Reportajes FITUR: Trillo: El camino del Vivero

El agua dulce también tiene remansos de paz que reducen a las personas a la mínima expresión, abrumadas por el entorno maravilloso. En Trillo se puede experimentar una sensación parecida a la de adentrarse en el mar abierto.

Al final de la calle de los Jardines, cuando el asfalto se convierte en tierra, comienza el llamado Camino del Vivero, llamado así porque tiempo atrás hubo allí un criadero forestal del ICONA, que ya no es tal. Empieza a partir de allí un juego de rutas y río que entrelazan desordenadamente los verdes, azules y ocres en dirección a una lejana  presa de Entrepeñas. Es conocido técnicamente con el prosaico nombre técnico de SL-3, aunque mejor llamémosle del Vivero. Une Trillo con la Ermita del Montealejo. Su recorrido no supera los 10 kilómetros, y perfectamente se puede realizar en bicicleta de montaña, corriendo o paseando tranquilamente. Además, la inmensidad del paisaje propone opciones que salen al paso del caminante, deportista o fotógrafo. Sus ramales pueden conducirle desde el cauce del Tajo hasta Azañón, hasta las Tetas de Viana, hasta la Ermita de la Montealeja, que es el itinerario señalizado, o  hasta La Puerta.  El trazado permite al viajero eso que ahora se llama hacer rutas temáticas, emparentadas con la botánica, la cultura o la arqueología. El camino está bien señalizado, con los colores blanco y verde, y con estaciones que describen de forma precisa fauna y flora. Es una buena alternativa para urbanitas que se inician en el senderismo, por su corto recorrido y porque ofrece diferentes posibilidades para el fin de semana. Por supuesto, no es menos recomendable para los trillanos. Quizá algunos no lo hayan seguido nunca hasta el final, o no conozcan sus maravillas en la primavera, cuando el blanco de la nieve estalla en verdes de todos los tonos y matices.

Normalmente los caminos te acercan a algún sitio. En éste se da el caso contrario. Seguirlo es alejarse del mundanal ruido para darse de bruces con el pantano de Entrepeñas, con la certeza de que, dependiendo de el día que uno elija para seguirlo, puede llegar a ser el único ser humano en kilómetros a la redonda. El capricho de los meandros del Tajo descoloca. A un lado las Tetas de Viana y al otro el vapor humeante de las torres de la Central sirven para no perder el norte. Desde arriba, en ese delicioso tramo del Tajo en el que cauce y camino juegan como dos adolescentes enamorados puede observarse con perfección hasta dónde el gran río quiso subir un día. Su estatura, según cuentan los mayores del lugar, se elevó decenas de metros por encima de la actual. Dicen también que algún año, cuando fueron a la Ermita de la Montealeja a la Romería de mayo, vieron llena la inmensidad de Entrepeñas. Debió ser allá por 1970, esa década ahora tan de moda. Hace ya más de 11 años que el pantano llegó a alcanzar un buen nivel. En el año 1998 se estuvo cerca del lleno. Ahora, donde los mapas dicen que hay azul, el agua no refleja con precisión lo que dice la leyenda.
En cada recodo del camino hay una panorámica del río distinta. Quien decida hacer el recorrido con una cámara de fotos en la mano verá los cortados calizos en los que anida el abejaruco, verá las panzas del Tajo de mil maneras, experimentará el delicioso olor del campo florecido, de la jara, del tomillo, del cantueso. Podrá, probablemente, avistar varios tipos de aves, ver algún ciervo o algún jabalí. Y cuanto más siga adelante, más le invadirá la sensación de ser único en mitad de la belleza. Si al fin el camino lleva al viajero hasta la Ermita del Montealejo, la pradera es deliciosa, llena de encinas protectoras al amparo de cuya sombra echar mesa y mantel, o simplemente una cabezada. A pie, en coche o andando, sólo o en compañía, haciendo deporte o simplemente caminando, el espíritu de quien quiera seguir el curso del agua verde del Tajo seguro que vuelve un poquito más colmado. A partir del comienzo de abril, y tan lejos como se quiera, el Camino del Vivero siempre podrá llevarnos a ninguna parte, y quizá por ello, al centro de nosotros mismos.