Se cumplen 70 años de la mayor crecida del Tajo que recuerdan los trillanos

El proceso suele ser el mismo. “Primeramente nieva. Cuando se pone el tiempo de blandura y empieza a llover, a las veinticuatro horas tienes la riada en el puente. Suele durar un par de días”. Lo dicen las voces de la experiencia trillana, que llevan muchos años viendo pasar el Tajo. También tienen mucho que decir sobre el color del agua. “Si es marrón oscuro, lo que baja viene de Tierra Molina, si es blanco, de río Ablanquejo”, explican.
Así paso a final de año 2009. Los copos blancos se tornaron en agua de repente. La cota del río comenzó a subir hasta alcanzar niveles desconocidos desde el año 1996, cuando la crecida saltó, por poco, a la calle de La Tajonada. No llegó a tanto en aquella ocasión, y, sin salirse de su cauce en ningún momento, los días 30 y 31 de diciembre de 2009 el agua estuvo en algunos puntos a un metro del tope del muro de contención que enclaustra el paso del río. A los pocos días, el Tajo volvía a ponerse serio, inundando por segunda vez el paraje de La Isla que en el verano se convierte en coso de las Vacas trillanas en lo que después se convirtió en tónica frecuente en el mes de enero, ahora hace un año.
Echemos un vistazo a los datos. El 15 de enero de 2010, y según la medición que el Sistema Automático de Información Hidrológica del Tajo (SAIH Tajo) efectuaba en el azud de Trillo a las 8:00 horas de la mañana, pasaban 115 metros cúbicos por segundo de agua cuando, por dar otra referencia, el 22 de diciembre de 2009 el caudal era de tan solo 6 metros cúbicos por segundo. El apunte máximo de la temporada fue medido por el SAIH el día 30 de diciembre de 2009 a las 18:00 horas de la tarde. El caudal alcanzó entonces los 190 metros cúbicos por segundo. Después de aquellos primeros días de 2010 el río no volvió a bajar con tanto caudal en todo el año.
La referencia de otras grandes avenidas que, aquellas sí, desbordaron el río con creces, datan del los años 1965, 1955, y la más virulenta de todas, correspondiente al año 1941, fecha en la que el Tajo entraba sin piedad en el casco urbano de Trillo. “Estas de ahora no son nada comparadas con aquella de después de la Guerra. Llegó al cuarto escalón de las casas en la calle de la Tajonada”, cuentan los abuelos. Entonces no había muros de contención y los vecinos no tuvieron más remedio que huir de sus viviendas. La prueba de lo que dicen está en la casa  de Bernardino López. “Desde el fondo del río hasta donde llegó, hay 5 metros de altura”, asegura señalando en la pared de su casa una marca que acaba de cumplir setenta años el pasado día 24 de enero. Afortunadamente, nadie recuerda desgracias personales provocadas por la fuerza de la corriente. “Solamente una vez encontraron a un señor ahogado. Era un enfermo del Sanatorio Leprológico que se tiró al río. Sacarlo le costó la salud un tiempo al que lo hizo”, cuentan. Tal fue el susto que llevó.
Alguna vez también ha sido el Cifuentes el rebelde, pero por motivo de las tormentas y en otras épocas del año. “Se desbordaba desde donde sueltan los toros en la fiesta, y alguna vez hemos visto  bajar el agua por la Calle Mayor”, terminan los abuelos trillanos.