Hay algunos temas que siempre generan interés. Uno de ellos es el de los Objetos Voladores No Identificados (Ovnis), que centró una conferencia el pasado jueves, 16 de julio, en Guadalajara. La charla, comandada por el biólogo y especialista en la materia, Ángel Arroyo, tuvo lugar en Mareta–Espacio Cultural, y versó sobre este fenómeno en la provincia. “La media de casos en el territorio arriacense ha sido, a lo largo de la historia, bastante alta, pero no porque haya habido más avistamientos que en otros espacios, sino porque se han desarrollado un mayor número de investigaciones”, asegura Arroyo.
Entre los expertos que se han dedicado a este empeño se hallan David Cuevas, Juan José Sánchez Oro o el propio Arroyo, quien es –además– autor del libro «Prodigios y Misterios de la Provincia de Guadalajara». Gracias a su labor, los casos Ovni no han caído en el olvido. Entre los casos más curiosos, el protagonizado por Miguel Herrero, que tuvo lugar en 1977 y que sufrió una supuesta abducción en las cuestas de Tendilla. Fue tal el impacto que causó este hecho que llegó a ser investigado por el reconocido periodista Fernando Jiménez del Oso. Incluso, el diario «Pueblo» –cuya existencia se extendió entre el 17 de junio de 1940 y el 17 de mayo de 1984– le otorgó un amplio seguimiento.
Todo ello, sin pasar por alto los casos asociados a Sacedón, de los que hablaremos más adelante, o los acaecidos en la carretera CM–101, y recogidos por el reportero Luis Monje Ciruelo, amigo del principal testigo –Alfredo Sánchez Cuesta–, veterinario en Fontanar. Según los relatos de la época, el protagonista de este segundo suceso iba transitando por la mencionada vía –la CM–101– el 1 de diciembre de 1979, a la altura de Mohernando. La calzada estaba vacía, al ser las 21:15 horas. En ese instante, el testigo giró la cabeza hacia la derecha, desde donde le deslumbraron tres luces blancas, en disposición triangular.

Durante dos kilómetros, las luminarias le persiguieron. Y cuando ya se encontraban muy próximas, comprobó que procedían de un “objeto circular que iba cambiando del color amarillo al rojo”. Al tomar una curva en la carretera, el Ovni se alejó por la ribera del Henares. Una oportunidad que don Alfredo Sánchez aprovechó para acelerar y alejarse del lugar. Sin embargo, no tuvo suerte, ya que 50 metros más adelante, el motor de su bólido “se paró en seco y se quedó completamente inmóvil”. Pocos segundos después, el «plantillo volante» se posó sobre su ubicación, a poco más de 10 metros de altura.
“No se escuchaba ningún ruido. Nada pasaba. Sólo había una luz de gran intensidad que le estaba cegando. Conforme se desplazaba el No Identificado, el coche hacía lo mismo. Esto ocurrió hasta en tres ocasiones, como si la poderosa fuente luminosa estuviera balanceándolo a su antojo”, aseguran los investigadores. Una situación que estresó al veterinario, por lo que optó por salir de su vehículo y dirigirse –corriendo– hacia las primeras casas de Mohernando, al tiempo que el Ovni le siguió, mientras ascendía por los tejados de las viviendas de la localidad. Posteriormente, se alejó hacia el noroeste, con dirección a la sierra madrileña.
El origen de todo
Pero, ¿cuándo comenzó el fenómeno de los No Identificados? La fecha de inicio fue el 24 de junio de 1947, en Estados Unidos, cuando se describieron, por primera vez, los primeros Ovnis. Fue el piloto Kenneth Arnold quien divisó, en uno de sus vuelos, “nueve discos en forma de media luna, al sureste de Seattle, Washington”, se explica en «Prodigios y misterios de la provincia de Guadalajara». El mencionado aviador aseguró que “se desplazaban de una forma curiosa, «como platillos rebotando sobre el agua»”. De ahí, se adoptó el nombre de «platillos volantes». Poco a poco, la prensa difundió esta noticia a nivel nacional e internacional.
El fenómeno se popularizó de tal manera que tan sólo unos días después, el 2 de julio de 1947, se produjo un nuevo suceso, que, al igual que la anterior, ha quedado en la memoria colectiva. Nos referimos al caso de Roswell, en Nuevo México, propiciando el mito del «Área 51», que todavía continúa vigente. Precisamente, en esta época fue cuando llegaron las noticias de los Ovnis a España, siendo el primer lance el acaecido en julio de 1947 en Bazalote, Albacete. Allí, algunos oriundos divisaron “el vuelo de un aparato oscuro, lento y silencioso, con la forma de sombrero tipo hongo”, confirma Ángel Arroyo.
