Alcohete: refugio antiaéreo

Hay ejemplos de patrimonio histórico que son muy poco conocidos. Prácticamente nadie sabe de su existencia, a pesar de su gran transcendencia pretérita… Un caso de esta situación se encuentra en la provincia, a escasos kilómetros de Guadalajara. De hecho, se emplaza en el término municipal de Yebes, muy cerca del sanatorio de Alcohete. Estamos hablando del refugio antiaéreo del cuartel general del IV Cuerpo del Ejército de la República Española. Es una infraestructura con más de 80 años de vida, pero que muy pocos la ubican en el plano…

Fue un conjunto que se edificó durante la Guerra Civil. Sus obras comenzaron en diciembre de 1937, tras la batalla de Brihuega. “Lo empezó a construir un batallón de fortificaciones y, después, continuó su edificación la comandancia de ingenieros del citado IV Cuerpo del Ejército”, explica Pablo Guerrero, secretario de la Asociación Histórica Frente de Guadalajara (AHFREGU).
Tras la finalización de los trabajos, el complejo comenzó a utilizarse. Corría el mes de mayo de 1938. “Estuvo operativo hasta el final de la Guerra Civil”, confirma el representante de AHFREGU. “Es un extenso complejo de galerías y salas subterráneas levantadas durante la contienda, que fueron los refugios antiaéreos del puesto de mando del mencionado destacamento republicano”, explican los expertos Moreno, Castellano, Schnell, Benayas, Rodríguez Pascuas y Usaola en un estudio que realizaron sobre el citado enclave.

Sin embargo, ¿qué importancia tuvo este IV Cuerpo del Ejército democrático? ¿Cuándo se creó? Se constituyó el 11 de marzo de 1937, durante la batalla de Guadalajara. “En octubre del mismo año se ponía al frente del mismo el reputado líder anarcosindicalista Cipriano Mera, que convirtió a esta unidad en una de las mejores y más cualificadas de las tropas gubernamentales”, describen los historiadores.

En un principio, mantuvo su sede en Guadalajara, en la calle de la Concordia número 37. Pero debido a los bombardeos que sufría la ciudad, tuvo que mudarse a finales de 1937. “El cuartel general, con su Estado Mayor y todas sus dependencia y secciones, se trasladaron a una nueva ubicación en el sanatorio antituberculoso de Alcohete, a unos 10 kilómetros de la capital provincial”, explican los expertos. “Se decidieron por este nuevo domicilio porque se trataba de un lugar bien comunicado, cercano a la capital, pero alejado de núcleos de población y, por tanto, del alcance de la artillería”, añade Pablo Guerrero, de AHFREGU.

Y asociado a este flamante establecimiento, se comenzó a edificar el refugio antiaéreo analizado. El mismo respondía, en sus conceptos generales, “a los patrones establecidos para las construcciones subterráneas tras la Primera Guerra Mundial, y que en Madrid tienen su máximo reflejo –aunque no el único– en la Posición Jaca, nombre con el que se conocía el búnker del general Miaja que se halla en Alameda de Osuna”.

– Y este tipo de construcciones, en general, ¿qué rasgos tenían? –pregunta el periodista.

– Las características fundamentales eran su excavación a una profundidad segura contra la explosión de proyectiles de artillería de 155 mm y de bombas de aviación de 100 kg –responden los especialistas–. Para ello, estas infraestructuras se enterraban, al menos, a 10 metros de profundidad.

Además, contaban con otros elementos definidores. Entre ellos, “el refuerzo de la capa de tierra protectora con estructuras intermedias de hormigón sobre galerías y estancias; la estructuración de accesos principales y salidas de emergencia […]; la habilitación de estancias sanitarias para la atención de heridos y, en general, el establecimiento de sistemas autónomos que permitieran la permanencia durante algún tiempo a un número importante de personas”. “Hay que tener en cuenta que la Guerra Civil se constituyó como la primera contienda mundial en la que la aviación bombardeó poblaciones”, subraya Pablo Guerrero, de AHFREGU.

En todo caso, infraestructuras como la de Alcohete eran de “defensa pasiva”. Nunca fueron lugares de ataque. Por tanto, “no contaban con dispositivos de armas incorporados a su diseño”. Sin embargo, sí que disponían de mecanismos para la protección ante agresiones químicas.

“Para ello se aplicaron sistemas de ligera sobrepresión atmosférica y chimeneas de captación de aire limpio alejadas del refugio a una cota que garantizara su prevalencia respecto a los gases tóxicos”, confirman los historiadores. A ello se añadían otras medidas de aislamiento, como “portones metálicos de cierre a presión mediante manivelas giratorias, con juntas de goma y mirillas de cristal reforzado”.

El ejemplo de Alcohete
Por tanto, nos encontramos ante una nueva categoría de refugios. Algo que también se observa en Alcohete. Pero, ¿cuáles con los rasgos definitorios de este complejo? “Está situado a unos 10 metros de profundidad, aunque en algunas zonas las irregularidades del terreno hacen que esta cota disminuya notablemente”, aseguran Moreno, Castellano, Schnell, Benayas, Rodríguez Pascuas y Usaola. “Se organiza en torno a tres pasillos unidos en forma de U, con un núcleo central en el que se disponen la mayoría de las salas”, añaden.

