Ustedes perdonen

Un letrero de protesta contra el trasvase Tajo-Segura, en las cercanías de Sacedón. // Foto: R.C.

Una reflexión que quiero compartir con mis paisanos de Guadalajara, sobre todo, con quienes tienen proyección pública, y no me refiero solo a los políticos. No va contra nadie, sino a favor (humildemente) de agitar conciencias.

La triple derivación de 60 hm3 en total acordada hoy por la comisión técnica que explota el trasvase, y que ejecutará la ministra de Medio Ambiente, es una decisión legal que atenta contra el ecosistema del Tajo y que vuelve a demostrar lo poco que le importa al Gobierno no ya el estado de conservación de este río, sino el desarrollo de la comarca de cabecera. La cosa está clara desde hace mucho tiempo: importan más los cuantiosos votos que están en juego en el Levante que los cuatro gatos que quedan en Castilla. La cuestión que merece la pena plantearse a estas alturas es si hay que pasar página o seguir manteniendo la ficción de una reivindicación condenada a darse de bruces contra la ley, el oportunismo partidista y una opinión pública nacional convencida de la insolidaridad de una tierra que lleva 39 años soportando la sangría del trasvase. Quizá por eso merece la pena aplaudir a quienes esta tarde se han manifestado en Toledo y Talavera. No han sido actos multitudinarios, pero al menos dejan constancia del enfado en la cuenca del Tajo. En Guadalajara nadie ha movido un músculo. Ni en los pueblos ribereños ni tampoco en la capital. Cero protestas. Cero movilizaciones.

Como en cualquier otro orden de la vida, uno tiene que ser consciente de las fuerzas propias a la hora de plantar batalla. Y aquí las fuerzas, obviamente, son exiguas. Lo que resulta oneroso es bajar los brazos y acolcharse en la resignación. Quizá es inevitable. Puede ser. No lo sé. Lo que sé es que es muy difícil trasladar la indignación de Guadalajara y Cuenca en Madrid cuando, ante un pisoteo y un ninguneo tan flagrantes, la reacción inmediata se limita a las quejas -honrosas, respetables, excepcionales- de las pocas personas que en nuestra provincia han hecho del Tajo un valiente y justificado casus belli. Desde luego que cada uno puede hacer y decir lo que quiera, faltaría más. Y ya sé que el peso del caciquismo, el olvido y la despoblación es alargado. Pero tal vez procede un ejercicio de introspección. Es fácil defender a Guadalajara colgando memes en las redes sociales, asistiendo al tripeo de Fitur o presumiendo de lo ricos que están los bizcochos borrachos. Lo difícil es dar un paso adelante y mojarse. La responsabilidad de los ataques que recibe esta tierra es de quien los perpetra. En cambio, la responsabilidad de que les salgan tan baratos, y tan silenciosos, es de quien los acepta con una mezcla de sumisión y mansedumbre. Podemos seguir echándole la culpa al centralismo, a los murcianos o a los pérfidos catalanes. Mientras todo esto se siga haciendo desde el sofá, no dejará de ser un fustigante ejercicio de flagelación y victimismo. Y, además, estéril.

Ustedes perdonen.

Raúl Conde

Periodista. El Espanyol es mi tormento y los Ribera del Duero, mi debilidad. «Cultura, justicia, libertad» (Azaña).