
El calentamiento global es un problema que padecen todos los hábitats del planeta. El equilibro existente en los mismos se está viendo afectado por un cambio climático planetario que tiene un claro origen antrópico. Uno de los casos más evidentes se observa en los manglares, clasificados “entre los ecosistemas más vulnerables de la banda tropical/subtropical”, aseguran Alejandro Yáñez–Arancibia, John W. Day, Robert R. Twilley y Richard H. Day, en «Manglares: ecosistema centinela frente al cambio climático, Golfo de México».
La FAO estima que, a nivel mundial, existe una cobertura de más de 17 millones de hectáreas de este entorno natural. Algunas de las formaciones más relevantes del mismo se pueden encontrar en México. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) del país azteca establece una extensión de más de 700.000 hectáreas de manglares para todo el territorio nacional, extendiéndose, en mayor medida, por Campeche, Quintana Roo, Yucatán y Sinaloa, que ocupa el cuarto lugar, con un poco más de 80.000 hectáreas.
En el territorio mexicano predominan cuatro variedades de este bosque: el Rhizophora mangle (mangle rojo); la Laguncularia racemosa (mangle blanco); la Avicennia germinans (mangle negro); y el Conocarpus erectus (mangle botoncillo). Todas ellas se encuentran sujetas a protección especial, de acuerdo a la NOM059-SEMARNAT–2001. “Es común encontrarlas asociadas, pero estableciendo la dominancia de una especie, dependiendo del lugar en donde se hayan asentado”, confirman desde la Universidad Autónoma Indígena de México.
En cualquier caso, “son ecosistemas sumamente valiosos para las poblaciones humanas, ya que generan una gran variedad de servicios ambientales, como el control de erosión, la provisión de hábitats para especies de importancia pesquera, la purificación del agua, la propiciación de fuentes renovables de madera y un alto valor estético–recreativo para actividades económicas, como el ecoturismo”, confirman desde la CONABIO.

La importancia del ecosistema
Pero, ¿en qué consisten los manglares? Se constituyen como “comunidades vegetales halófitas, arbustivas o arbóreas, típicas de las zonas costeras tropicales y subtropicales”, explican Emilio Romero Berny, Cristian Tovilla Hernández, Nuria Torrescano Valle y Birgit Schmook, en «Heterogeneidad estructural del manglar como respuesta a factores ambientales y antrópicos en el Soconusco, Chiapas, México». “Estas plantas comparten adaptaciones morfológicas y fisiológicas que les permiten desarrollarse en suelos frecuentemente anaeróbicos, ricos en materia orgánica y con acentuada fluctuación hidroperiódica”.
Se alzan como “una formación leñosa, densa, frecuentemente arbustiva o arborescente de dos a 25 metros de altura, compuesta de una o de unas cuantas especies de fanerógamas, casi sin plantas herbáceas y sin trepadoras, rara vez con alguna epífita o parásita”, explica Jesús Manuel Díaz Gaxiola, en «Una revisión sobre los manglares: características, problemáticas y su marco jurídico. Importancia de los manglares, daños de los efectos antropogénicos y su marco jurídico: El caso del sistema lagunar de Topolobampo».
Estos ecosistemas crecen en las zonas costeras tropicales y subtropicales, siendo “inundados por las mareas con aguas marinas o estuarinas –«salobres»–, sin casi influencia del oleaje, por lo que su hábitat se restringe a las orillas de suelos arenosos o limo–arcillosos de bahías, lagunas costeras, canales de mareas, desembocaduras de ríos, bajos y barras de arena o lodo y marismas, abarcando desde una estrecha franja de pocos metros de ancho, hasta densos bosques de cientos de hectáreas”, añade Díaz Gaxiola. Así, su distribución depende “del intervalo de las mareas, del declive topográfico y de la salinidad del agua y el suelo”.
Además, “la ubicación de estos humedales forestados en la interfase tierra–mar permite ligar el ambiente marino–costero con el paisaje terrestre–costero”, explican Alejandro Yáñez Arancibia, Robert R. Twilley y Ana Laura Lara-Domínguez, en «Los ecosistemas de manglar frente al cambio climático global». “Los manglares son altamente productivos y generan una gran cantidad de nutrientes, los cuales son exportados por las mareas a las aguas de la franja litoral más cercana a la costa, donde son aprovechados por pastos marinos y una importante diversidad de peces que tienen importancia comercial”.