– ¿Y se conocen las entradas a la infraestructura? –demanda el periodista.

– El complejo cuenta con tres accesos, aunque uno está cegado y desconocemos su ubicación exacta. Pero son practicables los otros dos –explican los historiadores–. Por ejemplo, a uno de ellos se ingresaba a través de una trampilla en el suelo, emplazada en el interior de los terrenos del sanatorio, que era donde se encontraba el centro de mando del IV Cuerpo del Ejército de la República.

Sin embargo, la puerta más cómoda es aquella que está situada en otro lado del complejo. “Consiste en una gran escalera cubierta con bóveda de ladrillo en superficie, que vista desde el exterior se asemeja a la entrada de uno de uno de los numerosos pozos existentes en la Alcarria”, narran los expertos. “Se trata de un camuflaje perfecto, potenciado por lo escondido de su acceso, localizado en una hondonada artificial y rodeado de vegetación”, añade.
Una vez en el interior del refugio, se observa una obra bien rematada. “La galerías presentan un techo de bóveda de cañón enlucido con yeso a partir de la línea de impostes del arco de medio punto, siendo las paredes de ladrillo visto hasta esa cota”, describen Moreno, Castellano, Schnell, Benayas, Rodríguez Pascuas y Usaola. “Sobre este enlucido se encuentran restos de apliques de la iluminación eléctrica original, de placas de madera y grafitos (pintados y grabados), fechables entre los años de la Guerra Civil y la década de 1960”, añaden.

Además, el complejo contaba con sala de comunicaciones –donde se instaló un telégrafo–, otra de máquinas o un puesto de socorro. En total, existen 11 cámaras, todas ellas cuadradas y cubiertas con bóveda de arco rebajado. “Tienen en su pared final un nicho ciego que repite la forma del arco del techo. Se abren a un metro de altura y su función nos es desconocida, aunque pudieron ser armarios o similares”, añaden los historiadores.

La situación actual
Sin embargo, y aunque su conservación es medianamente buena, el refugio se enfrenta a diferentes amenazas. “Es destacable el buen estado general de la obra. A pesar de encontrase algunas zonas deterioradas y otras ciertamente peligrosas, no hay un riesgo inminente de destrucción por causas naturales. Sólo necesitaría una consolidación en áreas puntuales, para que recuperar su aspecto original”, aseguran Moreno, Castellano, Schnell, Benayas, Rodríguez Pascuas y Usaola.

En cualquier caso, han de mencionarse diferentes presiones externas. Entre ellas, las derivadas de la actividad humana. No hay que olvidar que Ciudad Valdeluz se encuentra muy próxima al lugar. “El peligro no es sólo el de la destrucción por la expansión urbanística, sino que al trasladarse allí miles de personas, este refugio podría ser víctima de actos vandálicos que arrasen grafitos históricos y escriban otros nuevos, totalmente desprovistos de interés. E, incluso, que hagan caer paredes y apeos, comprometiendo la estabilidad de algunas zonas del complejo”, complementan los historiadores.

Pero a pesar de los problemas relatados, la importancia de este monumento también ha generado decisiones positivas. Entre ellas, la adoptada por la Junta de Comunidades a finales de 2017, declarándolo Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Sitio Histórico. “La Consejería de Educación, Cultura y Deporte considera que la mencionada construcción reúne los valores históricos necesarios para gozar de la protección que la legislación dispensa a los BIC, por lo que entiende procedente su declaración”, indicaban desde el ejecutivo regional.

Gracias a esta nueva consideración, el monumento “gozará de la máxima protección y tutela, y su utilización estará siempre subordinada a que no se ponga en peligro su conservación y valores”, señala el mencionado acuerdo gubernativo. “Por lo que se refiere al bien, en general, se permitirán todos aquellos usos del edificio que sean compatibles con su puesta en valor y disfrute patrimonial, y contribuyan a la consecución de dichos fines”, se agrega.

A vueltas con los dueños
Sin embargo, la situación actual dista mucho de esta exigencia. La mencionada infraestructura “se encuentra en stand by a causa de la titularidad de los terrenos donde se ubica el principal acceso practicable hoy en día”, denuncian desde AHFREGU. “Este estado de «suspensión» amenaza seriamente la integridad del complejo, no sólo porque el tiempo constituye un enemigo capaz de derrumbar la construcción, sino –además– por las incursiones de carácter vandálico y continuos saqueos que lleva soportando hasta el día de hoy”, añaden.

La finca en la que se sitúa la principal entrada útil es propiedad de la empresa El Arverjal S.L. Se trata de una entidad cuya actividad se centra en las siguientes áreas: “gestión hotelera, de suelo e inmobiliaria, así como actividades agrícolas y ganaderas, además de gestión de participaciones societarias, de una SIMCAV y de una sociedad de capital riesgo, denominada Valmenta Inversiones SCR, SA”, aseguran desde AHFREGU.

