“¡Señores hermanos, a caballo!”

Con estas palabras, da comienzo la fiesta de la Caballada de Atienza, una de las más antiguas de las que se celebran en España.

Los hermanos de la cofradía son fieles guardianes del legado y la gesta de sus antepasados por los hechos acaecidos en un día de pentecostés de 1162, y que hoy en día, se siguen celebrando según los usos y costumbres que mantienen viva está antiquísima cofradía.

Los hechos se remontan a 1162, cuando Alfonso VIII siendo aún un niño y rey de Castilla, es trasladado al por aquel entonces al inexpugnable castillo de la villa de Atienza, perseguido por las huestes de su tío Fernando III, rey de León, quien ansiaba hacerse también con la corona castellana.

El gremio de los arrieros atencinos, que eran los únicos que podían entrar y salir de la sitiada villa, idearon una estratagema para salvar al rey niño; pidieron permiso para abandonar el pueblo y simularon realizar una romería en la cercana ermita de la Estrella, lo que sirvió de distracción para las tropas leonesas; mientras, algunos arrieros, a lomos de los caballos más veloces, condujeron al rey niño hasta Ávila y de esta manera, Alfonso VIII pudo conservar la corona de Castilla.

Hoy la fiesta está declarada de interés turístico, nacional, regional y provincial, además de bien cultural e inmaterial por la Junta de Comunidad de Castilla-La Mancha y está incluido dentro del “Paisaje del Dulce-Salado, Siguenza y Atienza”, como candidato a patrimonio mundial de la Unesco.

La fiesta arranca la víspera de Pentecostés, llamada “sábado de las siete tortillas”. Ese día, a primera hora de la tarde, el manda, acompañado del dulzainero y tamboril, que no falte la música, van a buscar al Mayordomo a su domicilio para acompañarle hasta la casa del prioste, donde ya se ha reunido la Mesa de la cofradía, integrada por estos dos personajes, más el fiel de fechos (secretario) y los seises; hermanos que en años anteriores han ocupado el cargo de prioste y por lo tanto han servido la vara.

Todos juntos, acompañados de la priosta, la mayordoma y la seisa principal, y de algunos fotógrafos, bajan andando hasta la ermita, distante unos tres kilómetros del casco urbano, para prepararla de cara a la fiesta de la jornada siguiente.

Posteriormente es costumbre que los hermanos merienden siete tortillas de diferentes sabores, conmemorando esas siete jornadas que los arrieros atencinos tardaron en llegar a la ciudad de Ávila.

Previamente se ha cortado el árbol que servirá para colgar las roscas que se subastaran a la mañana siguiente tras la misa, así como naranjas y limones. La tarde transcurre entre la música de la dulzaina y tamboril con jotas castellanas.

Ya en el pueblo la cofradía invita, a propios y extraños, a una degustación de chorizo y tortilla y regado con vino, al son de la música de algún grupo de dulzaineros.

El domingo de Pentecostés
Debido a que en Atienza y su comarca ya no hay cabaña equina, la cofradía se ve en la necesidad de alquilar los caballos a una yeguada, en concreto al Centro Hípico Buitrago, quienes suministran los equinos para la fiesta.

El domingo es la jornada en la que tienen lugar los actos más importantes de la Cofradía de la Caballada. Sobre las diez de la mañana, todos los hermanos se reúnen, con sus cabalgaduras, en la casa del prioste; y el manda por indicación de este, anuncia con fuerte vozarrón: “¡Señores hermanos, a caballo!”, y al unísono todos montan en sus cabalgaduras.

El fiel de fechos pasa lista y se remata la bandera en cuartillos de vino. Se cobran las multas en libras de cera y en formación se dirigen a buscar al abad, para atravesar las calles atencinas pasando por la Plaza del Trigo y el Arco de Arrebatacapas y salir en dirección a la ermita de la Estrella.

A las doce de la mañana, la pequeña campana invita a los hermanos a prepararse para la procesión, recogen sus velas y abandonan, con la imagen de la virgen, el pequeño templo. Ya en el exterior se procede a la subasta las andas de los brazos del paso donde va la venerada imagen. La procesión llega hasta la segunda Peña de la Bandera tras varias subastas, tanto a la ida como al regreso.

Terminada la misa, el manda inicia la subasta de las roscas en la puerta de la ermita, mientas algunos hermanos invitan a un trago de vino en porrón a los numerosos turistas que se han acercado a conocer la fiesta. Sigue la música al son de la dulzaina y el tamboril y, en el portalillo de la ermita, los hermanos bailan a su virgen una entrañable jota castellana.

 A la hora de la comida y mientras las familias se reúnen en grupos a degustar sus propias viandas, el campanil de la ermita reclama a los hermanos cofrades para celebrar una comida privada, como mandan las ordenanzas seculares, en el comedor de la ermita y consistente en ensalada y cordero asado. Por la tarde se vuelve a bailar ante la virgen y los hermanos se despiden de ella entonando una salve

A la voz del manda vuelven a montar en sus caballerías para ir de camino a la villa, pero antes pararan en las dos peñas de la bandera para rezar por los hermanos fallecidos.

Atraviesan las calles atencinas y se dirigen al extrarradio para hacer las famosas carreras. Los hermanos compiten de dos en dos emulando a sus antecesores en su larga carrera a Ávila. Este es uno de los momentos más esperados por los cientos de visitantes, que animan a los cofrades cabalgando velozmente con sus capas y sombreros.

De regreso al pueblo y en la plaza del Trigo, el abad invita a una limonada a los hermanos y posteriormente finalizan la jornada en la casa del prioste con el trago de vino en porrón.

Este año, la fiesta de la Caballada se va a celebrar durante los días 23 y 24 de mayo y hay que recordar que la cofradía organiza el concurso nacional de fotografía Santiago Bernal, en el que se premiarán las mejores fotografías presentadas al concurso y realizadas durante estas dos jornadas.

Exposición de fotografías

Cada año la Cofradía de La Caballada de Atienza organiza una exposición fotográfica sobre la fiesta. En años pasados, han sido exposiciones individuales de reconocidos fotógrafos, que han plasmado en imágenes la esencia de la fiesta.

Para este año se ha preparado una muestra colectiva de una veintena de fotógrafos, que lleva por título “¡Señores hermanos, a caballo!” y que es una selección de imágenes presentadas a los diferentes certámenes de fotografía “Santiago Bernal” que organiza la cofradía año tras año.

La muestra puede verse en la Casa del Cordón de la villa atenciana, durante los sábados y domingos, hasta el próximo 7 de junio.