Palacio de los López-Montenegro, erigido en Milmarcos, en el Señorío de Molina.
Palacio de los López-Montenegro, erigido en Milmarcos, en el Señorío de Molina.

Las recias tierras del Señorío de Molina guardan muchos e interesantes atractivos para el que viaja a estos páramos. Desde castillos, que con mayor o menor fortuna se mantiene en pie, pasando por iglesias grandes y pequeñas, ermitas diseminadas por toda la comarca, valles, barrancos, ríos y arroyos. En este elenco patrimonial hay que incluir también a las casonas molinesas, que dan fama a la comarca y vertebran su arquitectura popular. Se trata de construcciones hechas para demostrar el poderío económico de unas familias que, o bien tenían grandes extensiones de terreno o muchas cabeza de ovejas merinas, o bien disponían de títulos o estudios que les permitía sobresalir sobre el resto.

Las Casas Grandes o casonas están diseminadas por casi todos los pueblos del Señorío. Unas más grandes que otras, o más esbeltas, pero todas testigos de la Historia de la Tierra de Molina. El censo principal de casonas se establece principalmente en la zona del Sexmo del Campo, y se localizan en los pueblos de Tartanedo, Hinojosa, Milmarcos, Tortuera o Campillo de Dueñas. Una de las más hermosas es la Casa Grande de Valhermoso, ubicada en la Sexma del Pedregal; si bien también sobresale la Casa Fuerte de la Vega de Arias, en las cercanías de Tierzo, y en la que, según la leyenda, descansó el Cid.

Quizá uno de los pueblos que más casonas registra por metro cuadrado sea la localidad de Milmarcos. Quizá por ello es el exponente máximo de este tipo de arquitectura. Milmarcos fue un pueblo rico y con una actividad predominantemente ganadera, ya que por su término pasaban varias rutas de trashumantes de ganado. Dispuso de ferias de ganado y de hortalizas y, en función de su enclave estratégico, alcanzó cierta importancia entre los pueblos del Señorío, especialmente, en la Sexma del Campo.

Palacio de los García Herreros, otra de las casonas de Milmarcos.
Palacio de los García Herreros, otra de las casonas de Milmarcos.

Llegados a la plaza de Milmarcos nos sorprende la bella silueta de la iglesia parroquial dedicada a San Juan Bautista. Es un edificio renacentista del siglo XVI compuesto por una sola nave y con un interior de gran riqueza ornamental y decorativa. Frente a ella se haya el bello edificio del ayuntamiento, grande e imponente, mandado construir por Carlos II en el siglo XVII. Y a un lado de la plaza se erige la casona de los López Montenegro, obra del siglo XVII, en la que destacan sus espectaculares rejas de forja.

Un mapa situado en la Plaza Mayor nos encamina a todas las casonas de Milmarcos. Desandando por la calle Valencia, que conduce hasta la plaza, podemos admirar los restos de la casa de los López Oliva con una puerta en dintel y un escudo en la parte superior. Ya de regreso al centro buscamos la Plaza de la Muela. En sus aledaños el viajero hallará detalles dignos de admirar y fotografiar. Por un lado, la bella estampa de la ermita de la Muela (siglo XVII), que goza de una antiquísima tradición en Milmarcos. Por otro, el antiguo Teatro Zorrilla, que antaño tuvo su esplendor y ahora recuperado. Frente a la ermita la se encuentra la casa de los López-Celada-Badiola, con escudo tallado sobre la misma puerta de medio punto.

En la calle Zaragoza, surge la casona de los Angulo, que es conocida como la “posada vieja”, muy restaurada pero que guarda un interesante escudo sobre su puerta. Callejeando llegamos a las Casa de la Inquisición, que aún conserva su encanto con el escudo del Santo Oficio sobre la puerta de buen sillar tallado. Tras descender hacia la plaza, el viajero alcanzar primero el lavadero y luego la antigua fábrica de harinas, un edificio moderno. En las calles aledañas, la de Soria y la del Collado, también hay casonas que mantienen su esplendor, incluida la antigua botica.

Ya de regreso a la Plaza de España nos encaminamos por la calle Jesús hasta la ermita de Jesús Nazareno. Pero antes nos vamos a detener para admirar la que es quizás unas de las mejores casonas molinesas y, sobre todo, la más importante de Milmarcos: El palacio de los García Herreros. Este inmueble del siglo XVIII se encuentra bien conservada y dispone de una fachada monumental dividida en tres cuerpos horizontales. En su centro se sitúa la fachada portalada, con un balcón representativo, y en su dintel se exhibe el gran escudo hidalgo de la familia.