En consecuencia, poseen una gran importancia para el entorno natural. “La función ecológica dominante de los manglares es el mantenimiento de hábitats costero–marinos y la provisión adicional de alimento y refugio para una relevante variedad de organismos a diferentes niveles tróficos”, se añade en «Manglares: ecosistema centinela frente al cambio climático, Golfo de México». De hecho, estas formaciones cuentan con valores ecológicos de gran impacto, como la descarga y recarga de aguas subterráneas; el control del flujo y reflujo en el encuentro de las aguas dulces con las marinas; el control de la erosión y la estabilización costera; la retención de sedimentos y de nutrientes; o el mantenimiento de la calidad del agua.
Incluso, cuentan con una gran relevancia como reservorio de gases de efecto invernadero. “El almacén de carbono en bosques de manglar puede ser dos o tres veces mayor que el contenido en los bosques terrestres”, señalan Carolina Velázquez Pérez, Cristian Tovilla Hernández, Emilio I. Romero Berny y Alberto De Jesús Navarrete, en «Estructura del manglar y su influencia en el almacén de carbono en la Reserva La Encrucijada, Chiapas, México».
A pesar de ello, los ecosistemas aludidos se enfrentan a amenazas vinculadas con el cambio climático. “El calentamiento global provoca alteraciones en el patrón de lluvias y, con ello, se asocian transformaciones en salinidades del suelo y del agua, con lo cual se distorsionan las interacciones fisiológicas, biogeoquímicas y ecológicas de competitividad entre los manglares y otra vegetación asociada”.
A su vez, “el incremento en la frecuencia e intensidad de las tormentas tropicales, combinado con el ascenso del nivel del mar, modifica los patrones de sedimentación, erosión y subsidencia, con lo cual el umbral de resiliencia es sometido a un estrés adicional en este ecosistema”, añaden Yáñez Arancibia, W. Day, Twilley y H. Day. Adicionalmente, “el incremento de la concentración de CO2 atmosférico puede inducir el crecimiento de los manglares por la estimulación fotosintética y el uso eficiente del agua desde las raíces”.
Una serie de circunstancias que ya se notan en los ecosistemas mexicanos. “El cambio climático está provocando diferentes impactos en el Golfo de México, donde el calentamiento global puede resultar en una dramática alternancia de reducción del agua dulce, o el exceso de ella, generando una combinación de tensores entre salinización de suelos, sobresaturación hídrica, abatimiento del oxígeno y contrastes del potencial hidrógeno”, se describe en «Manglares ecosistema centinela frente al cambio climático, Golfo de México».

Unas amenazas que no cesan
De acuerdo a esta coyuntura, a nivel mundial, se estima una pérdida anual del 2.5% de la superficie de manglares. En México se calcula que este daño es de entre el 0.6% y un de 1.1% anual, según el Estado. “El incremento en las actividades humanas ha cambiado los flujos hidrológicos de los sistemas estuarios y lagunares costeros, lo que ha generado altos niveles de degradación de los bosques de manglar”, explican Benjamín Castillo Elías, Herlinda Gervacio Jiménez y José Ángel Vences Martínez, en «Diagnóstico de áreas degradadas de manglar y propuestas de restauración ecológica en el estado de Guerrero, México»
Entre las actividades humanas con un impacto negativo se hallan “la destrucción del hábitat, la contaminación y la sobreexplotación de los recursos”. Asimismo, “la falta de planificación del desarrollo urbano, industrial y turístico, así como del desarrollo agrícola, ganadero y acuícola, han desplazado y reducido extensiones considerables de estos ecosistemas”, confirma Díaz Gaxiola. Los desechos sólidos urbanos, los contaminantes industriales, los pesticidas y fertilizantes agrícolas, así como los derrames de petróleo, también han tenido un gran impacto sobre estos hábitats.
Sin olvidar la tala indiscriminada de estas masas boscosas. “La deforestación de los manglares se ha incrementado a gran velocidad en las últimas décadas y actualmente es considerada más grave que la degradación de las selvas tropicales”, explican desde la CONABIO. “En los últimos 20 años, se ha perdido el 25% de este ecosistema a nivel mundial, lo que supone unos cinco millones de hectáreas”. De esta merma, “México pertenece a los diez países con mayores problemas de desmontes, con una tasa promedio anual de 10.000 hectáreas”. Una circunstancia que “ha representado un aumento considerable de las emisiones de CO2 a la atmósfera derivado de la descomposición del material orgánico de los suelos”, indican Carolina Velázquez Pérez, Cristian Tovilla Hernández, Emilio I. Romero Berny y Alberto De Jesús Navarrete

