Visitar Fuentes de la Alcarria, un pueblo sorprendente

La provincia de Guadalajara está salpicada de pequeños pueblecitos con un encanto especial que por, alguna u otra razón, sobresalen del resto no tanto por su monumentalidad sino por su ubicación, por el entorno que le rodea o por su silueta.

Este es el caso de Fuentes de la Alcarria, situado en la meseta alcarreña, en una estrecha franja de terreno aprovechando la curva que hace el río Ungría, a medio camino entre Torija y Brihuega. La ubicación del núcleo urbano recuerda, desde el otro lado del valle, a la proa de un barco varado que recala en las secas tierras alcarreñas, hendiéndose entre dos recodos de un valle que despunta por su belleza y vistosidad.

Durante mucho tiempo, la prensa provincial publicó un llamativo anuncio que rezaba: “¿Conoce Fuentes de la Alcarria? Venga a verlo, es muy bonito”. El promotor de este espacio publicitario era un conocido empresario de Guadalajara al que movía la única pretensión de dar a conocer su pueblo. Fue un éxito porque permitió divulgar las probidades de un núcleo que no sobresale por su vasto patrimonio, ni tampoco por su entidad poblacional (actualmente registra apenas 25 habitantes censados) sino por la espectacularidad de su enclave.

Hoy Fuentes de la Alcarria es, administrativamente, un barrio de Brihuega y de este ayuntamiento depende a todos los efectos jurídicos. Antaño no era así. Fuentes fue en tiempos un pueblo importante, no por sus riquezas, sino más bien por su valor estratégico.

Tuvo castillo con torreón y patio de armas y una picota del siglo XVI a la entrada de la villa, lo que demuestra que posee el título de villa otorgado por el rey Felipe II. Actualmente, de su castillo solo nos queda una ruinosa puerta fortificada por la que accedemos a la villa.

El viajero no debe dejar de pasear a lo largo de su estrecha calle Mayor, que muestra un buen repertorio de casonas populares, algunas más deterioradas que otras. Esta vía conduce a la puerta de la iglesia parroquial, situada en el extremo de levante del caserío. Dedicada a la Virgen de la Alcarria, se trata de una obra recia de gruesos muros de mampostería caliza del siglo XVI. Ya en el siglo XVII se le añadió la torre y algunos detalles ornamentales. Muy cerca, a su espalda, surgen algunos balcones desde los que se puede admirar la gran curva que conforma la hermosa vega del Ungría.

Son famosas, a un lado de la curva del valle, las famosas “casas colgadas” de Fuentes, que se alzan en lo alto de barranco y en un extremo del caserío, y que seguro nada tiene que envidiar a otras repartidas por la geografía nacional.

Los más intrépidos pueden descender al fondo del valle por una senda que parte detrás de la iglesia. Basta continuar por cualquiera de las dos pistas que hay a ambos lados del barranco y arribar hasta el Molino de las Fuentes. La senda continúa hasta Valdesaz, otro pequeño pueblecito, también dependiente de Brihuega, y que surge a la vera del frondoso valle del Ungría. Tal como decía el famoso eslogan publicitario: “vaya a verlo, es muy bonito”.


Del libro «101 Cosas que hacer en Guadalajara», de Raúl Conde y Angel de Juan. Editores de Henares, 2016. Colección Temas de Guadalajara, volumen 12. ISBN: 978-84-608-7324-2 D. Legal: GU-72-2016