Batalla de Guadalajara, acontecimiento clave

Dos milicianos republicanos delante de la iglesia de San Felipe. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla)
Dos milicianos republicanos delante de la iglesia de San Felipe. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla)

Muchos hemos oído hablar de ella. Pero, en realidad, muy pocos son conscientes de lo que realmente significó para la historia de nuestro país. Sus consecuencias impactaron directamente en el devenir de la Guerra Civil. Pero, ¿de qué estoy hablando? ¡Efectivamente! De la Batalla de Guadalajara, que tuvo lugar entre el 8 y el 23 de marzo de 1937, y que supuso una importante victoria para las tropas democráticas.

Los dos bandos en liza estaban muy bien definidos. De un lado, el gobierno constitucional de la Segunda República, representado a través del Ejército Popular. Y, de otro, los sublevados, en cuyo nombre lucharon el Corpo Truppe Volontarie (CTV) italiano y las tropas franquistas –a través de la División de Soria–. En este enfrentamiento intervinieron algunos de los nombres más reconocidos de la historia reciente de España. Entre los mandamases democráticos se encontraron Vicente Rojo, Enrique Líster o Cipriano Mera. Mientras que por el lado rebelde se debe mencionar a José Moscardó o a Mario Roatta.

Avance italiano por la carretera de Francia. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla)
Avance italiano por la carretera de Francia. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla)

La movilización fue impresionante. Miles de hombres lucharon en esta batalla. Por no hablar de los medios materiales dispuestos. La aviación y la artillería se emplearon a fondo durante estas semanas. Incluso, los elementos motorizados también fueron de gran relevancia. Tanques o camiones protagonizaron un cuerpo a cuerpo que tuvo innumerables consecuencias, tanto en el campo de lucha como en la estrategia bélica. A partir de este acontecimiento, los combatientes se dieron cuenta de que se enfrentaban a una contienda civil con todas sus consecuencias.

“Hasta ese momento, en el bando rebelde pensaban que se encontraban ante un pronunciamiento militar clásico, en el que una parte del ejército se sublevaba, se hacía con el control, invadía Madrid y formaba gobierno”, explica el historiador Juan Pablo Calero Delso, especialista en la materia. “Pero la Batalla de Guadalajara dejó en evidencia que, en realidad, se enfrentaban a una guerra civil”, añade.

Además, los franquistas vieron frustrada su estrategia inicial, basada en la toma de la capital española. “Los nacionales, tras varios fracasos, trasladaron su esfuerzo hacia Guadalajara, con el fin de hacer avanzar el frente en ese sector hasta las puertas de Madrid”, indicaba el historiador José Miguel Campo Rizo. “De esta forma, la ciudad quedaría embolsada”, añadía.
Pero tras la derrota de Guadalajara, los fascistas tuvieron que cambiar otra vez de estrategia. No pudieron invadir la capital española tan pronto como pensaban. Habían minusvalorado la potencia de las tropas democráticas. Por tanto, tuvieron que corregir su táctica original. Se enfocaron en el Frente Norte. Allí se dirigieron sus nuevos esfuerzos…

La artillería recoge material tras un ataque. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla
La artillería recoge material tras un ataque. (del libro Guadalajara 1937. Testimonios de una batalla)

Mañana en la batalla…
Pero, ¿cómo se desarrolló el enfrentamiento en la Alcarria? “La ofensiva italiana debía consistir en una violenta y rápida rotura de la línea, por la que penetraría el CTV en progresión celere a través de la carretera Madrid-Guadalajara-Zaragoza”, señalaba Campo Rizo. Sin embargo, las condiciones meteorológicas fueron muy duras. Algo que las escuadras fascistas no tuvieron en cuenta. “La deficiencia en sus ropas de abrigo y el hecho de que las cocinas estuvieran muy en retaguardia, impidiendo que la tropa comiese caliente en aquellas circunstancias –se preveía un enfrentamiento de corta duración–, fueron factores claves para el decaimiento moral de las fuerzas italianas”, se narraba en La Guerra en torno a Madrid (1936-1937): una nueva interpretación sobre la Batalla de Guadalajara.

