Los resineros como motor ambiental y económico…

Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez
Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez

Últimamente, se habla mucho del rezago que sufre la «España vaciada» en relación a las zonas urbanas. También se debate bastante en torno a la perentoria necesidad de protección del entorno natural. Sobre todo, a colación de la actual crisis climática. Sin embargo, las soluciones a dichos problemas se están haciendo de rogar. A los responsables políticos les está costando tomar decisiones firmes y efectivas. Sus programas se quedan en promesas efectistas y en palabras vacuas. No obstante, existen posibilidades que, si son estimuladas, arrojarían resultados muy positivos…

Un ejemplo es la extracción de la resina. Éste es un oficio que hasta mediados del siglo XX tuvo una gran presencia en la provincia. Nuestro territorio “fue un importante polo resinero cuando en España todavía se explotaba esta materia prima de una forma mucho más relevante”, asegura Basilio Rodríguez, ingeniero forestal y especialista en la materia. De hecho, los tres lugares españoles más destacados en esta actividad fueron Soria, Segovia y Guadalajara, donde llegó a haber miles de personas viviendo de la referida industria.

Empero, este tipo de explotación ambiental se dejó de practicar en muchos lugares. “En las décadas de 1970 y 1980, la actividad relacionada con la resina desapareció de prácticamente toda España. También de Guadalajara”, relata Rodríguez. A pesar de ello, durante los últimos 10 años han ido apareciendo iniciativas que han permitido una cierta recuperación de la profesión. Por ejemplo, la Diputación arriacense ha impulsado varios cursos formativos sobre este oficio. Asimismo, suele convocar una serie de ayudas que se transfieren directamente a los profesionales del sector…

Pinar Pelagallinas. Foto Julio Martínez García
Pinar Pelagallinas. Foto Julio Martínez García

“Colaboramos con este oficio a través de dos líneas. La primera consiste en una subvención directa de 1.200 euros, de carácter anual, a todos los resineros de la provincia. El segundo apoyo tiene que ver con talleres de capacitación de una semana de duración”, explica Héctor Gregorio Esteban, diputado de Medio Ambiente de la Institución Provincial arriacense. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer…

Es cierto que estas iniciativas instructivas para formar nuevos resineros se han mostrado muy útiles. Pero se tiene que ir más allá. “Hemos impartido bastantes talleres sobre este tema y nos hemos dado cuenta que el mencionado oficio no se aprende en los cinco o 10 días en los que se prolongan este tipo de iniciativas. El problema es que ésta se constituye como un tipo de extracción anual en la que se han de cumplir varias etapas. En febrero no se puede hacer lo que se desarrolla en septiembre. Todo tiene un ciclo”, indica Basilio Rodríguez. En consecuencia, “se necesita un año de formación para poder mostrar esta labor en su totalidad”.

Además, también hay que hacer mención a las condiciones laborales de los resineros. La casi totalidad de los mismos están dados de alta como «autónomos». “Aquí no hay empleadores”, explican los trabajadores. “Lo que se hace al inicio de la campaña es firmar un contrato con la empresa resinera que te va a comprar toda la materia prima que produzcas”.

El problema es que estas compañías –al funcionar en régimen de oligopolio– son las que imponen los precios a quienes explotan el pinar. Unos especialistas que, al final, no cuentan con ningún margen de negociación para establecer el coste de su tarea. “Durante los últimos años, la resina se ha pagado, aproximadamente, a un euro el kilogramo. Bajar de este importe en zonas como Guadalajara –donde el rendimiento forestal es menor que en Segovia–, complica la subsistencia del operario”, asegura Basilio Rodríguez.