El representante y administrador solidario de El Arverjal S.L. es Ignacio F. Mencos Valdés. “Su madre, Teresa Micaela Valdés Ozores, heredó –junto a sus hermanas– las tierras del tercer marqués de Casa Valdés, Félix Juan Valdés Armada, las cuales se extendían en gran medida en esta zona de la provincia de Guadalajara”, describen desde la mencionada asociación. “Teresa Micaela Valdés fue, junto a su familia, una de las mayores beneficiadas con la llegada del AVE hasta sus fincas. Además, es tía política de Esperanza Aguirre”, complementan.

– Pero, estos terrenos, ¿cómo llegaron hasta los dueños actuales? –lanza el cronista.

– La finca de Alcohete fue adquirida por la duquesa de Sevillano y posteriormente, tras su testamentaria, fue puesta de nuevo en venta –explican desde AHFREGU–. Así, en 1916, salía a subasta una casa-granja y término redondo, llamado Alcohete. Éste fue el momento en el que aparecieron en Yebes los marqueses de Casa Valdés. Jorge Valdés Mathieu de Bill fue quien compró las propiedades…

Y, precisamente, serían ellos –los actuales poseedores de la finca– los que estarían poniendo problemas para la conservación del BIC. “El mayor obstáculo que existe a día de hoy son los dueños de los terrenos, que dificultarían cualquier intervención sobre el refugio”, asegura Pablo Guerrero. “Sin su permiso, no se puede realizar ninguna actuación. Han puesto un candado en la puerta del refugio”, subraya. “No ha habido una buena comunicación con ellos. No nos están poniendo las cosas fáciles para poder intervenir sobre el bien”, complementan desde AHFREGU.

A pesar de ello, todos los esfuerzos a favor del conocimiento de la historia son siempre bien recibidos. Se debe divulgar el tiempo pretérito. Y una de las fórmulas es recuperar el patrimonio. Por ello, se debe valorizar el refugio de Alcohete, emplazado a escasos 10 kilómetros de Guadalajara. De esta forma se podría detener su deterioro. Y, además, serviría para difundir lo que supuso la Guerra Civil española. Porque si conocemos el pasado, evitaremos repetirlo…

A vueltas con el nombre
El acuerdo gubernativo por el que se declaraba Bien de Interés Cultural (BIC) al refugio de Alcohete, denominaba a este emplazamiento como «Posición Saldón». Sin embargo, desde la Asociación Histórica Frente de Guadalajara (AHFREGU) alegan que, de acuerdo a las últimas investigaciones, esta designación es inexacta. “Inicialmente, se atribuyó este nombre erróneo por parte de los investigadores, afirmándose que se trataba de la nomenclatura en clave del Sanatorio de Alcohete y de sus dependencias subterráneas, como puesto de mando del IV Cuerpo del Ejército republicano”, explican desde AHFREGU.Sin embargo, los últimos hallazgos han hecho variar esta idea. “El trabajo desarrollado por Julián Dueñas con fuentes primarias de la época han permitido localizar tanto el origen del error como aclarar cuáles fueron los verdaderos nombres en clave del lugar”, afirman los representantes de dicha asociación. “Cipriano Mera, quien ordenó su construcción, se refirió siempre al emplazamiento como «Alcohete»”, añaden.

Por otro lado, “los historiadores Carlos Engel y Salas Larrazábal mencionan que el apelativo en clave del puesto de mando del IV Cuerpo de Ejército fue «Posición Ceuta»”. “Las comunicaciones que hemos consultado con esa nomenclatura cubren un lapso de tiempo que va desde septiembre de 1937 hasta junio de 1938. Es decir, ya existía antes de que este cuerpo militar se trasladase a Alcohete en diciembre de 1937. Por tanto, el mencionado nombre en clave estaba asociado al personal de mando, no al lugar físico, aunque ambos coincidieran durante la mayor parte del tiempo”, explican desde AHFREGU.

En consecuencia, desde esta entidad cultural proponen las siguientes denominaciones para el lugar. O bien «Refugio Antiaéreo del Cuartel General del IV Cuerpo Republicano en Alcohete, en el municipio de Yebes (Guadalajara)». O simplemente: «Refugio Antiaéreo de Alcohete, en el municipio de Yebes (Guadalajara)».

 

Bibliografía
R. Moreno, R. Castellano, P. Schnell, D. Benayas, M.A. Rodríguez Pascuas y E. Usaola, “El refugio antiaéreo del Cuartel General del IV Cuerpo del Ejercito de la República en Alcohete (Guadalajara)”, Revista de la Asociación Española de Amigos de los Castillos de España, 142-143, julio-septiembre 2006.

 

Julio Martínez

Historiador y periodista, especialista en comunicación ambiental y en Masonería mexicana. El reporterismo es mi vocación. Ahora informando desde Guadalajara. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 1867).