Así, progresivamente, se fueron complicando los deseos iniciales de los atacantes. El CTV pretendía, a través de un ataque combinado, abrir una brecha en las posiciones republicanas, y de esta forma rodear la capital española por el flanco noreste. Lo que, evidentemente, implicaba hacerse con Guadalajara o Alcalá de Henares. Sin embargo, varios factores –a los que se unieron las ya mencionadas condiciones meteorológicas– se lo impidieron.

Acto de conmemoración de la Batalla de Guadalajara. (Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara)
Acto de conmemoración de la Batalla de Guadalajara. (Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara)

“Al inicial avance arrollador italiano de los días 8 a 11 de marzo, siguió un andante ma non troppo de unas unidades enterradas en el fango alcarreño, bajo la lluvia y las ametralladoras de los cazas republicanos. Mientras tanto, la Aviazione Legionaria no pudo despegar de sus pistas embarradas”, describía el historiador Campo Rizo.

La aviación rebelde vio cómo su base más próxima, emplazada en Soria, quedaba inutilizada. Al no estar pavimentada, las lluvias hicieron de las suyas. En consecuencia, la pista de despegue más cercana que poseían estaba en Zaragoza, a más de 200 kilómetros… Frente a esta situación, los republicanos contaban con aeródromos más cercanos y mejor preparados, ubicados en Guadalajara, Barajas y Cuatro Vientos.

Además, hubo otros errores tácticos por parte de las tropas fascistas. Entre ellos, la no ocupación de las alturas del valle durante la invasión de Brihuega, perdiendo una posición estratégica clave. Tampoco se hicieron con el control del bosque de Torija, que cayó en manos del bando democrático, y que, así, tuvo vía libre para atacar la retaguardia italiana.

Por no mencionar otros problemas materiales que sufrieron los sublevados. Por ejemplo, manejaron tanques pequeños que no contaban con cañones –sólo tenían ametralladoras– y que, además, iban a ruedas. “Descubrieron que este tipo de maquinaria militar debía moverse con «oruga», como así hacían los modelos soviéticos”, relata Juan Pablo Calero Delso.

Acto de conmemoración de la Batalla de Guadalajara. (Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara)
Acto de conmemoración de la Batalla de Guadalajara. (Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara)

A todo ello se debe unir el incumplimiento del compromiso franquista de colaborar con las tropas italianas. “Si bien consideramos que la responsabilidad inmediata de la derrota correspondió a los errores tácticos del mando del CTV, también achacamos una parte importante de la responsabilidad al general ferrolano”, señalaba José Miguel Campo Rizo.
Situación que pudo derivarse de “una errónea consideración del número y poder combativo de las fuerzas republicanas”, que se demostraron muy efectivas. “Desde el punto de vista de la historia bélica, esta batalla fue una actuación combinada muy eficaz del uso de infantería, de carros de combate y de la aviación democrática”, explica el historiador José Ángel Morales.

En este contexto, las tropas democráticas lanzaron su contraofensiva. Lo hicieron a mediados de marzo de 1937. Para ello, se sirvieron de diferentes divisiones del Ejército Popular, de Brigadas Internacionales, de tanques soviéticos, de artillería de sus rivales del CTV e, incluso, de efectivos aéreos… Obtuvieron buenos resultados. Consiguieron una política de desgaste sobre las tropas fascistas, que en ese momento no contaban con el apoyo aéreo. Por tanto, lograron afectar a parte de la maquinaria sublevada. E, incluso, entorpecieron la red de abastecimiento de los rebeldes, gracias a la afección de infraestructuras en Alcolea del Pinar.

Ante la nueva evolución de los acontecimientos, el general Roatta intentó reaccionar, pero le fue imposible. La acción de las fuerzas republicanas, unida a la persistencia de las malas condiciones meteorológicas, provocó que las tropas franquistas y del CTV tuvieran poco margen de maniobra. El 13 de marzo, un ataque envolvente de los demócratas hizo retroceder a los sublevados. Hasta el 18 los frentes se mantuvieron estáticos. Pero “las unidades italianas fueron desmoralizándose bajo la lluvia, el frío, la acción enemiga y el hostigamiento de los tanques, la infantería y la artillería republicana”, explicaba el historiador Campo Rico.

