El circo se compromete con el medio rural

Albendiego acoge este peculiar festival de circo
Albendiego acoge este peculiar festival de circo

Cuando pensamos en artes circenses, inmediatamente asociamos esta disciplina al ámbito urbano. Imaginamos enormes carpas instaladas en grandes ciudades o en localidades de mediano tamaño. Sin embargo, ¿es posible la supervivencia de dicha actividad en zonas rurales? La respuesta es sí. En Guadalajara tenemos un buen ejemplo. Sólo hay que dirigirse a la Sierra Norte para comprobarlo. Allí se encuentra Albendiego. Hasta no hace mucho esta localidad era muy conocida por su iglesia de Santa Coloma, del románico más puro. Pero el mencionado pueblo, ahora, también es una referencia en lo que al circo se refiere.
Allí, desde 2013, se celebra el festival Myau, en el que se dan cita más de 700 personas, entre artistas y asistentes. Todo un récord si se tiene en cuenta que en Albendiego hay apenas 43 personas empadronadas…

– Pero, ¿cómo surgió esta iniciativa? –pregunta el periodista, sorprendido al escuchar estos datos.
– La idea del Myau se originó a partir de una reunión en la que participamos tres personas. Estábamos presentes el antiguo alcalde de la localidad, Luis Paulino Pereira; Miguel Julián Rodríguez, un artista que viene mucho por el pueblo; y yo mismo –señala Mario Gallego, uno de los organizadores del evento–. Analizamos la posibilidad de crear un certamen de profesionales y de aficionados a esta disciplina que deseasen ver cómo funciona la actividad por dentro. Y, de esta forma, comenzó todo…

Sin embargo, la tradición circense de Albendiego es mucho más antigua. Tiene una historia de más de 15 años. “Antes del comienzo del festival, habíamos hecho ya bastantes cosas”, explica Gallego. “Cada año, montábamos una carpa durante el verano y desarrollábamos en ella diferentes ideas relacionadas con nuestra disciplina”, añade. A partir de estas primeras semillas, el gusto por el circo fue creciendo en la zona. Una querencia que, progresivamente, fue tomando forma, hasta llegar a la actualidad, momento en el que este municipio serrano se ha convertido en todo un referente nacional e internacional.

Y lo es gracias a Myau. “Vienen muchos artistas de diferentes puntos del planeta”, indican los organizadores. No en vano, entre los profesionales que han pasado por el certamen hay personas procedentes de diferentes países del mundo. Entre ellos, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Argentina, Chile, Uruguay o Estados Unidos.

Unas jornadas intensas
Todos estos representantes permanecen un mínimo de cuatro días en el pueblo. El programa oficial de Myau se suele prolongar de jueves a domingo. De hecho, en esta ocasión se podrá disfrutar de la iniciativa entre el 31 de mayo y el 3 de junio. Todo un lujo. Pero, durante este tiempo, ¿qué se podrá hacer? “La cita, sobre todo, se basa en la realización de talleres circenses”, describen los responsables de la idea. “Los artistas vienen a impartir sus enseñanzas y a enriquecerse con los aprendizajes del resto de participantes”, añaden.

Existe una gran variedad de actividades formativas durante el evento. Destacan, por ejemplo, las centradas en el trapecio volante, las que versan sobre la utilización de malabares o aquellas en las que se realiza equilibrio sobre alambre. Sin dejar de lado las protagonizadas por la meditación, el yoga o la música. “Durante el certamen se programan cerca de seis horas diarias de talleres”, corroboran los impulsores de los mismos. “También tenemos un escenario abierto, al que se puede subir cualquier persona a mostrar sus habilidades”, complementan.

Sin embargo, el último día –que suele coincidir con un domingo– es más relajado. Es cuando tienen lugar las olimpiadas de malabares o la entrega de reconocimientos. Precisamente, entre los galardones se encuentran los «Stuartini el Magnífico», llamados así en honor al artista estadounidense que estuvo mostrando su arte durante dos décadas en el parque del Retiro de Madrid. “Se trata de un festival paralelo, en el que cinco compañías de teatro de calle presentan su trabajo”, narra Mario Gallego. “Se conforma un jurado compuesto por niños, que otorga un premio a cada uno de los intervinientes”, añade.

Además, a lo largo del Myau se podrá disfrutar de más iniciativas. Desde una cadena de tartazos a la «quema del objeto nefasto». También se han calendado dos galas, una el viernes y otra el sábado, en las que participarán artistas “muy relevantes” en sus disciplinas. El año pasado, asimismo, la primera de estas celebraciones se quiso centrar en un asunto específico. En concreto, versó sobre la temática feminista y de género. Obtuvo un gran éxito.