Decisiones de preservación
Ante estas circunstancias, se deben tomar medidas para garantizar su supervivencia. Desde el Gobierno federal mexicano ya han diseñado algunas ideas en este sentido. “Con el objetivo de impulsar acciones de conservación en estos ecosistemas, de aumentar la capacidad adaptativa de las comunidades costeras y de promover la captura y almacenamiento de carbono en el país, el proyecto «Resiliencia» estimuló el establecimiento de medidas para restaurar los manglares en diversos enclaves, como la Reserva de la Biosfera Pantanos de Centla y en el Área de Protección de Flora y Fauna (APFF) Laguna de Términos”, explican desde la CONABIO.
Políticas como ésta derivan del Programa de Adaptación al Cambio Climático, que se desarrolló con “un enfoque basado en ecosistemas, con el fin de reducir la vulnerabilidad de las personas al calentamiento global, mediante la conservación y manejo sostenible de los hábitats y de sus servicios ambientales”. Entre las decisiones adoptadas se han desarrollado diversas reforestaciones, limpiezas de canales y la rehabilitación del flujo hídrico de dichos contextos. Unas medidas que no sólo beneficiarán a las masas boscosas, sino también a las comunidades locales. “Su conservación ayuda a mantener la protección contra eventos meteorológicos extremos, reduciendo así la vulnerabilidad de las poblaciones a la transformación global”, añaden desde el Gobierno de México.

Por tanto, la pervivencia de estos ecosistemas es fundamental. No sólo para poderlos legar a las nuevas generaciones, sino porque cumplen con una función ecológica de primer orden. Así, se podría mantener el equilibro existente en muchos de los hábitats terrestres y marinos, a la vez que se conserva la calidad de vida de las comunidades asociadas a los manglares. Por ello, se han de profundizar en las medidas de supervivencia de estos entornos. También en México, donde las consecuencias del calentamiento global también se están dejando notar.
| Bibliografía. CASTILLO ELÍAS, Benjamín, GERVACIO JIMÉNEZ, Herlinda y VENCES MARTÍNEZ, José Ángel. «Diagnóstico de áreas degradadas de manglar y propuestas de restauración ecológica en el estado de Guerrero, México», Revista Iberoamericana de las Ciencias Biológicas y Agropecuarias, CIBA, 10, 20 (2021). DÍAZ GAXIOLA, Jesús Manuel. «Una revisión sobre los manglares: características, problemáticas y su marco jurídico. Importancia de los manglares, daños de los efectos antropogénicos y su marco jurídico: El caso del sistema lagunar de Topolobampo», Ra Ximhai, 7, 3 (septiembre–diciembre, 2011), pp.: 355–369. ROMERO BERNY, Emilio, TOVILLA HERNÁNDEZ, Cristian, TORRESCANO VALLE, Nuria y SCHMOOK, Birgit. «Heterogeneidad estructural del manglar como respuesta a factores ambientales y antrópicos en el Soconusco, Chiapas, México», Polibotánica, 47 (2019), pp.: 39-58. VELÁZQUEZ PÉREZ, Carolina, TOVILLA HERNÁNDEZ, Cristian, ROMERO BERNY, Emilio I. y NAVARRETE, Alberto De Jesús. «Estructura del manglar y su influencia en el almacén de carbono en la Reserva La Encrucijada, Chiapas, México», Madera y Bosques, 25, 3 (2019). YÁÑEZ ARANCIBIA, Alejandro, DAY, John W., TWILLEY, Robert R., y DAY, Richard H., «Manglares ecosistema centinela frente al cambio climático, Golfo de México», Madera y bosques, 20, Extra 1 (2014), pp.: 39-75. YÁÑEZ ARANCIBIA, Alejandro; TWILLEY, Robert R.; y LARA DOMÍNGUEZ, Ana Laura. «Los ecosistemas de manglar frente al cambio climático global», Madera y Bosques, 4, 2 (otoño, 1998), pp.: 3–19. |