El 18 de marzo tuvo lugar un contraataque general del Ejército Popular, que provocó la retirada de las escuadras itálicas que apoyaban a los fascistas. “Se derrumbaron en la hondonada de Brihuega y emprendieron una retirada desordenada, con la excepción de la División Littorio, que sí lo hizo de forma más estructurada”, indicaba Campo Rizo. Hasta el 23 de marzo, los republicanos fueron recuperando posiciones.

Una victoria en la que, según el historiador Juan Pablo Calero Delso, también influyeron tres aciertos de las tropas democráticas. En primer lugar, la resistencia de los campesinos de la provincia. “Mantuvieron el tipo desde el primer momento, defendiendo la zona y retrasaron el avance de los rebeldes”, explica. Además, menciona “la respuesta preparada por el general Vicente Rojo, quien organizó una contraofensiva muy brillante”, índice el historiador. Y, en último lugar, señala la buena aplicación de estos planes militares.

Las consecuencias de una derrota
Uno de los primeros resultados de esta derrota fue la reorientación de la estrategia bélica de los fascistas. “Madrid dejó de ser el objetivo prioritario. A partir de este momento, las tropas rebeldes se centraron en el Frente Norte, al asumir que se enfrentaban a una guerra larga y complicada”, explica Juan Pablo Calero Delso. “Las metas, la táctica, la estrategia, la estructura militar… Todo cambió a partir de la Batalla de Guadalajara”, agrega.

Además, también hubo transformaciones en las filas sublevadas. “Este acontecimiento obligó a Franco a reconstruir el ejército italiano en España”, comenta Pedro García Bilbao, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). De esta forma, las tropas itálicas se volvieron “más eficaces, convirtiéndose en un elemento clave en el triunfo rebelde final”.

Pero, ¿qué hubiera pasado si el resultado hubiese sido otro? Las cosas habrían sido muy diferentes. Así lo cree García Bilbao. “Los acontecimientos se habrían precipitado, entre ellos, la caída de Madrid”, asevera. “También habría supuesto un reforzamiento de la influencia de Mussolini dentro del régimen franquista e, incluso, una alteración de las fuerzas dentro del bando sublevado”, confirma.

– Pero, ¿cómo habría sido posible todo esto? –pregunta el periodista.
– Hay que tener en cuenta que durante el mes de la batalla se estaba produciendo una lucha entre Manuel Hedilla y Franco por el control de la Falange –explica el docente–. Un triunfo italiano asociado a la caída de Madrid habría influenciado en esa lucha. Pero como el CTV salió derrotado de Guadalajara, se mantuvo la situación previa.

Sin embargo, los republicanos no supieron aprovechar este éxito. “No pudieron avanzar hacia la retaguardia enemiga, por lo que la situación estratégica permaneció estable”, añade García Bilbao. “Si hubiera habido tropas de refresco, podrían haber llegado hasta Alcolea del Pinar, tomar la carretera de Molina y, de esta forma, alcanzar la retaguardia aragonesa”, describe.
En cualquier caso, la relevancia de esta batalla fue fundamental para el gobierno democrático.

“Guadalajara representó la visualización de que la Segunda República había conseguido construir un ejército capaz de tener éxito ante una paridad de medios”, explica el profesor de la URJC. “Además, esta victoria proporcionó mucha moral”, agrega el docente.

La plaza de Torija, bombardeada por la aviación nacionalista. Testimonios de una batalla
La plaza de Torija, bombardeada por la aviación nacionalista. Testimonios de una batalla

Y la población civil, ¿qué?
Sin duda, el mencionado acontecimiento tuvo una gran relevancia para la Guerra. Pero, ¿qué pasó con la ciudadanía? “Sufrió mucho por diversos motivos”, expone García Bilbao.

“Guadalajara capital estaba llena de refugiados de toda la provincia”, confirma. Además, muchas poblaciones tuvieron que ser evacuadas. “Hay algunos pueblos que todavía hoy no se han recuperado, como Valdeancheta, abandonado tras la Guerra al ser completamente destruido”, dice el profesor de la URJC. “Se produjo una gran destrucción, sobre todo en la retaguardia”, complementa José Ángel Morales. Y destaca el caso de Trijueque, que “estuvo sometido a la artillería”.