Y una vez concluidas cada una de estas celebraciones, se suele dar paso a diferentes actuaciones musicales, en las que intervienen intérpretes de primer orden. Sin ir más lejos, en 2017 actuó la aragonesa Carmen París. Un lujo. Por tanto, no es extraño que la fiesta se prolongue hasta bien entrada la madrugada…

Todo ello, además, sin utilizar fieras durante los espectáculos. “Estamos en contra del maltrato”, alega Mario Gallego. “Consideramos que determinadas especies, sobre todo las no domésticas, tienen que vivir libres en su hábitat”, indica. “Eso no quita que haya algunos espectáculos con perros y con caballos, siempre y cuando no tengan que sufrir para realizar un ejercicio concreto”, añade. “Pero, por regla general, somos un circo libre de la utilización de animales”, explica.

La importancia de la (buena) organización
En cualquier caso, una propuesta de la envergadura del Myau, con cuatro días de intensa actividad y con más de 700 asistentes –entre participantes y artistas–, ¿cómo se puede desarrollar en Albendiego, una localidad que apenas llega al medio centenar de habitantes? “Tenemos la suerte de que en la zona exista gente muy involucrada en el proyecto”, confirma Mario Gallego. “Hay muchos voluntarios. Todos los años acuden entre 100 y 150”, subraya.

– Y para dar alojamiento a todo el público, ¿cómo lo hacen? –plantea el periodista
– Habilitamos un espacio como zona de acampada –describen los impulsores del certamen–. Además, hay otros dos terrenos más alejados, a los que denominados «campings familiares», en los que se instalan padres con niños más pequeños. De esta manera no sufren el ruido de las galas de viernes y sábado, así como de las actuaciones musicales que tienen lugar a continuación de las mismas.

A ello hay que añadir los hospedajes rurales que existen en la localidad, la solidaridad de los vecinos –que reciben en sus casas a los participantes– e, incluso, la capacidad de las instalaciones municipales. “El Ayuntamiento se convierte en un hostal durante esos días. Allí duermen entre 25 y 30 personas”, describen los responsables del Myau.

Precisamente, el Consistorio es uno de los pocos poderes públicos que han apoyado esta iniciativa desde el principio. “Una de las formas de colaboración fue la concesión de una pequeña subvención para construir un recinto en el que se pudiera colocar la carpa”, asegura Luis Paulino Pereira, el alcalde de Albendiego durante los primeros años del Myau. “Por tanto, instalan esta infraestructura en una zona de recreo de propiedad municipal. Antes lo hacían en fincas privadas”, añade.

Y esta cooperación institucional, ¿a qué se debe? “Porque se trata de una iniciativa que es muy interesante para el pueblo y para toda la zona”, confirma Pereira. “Este evento da a conocer la comarca y ayuda a que haya un poco más de vida en la localidad”, analiza. “Es una idea que ha sido posible gracias al esfuerzo de todos. La práctica totalidad de los vecinos apoyan este certamen”, concluye el exregidor.

¿Y qué pasa con la comida?
Pero si la colaboración popular, el alojamiento y los medios materiales del festival son fundamentales, no lo es menos la intendencia. “Traemos a una persona de Cádiz, familiarizada con el trabajo en festivales. Es quien prepara la comida para todos: voluntarios, artistas y personas inscritas en el evento”, señala Mario Gallego. Una labor en la que también han llegado a contribuir diversas entidades –como la granja «La Taina» de Santamera– y muchos vecinos de Albendiego.

Un trabajo conjunto que también se ha visto respaldado por la financiación que obtiene el Myau. “Las inscripciones, las barras de bar que montamos y la venta de merchandising del festival (gorras, pegatinas o camisetas) son las vías que nos proporcionan el dinero suficiente para realizar el certamen”, asegura Gallego. “El saldo final es lo comido por lo servido. El primer año, por ejemplo, perdimos dinero. La diferencia económica la tuvimos que poner los organizadores”, indica. Sin embargo, poco a poco se fueron regulando costes. “En la segunda edición ajustamos un poco más”, describe.

– Y, en este sentido, ¿se han planteado acudir al crowdfunding?
– Lo pusimos el año pasado. Pero en la edición de 2018, a lo mejor, buscamos otra fórmula, denominada GoFundMe –anuncian los convocantes–. Es un poco diferente al crowdfunding clásico, ya que no tienes que alcanzar el objetivo de recaudación marcado para que te reembolsen el dinero. Te lo van ingresando semanalmente.

En cualquier caso, la mejor muestra de los buenos resultados que alcanza anualmente el Myau es que en 2018 cumple su sexto aniversario. Y lo hace manteniendo el mismo impulso que al principio. No ha decaído. Todo lo contrario. Ha supuesto un revulsivo para Albendiego. Se ha convertido en una referencia en lo que a las artes circenses se refiere. Por tanto, el circo no sólo es una realidad urbana. El medio rural también se ha convertido en referente. Sólo hay que pasarse por la Serranía de Guadalajara para verlo…

Julio Martínez

Historiador y periodista, especialista en comunicación ambiental y en Masonería mexicana. El reporterismo es mi vocación. Ahora informando desde Guadalajara. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 1867).