decimoctava representación de la Pasión de Cristo en Trillo

Su interpretación fue sobresaliente, sin duda, una de las mejores de la ya larga historia de la Pasión trillana. A continuación, el Vía Crucis y sus catorce paradas, en el que resaltan los diálogos y el mensaje que deja cada estación. La adaptación de los textos evangélicos es obra de Santiago Jiménez, el párroco local.
En la primera estación, aún dentro de la iglesia, declama Juan Alberto Moreno (Poncio Pilatos). Allí echa en cara a los Sumos Sacerdotes la corrupción que han sembrado en el pueblo para que pidan la pena de muerte para Jesús. Terminada esta estación el público sale del templo y emprende el camino hasta el calvario adonde Cristo es crucificado.
Cada estación es un diálogo entre Jesús y el participante correspondiente, excepto la duodécima, en la que hay un monólogo. Quienes participan opinan en común que la estación que más impresiona al público es la novena. En la mañana del viernes Ernesto Lorenzo (Jesucristo) hizo aflorar de nuevo las lágrimas en los rostros de los fieles. Si los participantes dicen que la estación que más impresiona es la novena, sin duda alguna es porque en ella se ve el cambio que se ha producido en Miguel Ángel Batanero (Simón Cirineo), que en la quinta estación rechaza la Cruz, diciendo a los soldados que la lleven ellos que la han fabricado. En cambio, en la novena el Cirineo se enfrenta con los mismos soldados, dando la cara y defendiendo a Jesús. Momento importante también es el diálogo que en la undécima estación Jesús mantiene con Dimas, el buen ladrón.
Terminado el Vía Crucis, los fieles tomaron el Santo Sepulcro, que esperaba en la ermita de San Roque. Santiago Jiménez tomó la palabra para agradecer una vez más el esfuerzo realizado a todos los participantes y para pedir a los asistentes el aplauso merecido al que se hizo acreedora la decimoctava representación. Después del refrendo de los feligreses, un grupo de jóvenes costaleros acarrearon el Santo Sepulcro hasta la Iglesia para celebrar por la noche la procesión del Santo Entierro, en la que se llevan las imágenes a sus respectivas ermitas, el Nazareno y Santo Sepulcro a la ermita de San Juan y la Soledad a la ermita de la Soledad. Al terminar los actos religiosos, el Ayuntamiento invitó a todos los participantes a un aperitivo generoso en reconocimiento de la labor de mantenimiento de las costumbres y tradiciones locales que hacen quienes participan en la Pasión.