Pseudónimo: Chicacallada
Autora: Kalindi Núñez. 11 años
Finalista categoría infantil
A mis padres les habían encantado las montañas y los bosques por lo que una vez al año como mínimo íbamos a visitar algún pueblo de la Sierra norte de Guadalajara, sin embargo, desde que era una niña, siempre me habían contado historias sobre brujas e ilusiones. Ya han pasado varios años y seguía sin creer en esas historias hasta algo que me ocurrió hace unos meses.
Llevaba muchos años sin visitar la sierra y ya que tenía algunos días libres pensé en ir a ver la nieve, tomé el coche y algo de equipaje y sin pensarlo más me dirigí sin rumbo hacia el primer pueblo que encontrara en aquellas montañas- Tras un largo viaje acabé en un pueblo del cual ni siquiera recuerdo el nombre y decidí hospedarme en un pequeño hostal construido con las típicas piedras de pizarra negra de la zona, estaba atardeciendo por lo que decidí ir a la taberna a tomar algo; era de tamaño reducido y estaba vacía excepto por el anciano que atendía pero eso solo le daba un toque acogedor.
Tras tomarme un chocolate caliente salí para darme cuenta de que se había levantado una gran tormenta de nieve sin sentido pues momentos antes ni siquiera había nubes en el cielo. No tenía tiempo para pensar, debía volver a mi alojamiento a toda prisa a través de la tormenta. Cada paso se volvía más difícil que el anterior, apenas podía ver delante de mí pero llevaba siguiendo el camino todo el rato, no tenía sentido haber llegado hasta allí pero ante el temor de perderme en el camino, casi cubierto por completo me senté a resguardarme bajo un árbol junto al camino. Me estaba congelando y cada vez tenía menos fuerza, mis párpados pesaban más y más y pensaba que ese iba a ser mi final, cerré los ojos y para mi sorpresa cuando los volví a abrir la tormenta había terminado y estaba amaneciendo; con el camino ya despejado regresé a toda prisa solo para encontrar un descampado con mi coche y mi equipaje que juraría haber dejado en el hostal en el maletero.
Confundida subí al coche y me dirigí al siguiente pueblo más cercano para preguntarle a algún aldeano sobre aquel lugar que había visitado, su respuesta en cambio solo me aterró más pues resulta que en aquella zona nunca había existido el pueblo que describía.