Pero tampoco se debe pasar por alto la importante represión que se produjo. Un ejemplo fue Brihuega. Cuando los efectivos fascistas tomaron la villa, emprendieron una dura persecución contra de los disidentes. “Este municipio se había caracterizado por un movimiento anarcosindicalista muy importante, siendo reprimido por los ocupantes fascistas”, rememora José Ángel Morales. “La coacción que realizaron los rebeldes cuando entraron en las diferentes localidades fue bastante sangrienta”, confirma Juan Pablo Calero Delso.

La importancia de la memoria
Por tanto, nos encontramos ante un acontecimiento histórico de relevancia. Pero que, a pesar de ello, no se ha reconocido lo suficiente. “No se ha puesto en valor ni durante el Franquismo ni a lo largo de la primera parte de la Transición”, denuncia Calero. “Pero claro, no deja de ser una derrota del bando que ganó la Guerra”, se lamenta. “En otros países europeos no ocurre esto, porque se construyeron desde el antifascismo. Incluso en Francia, que sufrió un régimen colaboracionista, el nuevo sistema se edificó sobre la resistencia”, añade.

– Entonces, ¿qué se debe hacer para recordar hechos como el analizado? –pregunta el cronista.

– Hay que recordar la batalla en todos los pueblos afectados –responde el historiador Calero Delso–. Debería haber lugares de memoria.
Poco a poco van apareciendo iniciativas en este sentido. El museo briocense, por ejemplo, ha destinado un espacio al mencionado acontecimiento. Además, a inicios de este mes de marzo se organizaron una serie de propuestas –impulsadas por el Foro por la Memoria– sobre dicho evento histórico. Se trató de la VII Marcha memorial: “Batalla de Guadalajara”, una iniciativa que se extendió durante dos días –el 9 y 10 de marzo–. En la misma participaron expertos en la materia –como Pedro García Bilbao– e intervinientes en aquel acontecimiento históricos. Entre ellos, Virgilio Fernández, un brigadista mexicano de 99 años que viajó expresamente desde el Distrito Federal para acudir evento. Fernández llegó a ejercer de sanitario durante la contienda, y durante el acto solicitó que no se perdiese la memoria de la historia.

No en vano, esta batalla tuvo una gran importancia a nivel nacional e, incluso, internacional. “Poseyó el sentido moral y simbólico de haber sido la primera derrota del fascismo militar”, confirma el historiador José Ángel Morales. “Hay que tener en cuenta que los regímenes totalitarios y autoritarios de corte nacionalista –como la Alemania nazi o la Italia de Mussolini– llevaban extendiéndose desde la década de 1920 sin ningún tipo de oposición. Y crecían, además, en países industrializados y con un movimiento obrero y popular más fuerte que en España”, complementa Juan Pablo Calero Delso. “La primera vez que se planta cara a este proceso –y, además, de manera victoriosa– fue en Guadalajara”, declara.

Por tanto, eventos importantes como el sucedido en la provincia en 1937 se deben valorizar. Al fin y al cabo, “la Segunda República fue una experiencia democrática de gobierno. Y, en este sentido, la España actual se debería sentir identificada con aquellos que defendieron el mencionado sistema, aun con sus errores, que también los tuvo”, indica el historiador Juan Pablo Calero. “Debemos reconocer que quienes ganaron en la Batalla de Guadalajara son los que defendían un modelo político democrático como el que tenemos”, añade.

En definitiva, la historia se debe conocer y valorar. Sin ella, no se puede comprender el presente. Por esta razón, es tan importante señalar la relevancia de acontecimientos como la Batalla de Guadalajara. Porque, de esta forma, se comprende un poco mejor la historia de España y, sobre todo, se concientiza socialmente sobre quiénes eran y qué representaban cada uno de los bandos que se enfrentaron en la contienda. Se trata de memoria colectiva. Porque, como dice la sentencia –atribuida a George Santayana–:

«Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo»

Bibliografía.
Campo Rizo, José Miguel, “La Guerra en torno a Madrid (1936-1937): una nueva interpretación sobre la Batalla de Guadalajara”, Madrid: Revista de arte, geografía e historia, 2, 1999, pp.: 517-548.
Julio Martínez

Historiador y periodista, especialista en comunicación ambiental y en Masonería mexicana. El reporterismo es mi vocación. Ahora informando desde Guadalajara. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 1867).