Pinares de Torremocha del Pinar. Foto Henares al día
Pinares de Torremocha del Pinar. Foto Henares al día

Pero, ¿cuánto extrae una persona a lo largo de una campaña? “Un resinero, para poder vivir dignamente, tiene que gestionar entre 5.000 y 6.000 árboles”, confirman los expertos. “La media de producción en las zonas resineras arriacenses oscila entre los 2,5 y 3,5 kilos de materia prima por pino. Por tanto, lo normal es que el rendimiento de una sola persona fluctúe entre los 15.000 y los 20.000 kilogramos”. Por tanto, en una temporada normal, se podría facturar hasta 20.000 euros…

Empero, durante los dos últimos años “se ha observado un descenso de los precios de hasta de un 25%”, denuncian los afectados. “En 2019, una de las grandes compañías resineras rompió contratos con los productores, bajó los costes y tiró los precios hacia abajo”, denuncia Basilio Rodríguez. En consecuencia, “si el de la resina es un sector estratégico para Castilla–La Mancha, tal y como se asegura últimamente, necesitamos medidas que palien esas bajadas de los precios del mercado”, confirman los implicados.

“Estamos solos y desprotegidos ante los cambios y vacilaciones en el contexto nacional e internacional”, denuncia Saúl López, uno de los trabajadores de este sector en Cobeta.
Por ello, los profesionales proponen algunas ideas para evitar estar sometidos a las oscilaciones del sector. “Se podría valorar la fijación de un precio mínimo y los años en los que se baje de esa cota, las Administraciones Públicas tendrían que convocar subvenciones para que los operarios tengamos más estabilidad”, señala Kevin Villena, responsable de explotar los pinares de Iniéstola. Además, el tiempo en que no esté activa la campaña de resinado –entre octubre y febrero– “podrían contratarnos para otras labores, como la limpieza del monte”.

– Y una organización que agrupase a los trabajadores de este ámbito, ¿no facilitaría la defensa de sus intereses colectivos?

– Todavía queda mucho por hacer en lo que al asociacionismo del sector se refiere –lamentan los afectados–. Si hubiera más unión entre nosotros, tendríamos más poder de negociación con la industria y, así, un mayor margen de beneficio respecto a las empresas transformadoras.

Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez
Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez

Al menos, la gran parte de los pinares resineros de Guadalajara son de titularidad pública. Para su explotación, los interesados han de pedir un permiso a la administración correspondiente. Y, posteriormente, pagar una suerte de «alquiler». Se trata de un canon reducido. Depende de la institución y de la temporada, pero se suele situar en torno a los 10 ó 12 céntimos de euro por pino y año.

En cualquier caso, la extracción de la resina es una actividad que todavía se debe incentivar y proteger de forma más comprometida en Guadalajara. Al fin y al cabo, los datos son testarudos. “Durante los últimos 10 años, en otras provincias españolas se ha producido un importante repunte en el número de los resineros en activo. En Soria, por ejemplo, hay más de 100 y en Segovia, más de medio millar, cuando hace una década este número era menor a un centenar”, señala Rodríguez. “En Guadalajara, sin embargo, este sector productivo no ha conseguido despegar”.

Durante el último decenio, la cantidad de arriacenses que se dedicaban a la mencionada labor se ha movido entre los 10 y los 20 ciudadanos, dependiendo del año. Además, “nunca se ha constituido como una población estable, ya que ha ido entrando y saliendo gente de la profesión en todas las campañas”, describen los especialistas. En este sentido, no se puede olvidar que éste “es un trabajo duro y que no cuenta con apoyo”, describe Saúl López. “Esto se traduce en que parte de la gente que comienza en el oficio acaba abandonándolo”.

Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez
Resineros trabajando. Foto Basilio Rodríguez

Una ocupación natural y sostenible
Pero, ¿en qué consiste la extracción resinera? “Se trata de una actividad del sector primario en la que se obtiene una materia prima procedente de los pinos”, explica Basilio Rodríguez, ingeniero forestal. “Luego se procede a la transformación de la misma. Y así surgen otros productos [como el aguarrás], que pueden ser utilizados en procesos industriales”.

La campaña de extracción se extiende –aproximadamente– entre mediados de invierno y las primeras semanas del otoño. “La temporada se divide en varias etapas”, explica los expertos. La primera tiene lugar durante los meses de febrero y marzo, que es cuando se realiza la «preparación de los pinos». Es el momento en el que se produce el «desroñe» o la retirada de la parte externa de la corteza del árbol, con el fin de facilitar la explotación posterior de la materia prima. Luego se clavan la «chapa», la «grapa» y el «pote», donde caerá la preciada sustancia.