Y Guadalajara, ¿qué opina de esto?
Desde mediados del siglo XX, en la provincia se han contabilizado 57 casos, distribuyéndose seis en el Señorío y Alto Tajo –en localidades como Garbajosa, Molina, Alustante o Alcolea del Pinar, entre otras–; diez ejemplos en la zona de los pantanos –destacaron los de Valfermoso de Tajuña, Tendilla, Sacedón, Yebra o Pastrana–; 18 avistamientos en los alrededores de Guadalajara, afectando también a otros núcleos, como Iriépal, Valdenoches o El Clavín; u 11 casos en torno a la carretera CM–101, llegando a verse «platillos» en Tamajón (1977), Mohernando (1979), Málaga del Fresno (1977), Fuentelahiguera de Albatages (Ovnis en 1976 y humanoides en 1987), Usanos (1977), Tórtola de Henares (1978 y 1979), Fontanar (1986) o Cogolludo, donde aparecieron luces escondidas tras su palacio ducal, en 1977.
Tal y como asegura Ángel Arroyo, los avistamientos ocurridos en Guadalajara se sucedieron en dos oleadas principales –la que se produjo entre 1977 y 1979 y la que comenzó en 1984 y terminó en 1987–. Como curiosidad, hay diferencias entre zonas. En Guadalajara capital ha existido un “predominio de objetos sobrevolando la ciudad y que van de paso a otro sitio”, mientras que en el resto de la provincia destacan “luces intimidando a coches o tractores”, generando “terror en el testigo”. Asimismo, se ha de mencionar la “presencia de bolas saliendo o entrando del agua en los pantanos de Sacedón”. Y, por último, hemos de indicar el ejemplo de la CM–101, “la que más casos ha presentado de automovilistas cegados por luces de «platillos volantes»”. El último hecho reportado tuvo lugar el 1 de diciembre de 2011, hacia las 17.45 horas, en la carretera entre Galve de Sorbe y Valdepinillos, cuando se divisó un objeto ovalado y achatado, que emitía un destello y que se hallaba rodeado de neblina.
Sin embargo, los primeros avistamientos de No Identificados en territorio arriacense llegaron en 1950. El primero de ellos se produjo en los comienzos de la primavera de aquel año. «Nueva Alcarria» informaba sarcásticamente sobre el asunto el 1 de abril de 1950, en su quinta página: “Nosotros ni ponemos ni quitamos rey en la debatida cuestión de los «discos volantes». Pero nuestra honradez profesional no pude silenciar que dos sesudos convecinos nuestros fueron testigos de su aparición en este cielo que un día lejano viera a Alvar Fáñez de Minaya despachar infieles al otro mundo”, se relataba en el medio. “A la racha de mortales que todos los días ven desfilar por las alturas artefactos misteriosos, nuestra ciudad aporta estos dos mirones afortunados”.
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Un tema al que, este rotativo, le dio seguimiento, ya que apenas una semana después, el 8 de abril de 1950, regresó sobre el mismo, al indicar, en tono irónico, que “se había descubierto que el último «platillo volante» divisado no era tal artefacto, sino una patata que, con la euforia de la libertad, se ha lanzado a las alturas, desde donde se burla de los mortales vengándose así de años de intervención”. El 29 de abril de 1950 se continuaba con el acontecimiento, al indicar que “en Guadalajara ya hemos podido contemplar su hechura cuando hizo escala, cuyos ocupantes, cuando recorrieron la población, compraron varios artículos de piel, estilográficas, objetos para regalos, bisutería, perfumería, etc., en la calle Miguel Fluiters, 25, en un establecimiento que se titula «Bazar Guadalajara», de donde se fueron muy satisfechos por el obsequio que se les hizo de la compra, ya que ascendía a las 100 pesetas de gastos”, se añadía en el artículo. Siempre en torno sarcástico.
El 7 de agosto de 1952 volvieron a producirse observaciones Ovnis en la capital provincial. “Nosotros también vimos el jueves, no fue sólo en Madrid, los cacareados «platillos volantes»”, se indicaba en la mencionada cabecera. El redactor de «Nueva Alcarria» hizo referencia a unos supuestos No Identificados divisados en el madrileño barrio de Ventas, que también fueron observados en la ciudad arriacense. Una información que tuvo que ser completada desde Salamanca. Según dicha cabecera, “volaban a gran altura, al sur de Madrid, formando triángulo y dejando a su paso una gran estela blanca. La altura y velocidad no permitieron precisar la forma de los objetos”.
Ovnis ribereños
No obstante, el suceso Ovni arriacense más conocido se observó el 8 de febrero de 1969, desde Sacedón. Entre los testigos del acontecimiento estuvo “un matrimonio que se hallaba viajando en automóvil desde la urbanización sacedonera de «Las Brisas», a las 20:30 horas”. Esta pareja “divisó un objeto esférico desplazándose a poca velocidad.
Presentaba un color rojo llameante en su parte delantera, cuerpo plateado y estela azul”. Su talla era “como la luna o más pequeña”, mientras que la altura estimada a la que se encontraba era “inferior a 300 metros”. Su trayectoria era “rectilínea, sin cambios de altura”. El cuerpo “desapareció súbitamente después de cinco o seis segundos”. Tras esta observación, los testigos pararon en una gasolinera cercana y, una vez realizadas las preguntas pertinentes al personal de la misma, les dijeron que no habían visto nada, se relata en «Prodigios y misterios de Guadalajara».
Sin embargo, este avistamiento pudo estar relacionado con otro que tuvo lugar al norte de México en aquella misma época. Se trató de la caída de un meteorito en el país americano. La prensa mexicana trató ampliamente el acontecimiento y, además, lo hizo sin el sensacionalismo propio de las cabeceras españolas del momento. Así se expuso en «El Informador de Guadalajara», el 9 de febrero de 1969: “Un enorme meteorito, que iluminó esta madrugada a gran parte del estado de Chihuahua, cayó a tierra causando pánico a los habitantes. Una parte del meteoro fue localizada en Pueblito de Allende, de donde se trajo a Parral para ser examinada”, se explicaba en el artículo del medio mexicano.
“De acuerdo con los informes proporcionados por testigos presenciales, la caída del aerolito, registrada a la 1:05 de la madrugada, fue impresionante, ya que iluminó, como si fuese de día, a Parral, Jiménez, Santa Bárbara, San Francisco del Oro, Pueblito de Allende y otras regiones de la entidad”, se añadía en el mencionado medio. Por tanto, fue un suceso de una cierta potencia. El cuerpo celeste debió pasar entre cuatro y siete toneladas.
Así, y antes de impactar sobre el suelo, “miles de fragmentos” se desprendieron del núcleo principal, el cual acabó aterrizando en Allende, que le dio el nombre al suceso, se explica en el libro «Guadalajara, tierra de leyendas». De hecho, “y aunque se trate sólo de una suposición, no sería descabellado pensar que lo que se vio en Sacedón fuera uno de tantos fragmentos de la estela del mencionado meteorito, que fueron cayendo en diferentes puntos de la atmósfera terrestre”, añade Ángel Arroyo.
Pero la historia ufológica alcarreña no finaliza aquí. En las cercanías sacedoneras también se han relatado otros casos similares. Más concretamente, en Entrepeñas y Buendía, donde “siempre han existido historias y rumores sobre unas bolas luminosas que se metían y salían de las aguas de estos pantanos”, indica Arroyo. Varios de estos testimonios datan los sucesos en agosto de 1969. Entre ellos, el de Ángel Francisco Poyo, quien –supuestamente– había visto amerizar sobre el pantano una “nave de forma circular”. El mencionado aparato llegó “haciendo una parábola”, deteniéndose a unos cinco metros de la superficie acuática y sumergiéndose de forma suave. “Era de forma redonda y tendría el tamaño de unos 10 metros de diámetro. Llevaba luces rojas, verdes y unas amarillas muy fuertes”, se explicaba en el diario «Pueblo», en 1969.
Sin embargo, hubo más testigos de este tipo de sucesos en la zona. Una de ellas fue Visitación Notario, que contó la historia, en 2011, a David Cuevas –periodista– y a Juan José Sánchez Oro –historiador–. Así lo narraba la mujer: “Íbamos en el coche mi marido y yo, y vimos caer del cielo una cosa muy grande, como un sol, que se precipitó al otro lado del pantano. Entonces la esfera lo sobrevoló y vimos reflejarse el agua en ese chisme grande y redondo, que empezó a dar vueltas sobre sí mismo, emitiendo una especie de zumbido, para finalmente colarse en el agua”, les aseguraba la testigo a los investigadores David Cuevas y Juan José Sánchez–Oro.