Una vez realizado este trabajo, comienza el segundo de los periodos, que –habitualmente– comienza durante la primavera. Se trata de la «pica», una labor en la que se realiza “una incisión en el árbol cada 14 días entre mayo y octubre, que es cuando el pino «está moviendo la sabia»”. En este tiempo, cada uno de los recipientes emplazados en los troncos se va colmatando de resina, por lo que deben ser vaciados. Es lo que se conoce como «remasar». “El problema llega cuando se junta el «picado» con la «remasa», por lo que ésta última actividad se realiza en el tiempo de descanso que el profesional posee entre «pica» y «pica»”, explica Saúl López, uno de los trabajadores de este sector.

El cierre de la campaña tiene lugar a mediados de octubre y recibe el nombre de «Pica en blanco». “Debe su nombre al hecho de que, en esta ocasión, no se estimula con ácido la salida de la materia prima [como ocurre en fases anteriores], dejando, así, la madera limpia para que se favorezca la cicatrización del árbol”, se explica en «Guía básica de trabajos de resinación en pinares». “Se rasca la resina restante, con el fin de recoger la sustancia sobrante”, añade Basilio Rodríguez.

Pero yendo a lo concreto, ¿cómo es un día en la vida de un resinero? “A primera hora ya estás en el campo, trabajando. Además, personalmente, yo tengo la suerte de poder volver a casa para comer”, explica Saúl López. “En las épocas de mayor calor, solemos aprovechar las horas centrales del día para descansar. Y luego, regresamos un rato al pinar por la tarde”. “Lo bueno de esta ocupación es que te puedes organizar tú mismo el trabajo. Y que, además, estás en contacto con la naturaleza”, aseguran los profesionales. Por tanto, “si no te gusta el campo, no te dediques a ello”, confirma Kevin Villena, resinero en Iniéstola.

Pinar Pelagallinas. Foto Julio Martínez García
Pinar Pelagallinas. Foto Julio Martínez García

Una apuesta de futuro
Pero a pesar de su dureza, esta ocupación cuenta con un gran porvenir en la lontananza. Además, contribuye a la preservación demográfica y medioambiental de la «España vaciada». “Se trata de un sector eminentemente rural. Una persona que quiera dedicarse a este oficio ha de vivir en el pueblo”, confirman los especialistas. “Aquí tenemos una oportunidad muy destacable para luchar contra la despoblación”. Una circunstancia que es reconocida por las instituciones públicas. “Las principales masas de pinos resineros se encuentran en las comarcas donde hace más falta fijar población, como el Alto Tajo, el Señorío de Molina o la Sierra Norte”, confirma Héctor Gregorio Esteban, responsable de Medio Ambiente de la Diputación.

Además, la explotación de la resina también se constituye como una actividad de carácter medioambiental. “Permite realizar una gestión forestal eficaz del monte, ya que para obtener la materia prima se debe mantener el bosque conservado. Y, de esta forma, se evitan los incendios y se obtienen ingresos para el medio rural”, señala Basilio Rodríguez.

Pero los beneficios ambientales de dicha actividad no finalizan aquí. También están las ventajas relacionadas con el producto que se obtiene de la mencionada extracción. “La resina es sostenible y, además, compite contra de los hidrocarburos fósiles. En un mundo en el que el petróleo está siendo desplazado, el mencionado componente natural se alza como una magnífica alternativa”. En definitiva, “se trata de un sustituto natural a los derivados del crudo, que no contamina”, enfatiza Kevin Villena, resinero en Iniéstola.

Por tanto, los poderes públicos han de apostar más claramente por esta labor extractiva, apoyando a sus profesionales y protegiéndolos de las fluctuaciones del mercado. Unas variaciones en los precios que aprovechan las grandes compañías transformadoras para bajar unilateralmente los pagos a los trabajadores del bosque. Esta circunstancia acaba afectando negativamente a dichos operarios, que son –finalmente– los que conservan el monte y los que mantienen vivos los pueblos. En consecuencia, unas políticas que faciliten la labor de los resineros generarán un tejido económico en la «España Vaciada», lo que –en suma– permitirá una mejor vertebración del país y una conservación ambiental más eficaz…

Bibliografía
VV.AA. Guía básica de trabajos de resinación en pinares. Varios editores, 2013.