Pastrana acogió otro de los casos Ovni supuestamente acaecidos en la provincia, en noviembre de 1979. El avistamiento estuvo protagonizado por la actriz y cantante de cuplé Lilián de Celis, muy afamada durante la década de 1970. Se encontraba ella, junto a su marido, en una finca que poseían en la localidad, atendiendo unos colmenares que gestionaban. Justo en ese momento, ocurrió lo inexplicable. “Una luz de gran potencia los deslumbró y comenzaron a escuchar una serie de voces que no parecían ser humanas. Preguntaron quiénes eran, pero nadie contestó”, se explica en el libro «Guadalajara, tierra de leyendas».
La luminaria comenzó a acercarse a ellos, por lo que –despavoridos– se dirigieron a su vehículo, donde la pareja se metió rápidamente buscando refugio. De repente, el «platillo volante» se detuvo y, aunque las víctimas del suceso comenzaron a realizar ráfagas de luz con los faros del vehículo, el No Identificado no dio ningún tipo de respuesta. Pocos minutos después, el artefacto se elevó 10 metros sobre el coche y allí se detuvo durante una hora, impidiendo que la artista y su marido se pudieran desplazar. El vehículo no arrancaba. Entonces, “la luz se alejó hasta perderse en el horizonte y ellos pudieron poner en funcionamiento el coche a la primera”.
El Cerro del Pimiento
Otro de los casos más recordados ocurrió en la capital provincial, en el Cerro del Pimiento, una barriada que se emplazaba donde hoy se sitúa el Instituto de Educación Secundaria (IES) Antonio Buero Vallejo. La protagonista, mujer, tenía “unos 40 años y era de estatura media”, según confirmaba «Flores y Abejas», el 22 de octubre de 1974. El referido avistamiento habría ocurrido 15 días antes de las Ferias capitalinas de 1974. Ese año, la Semana Grande se inició el 22 del noveno mes, por lo que el acontecimiento ufológico debió tener lugar en los inicios septembrinos, de madrugada, en torno a “la una o dos de la mañana”.
Pero, ¿cómo describían los presentes el referido suceso? “Era, más o menos, como una columna de color rojo y púrpura, con forma humana, que se elevaba en el cielo”, explicaba la declarante en una entrevista a un periodista caracense. “Después, esta columna roja iba bajando poco a poco y se hacía más pequeña, hasta que caía al suelo, con forma de estrella, y finalmente se apagaba”, indicaba la testigo. Dicho espectáculo se repitió hasta en cuatro ocasiones. “Al principio, era muy bonito, pero luego sentí miedo”, confirmaba la atestiguaste. El hecho duró “unos diez minutos, o algo menos”, explicaba la mujer al reportero Fernando Chápuli, de «Flores y Abejas». A continuación, se reproduce parte de la conversación que tuvo lugar entre el plumilla y la señora, y que ha sido reproducida por Ángel Arroyo.
—¿Sería fuego? —preguntó el periodista.
—[Piensa] No. Al principio eso me pareció, pero luego vi que la llama no se extendía y, rotundamente, pensé que no era eso.
—¿Se vio claramente?
—¡Uy! Sí señor. Muy bien. No había duda.
—¿Observó usted alguna cosa más, como seres vivos, extraterrestres o algo más?
—A decir verdad, no —respondió la testigo.
—¿Qué piensa usted que podría ser?
—No lo sé, no se lo puedo explicar, pero de lo que estoy segura es que no estamos solos —concluyó la mujer con seguridad.
Los antecedentes
Es cierto que a partir de 1947 fue cuando se puede hablar de fenómeno Ovni como tal, aunque algunos años ya se produjeron algunos avistamientos que hoy se habrían interpretado como No identificados. En agosto de 1905, en Sigüenza, en el marco del eclipse total de sol que se produjo en la época, varios comités científicos se dieron cita en la Ciudad del Doncel, para hacer seguimiento del acontecimiento. Y fueron testigos de un fenómeno del que dio buena fe en «Flores y Abejas». “En la noche del 29 apareció un astro en el horizonte; un astro de grandes dimensiones en forma de elipse y el cual tenía un movimiento rápido de rotación; su luz era brillantísima, semejándose a una rueda de fuego, y desapareció a las diez y media”.
Unos pocos años después, el 25 de julio de 1938, en plena Guerra Civil española, se produjo otro avistamiento en Guadalajara. Y, como curiosidad, tuvo diferentes interpretaciones según proviniera de uno de los bandos. Para el lado democrático, se trataba de un artilugio alemán, mientras que, para los fascistas, pertenecía a “los rojos”. En cualquier caso, se trató de un caso con todos los ingredientes clásicos del fenómeno, ya que tenían “una forma típica de un «platillo volante»”, asegura Ángel Arroyo. “Desapareció en el cielo, volando a gran velocidad”, se aseguraba en un artículo que apareció en «El Adelanto», el 8 de agosto de 1952.
Las posibles causas de los Ovnis
Pero, ¿qué tipo de explicaciones pueden tener este tipo de sucesos? “Si nos ceñimos exclusivamente a la hipótesis extraterrestre, se trataría de visitantes de otros planetas, pero yo no creo que sea el caso”, enfatiza Ángel Arroyo. Este experto confirma que existen otras opciones que permitirían justificar estos fenómenos, como “malas interpretaciones” en torno a sucesos aéreos o meteorológicos. Además, muchos de los casos se encontrarían en la “fase de explicación”, lo que “no significa que no tengan justificación” científica”. Simplemente, “todavía no sabemos lo que son”, aunque con el tiempo se conocerá su origen.

De igual forma, se ha de mencionar la oleada de los No Identificados en España durante los primeros meses de 1950. Muchos de los casos tuvieron una aclaración relacionada con la técnica. “En su mayor parte se trató de meteoritos, globos sonda o aviones a reacción. En aquellos años, los aviones de propulsión a chorro eran novedosos y muchos testigos describieron lo que vieron, sin saber lo que era, y, por tanto, para ellos era un «platillo volante»”, confirma Ángel Arroyo, especialista en la materia.
Así también ha ocurrido con algunos fenómenos históricos, que, en la actualidad, habrían sido considerados como Ovnis. Y para muestra, el «prodigio de los tres soles», que tuvieron lugar el 5 de octubre de 1580 en Almonacid de Zorita y el 3 de febrero de 1671 en Cifuentes. Dos municipios distintos en dos siglos diferentes, en los que se describía el mismo fenómeno, en el que aparecía un astro principal en medio del firmamento, acompañado de otros dos secundarios en sus extremos. Y los tres, unidos por resplandores lineales.

En aquel momento, esto fue considerado como un prodigo celeste, mientras que, si no se supiera su origen, en la actualidad se calificaría de Ovni. Sin embargo, en realidad, se trata del parhelio, que se constituye como “un efecto visual causado por la refracción de los rayos solares sobre los cristalinos de hielo que se suceden en las nubes altas”. Esto genera, a su vez, “la aparición simultánea de varias imágenes del Sol, tanto a la derecha como a la izquierda del mismo”. En consecuencia, nos encontramos ante un fenómeno físico perfectamente explicado a día de hoy, pero que hasta que se describió, dio lugar a interpretaciones erróneas. Y el caso de los Ovnis, ¿no podría ocurrir lo mismo en la actualidad? ¡Se aceptan respuestas!
| Bibliografía ARROYO BENITO, Ángel. Prodigios y misterios de la provincia de Guadalajara. Guadalajara: AACHE Ediciones: Océano Atlántico Editores, 2022. CHÁPULI, Fernando. «¿Ovnis en Guadalajara?», Flores y Abejas, 22 de octubre de 1974. CUEVAS, David y SÁNCHEZ-ORO ROSA, Juan José. «Es Misterio: Guadalajara (OVNIS, Exorcismos, Milagros, Fantasmas y Petroglifos en la provincia de Guadalajara)», podcast Dimensión Límite en EsRadio. DIARIO PUEBLO, 1969 (Madrid, España) EL ADELANTO, el 8 de agosto de 1952 (Salamanca, España). EL INFORMADOR DE GUADALAJARA, el 9 de febrero de 1969 (Guadalajara, México). FLORES Y ABEJAS, 2 de septiembre de 1905 (Guadalajara, España). MARTÍNEZ GARCÍA, Julio. Guadalajara, tierra de leyenda. Guadalajara: AACHE Ediciones: Océano Atlántico Editores, 2023. NUEVA ALCARRIA, 1 de abril de 1950 (Guadalajara, España). NUEVA ALCARRIA, 8 de abril de 1950 (Guadalajara, España). NUEVA ALCARRIA, 29 de abril de 1950 (Guadalajara, España). NUEVA ALCARRIA, 9 de agosto de 1952 (Guadalajara, España). |

Historiador y periodista, especialista en comunicación ambiental y en Masonería mexicana. El reporterismo es mi vocación. Ahora informando desde Guadalajara. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 1867).









