El patrimonio desaparecido de Guadalajara capital…

Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas

Hay ciudades que intentan conservar su legado monumental. Y muchas de ellas lo han conseguido. Ávila, Salamanca, Toledo, Santiago de Compostela o Gerona son un ejemplo de ello. Sin embargo, en otros casos, esta labor deja bastante que desear. Y como muestra, un botón. Guadalajara ha sido un lugar que ha descuidado gran parte de su patrimonio histórico. Aún hoy lo sigue haciendo…

“La capital ha perdido una barbaridad de monumentos durante los últimos años. Hemos sido unos especialistas en la destrucción de nuestro pasado inmueble y arquitectónico”, critica Pedro José Pradillo, historiador y técnico del Patronato Municipal de Cultura. De hecho, “en un libro del arquitecto y ensayista Fernando Chueca nos calificaba con «matrícula de honor» por ser una de las ciudades con mayor incidencia en la destrucción patrimonial”, añade.

Esto ocurrió hace más de 30 años. Pero, desde entonces, la situación no ha mejorado. Se ha continuado con la misma «táctica», basada en la no preservación de la historia. Una «política» que ha afectado a todo tipo de edificios. Iglesias, conventos, palacios, casonas…

Nada se ha salvado. Es verdad que las guerras que ha sufrido España han afectado negativamente en este proceso. Pero no han sido las únicas causas. “También ha desaparecido pacíficamente parte del patrimonio, con la aquiescencia –o, incluso, el aplauso– de la sociedad y de sus responsables”, denunciaba José Luis García de Paz, ya fallecido, en su libro «Patrimonio desaparecido de Guadalajara».

Así, y entre las últimas pérdidas, el palacio de los Vizcondes de Palazuelos, del siglo XVI. Estaba ubicado en la plaza de San Esteban y lo demolieron hace poco más de 10 años. Algo que ocurrió con la aprobación del Ayuntamiento, dirigido por el actual senador Antonio Román. De hecho los monumentos civiles han sido uno de los grandes afectados de la capital. “Las casonas que tenía la ciudad eran innumerables”, señala Pradillo.

“Guadalajara poseyó palacios, levantados para alojar a los nobles que aquí vivían, destacando entre ellos los poderosos Mendoza y sus «familiares». Este linaje trajo los gustos renacentistas a Castilla y fueron sus arquitectos (Lorenzo Vázquez, Alonso de Covarrubias, Cristóbal y Nicolás de Adonza o Pedro Machuca) quienes plasmaron este estilo en sus edificaciones”, agregó José Luis García de Paz en sus obras.

No en vano, y gracias a esta riqueza, durante la década de 1960 “Guadalajara iba a ser declarada «conjunto histórico–artístico» por la cantidad de monumentos que existían en sus calles. Sin embargo, este expediente se cerró para que se aplicase el «Plan de Descongestión de Madrid» y se pudiera derribar todo. A partir de este momento, la destrucción fue sistemática”, señala Pedro José Pradillo. No obstante, esta política ya venía de antes. Únicamente se acentuó y se profundizó con esta decisión…

Entre las estructuras palaciegas desaparecidas se encuentran la ya mencionada de los Vizcondes de Palazuelos o la de los Labastida, que estaba situada donde hoy se levanta el edifico de los juzgados de la plaza de Beladíez. “Era un edificio precioso y se tiró porque no se puso en valor. Se demolió de puro viejo”, indica el cronista provincial, Antonio Herrera Casado.

Palacio de los Labastida, hoy derruido y se encuentran los Juzgados
Palacio de los Labastida, hoy derruido y se encuentran los Juzgados
El palacio de los Labastida se ubicada donde hoy se encuentra en el edificio de los juzgados
El palacio de los Labastida se ubicada donde hoy se encuentra en el edificio de los juzgados

También se ha de mencionar la «Casa del Cardenal», Pedro González de Mendoza. Se encontraba en la plazuela de Santa María de la Fuente. “No quedan rastros de la misma, salvo la descripción que hiciera el tirolés Jerónimo Münzer, quien visitó el Palacio del Infantado, pero le gustó más esta casona. […] Apenas hay más datos sobre la misma, aunque se cree que debió intervenir Lorenzo Vázquez en su diseño. En 1846 quedaban el solar y la fachada con la puerta tabicada”, se asegura en «Patrimonio desparecido de Guadalajara».

Al lado de Santa María se encontraba la Casa de Pedro González de Mendoza
Al lado de Santa María se encontraba la Casa de Pedro González de Mendoza

Asimismo, se debe mencionar la vivienda del marqués de Montesclaros, edificada durante la segunda mitad del siglo XVI. Se emplazaba en la actual plaza de España, entre el Infantado y Los Remedios. “Fue cedida en 1832 al cuerpo de ingenieros militares, que reparó el edificio para ser la Academia Militar de Ingenieros. Ello ocurrió desde 1833, hasta que se incendió en un frío día de febrero de 1924”, explican los especialistas.

Palacio de los marqueses de Montesclaros, fue reconvertido en la Academia de Ingenieros
Palacio de los marqueses de Montesclaros, fue reconvertido en la Academia de Ingenieros
Palacio de los marqueses de Montesclaros, fue reconvertido en la Academia de Ingenieros
Palacio de los marqueses de Montesclaros, fue reconvertido en la Academia de Ingenieros

Un poco más arriba, en la cuesta de Cervantes, había otro edificio de interés. Se trataba de la Casa Noble de los Bedoya. “Fue derruida en la década de 1940 para construir en su solar el Instituto Nacional de Previsión, hoy un centro de salud”, confirman los historiadores.

Además, se debe hablar del palacio de los Guzmán, hoy convertido en residencia universitaria. “Se tiró por completo y lo único que se conservó fue la portada y poco más. Pero este edificio lo conocí entero. Era la Comandancia de la Guardia Civil. El complejo estaba alquilado a los Figueroa y Torres, descendientes de los Guzmán y propietarios del lugar”, subraya Herrera Casado. “Recuerdo que tenía un salón con una bóveda repleta de escudos”, añade.

Portada del antiguo palacio de los Guzmán
Portada del antiguo palacio de los Guzmán
Portada del antiguo palacio de los Guzmán
Portada del antiguo palacio de los Guzmán

En cualquier caso, aún hoy, “existen un montón de edificios completamente amenazados”. “Los ciudadanos miramos para otro lado y, por tanto, los responsables políticos no hacen ningún caso ni toman las medidas necesarias para su conservación”, denuncian los expertos.

Más allá de los palacios…
Empero, las casonas y complejos palaciegos arriacenses no han sido los únicos afectados por este abandono. También lo han padecido otro tipo de construcciones históricas. Por ejemplo, Guadalajara estuvo perimetrada por una imponente muralla. De la misma, sólo quedan algunos vestigios. Entre ellos, la Puerta de Bejanque –en la plaza homónima– o varios torreones, como los de Alvar Fáñez de Minaya o del Alamín.

Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Torreón del Alamín, uno de los escasos restos de las antiguas murallas
Puerta de Bejanque, uno de los pocos accesos de la muralla que aún se pueden contemplar
Puerta de Bejanque, uno de los pocos accesos de la muralla que aún se pueden contemplar
El torreón de Alvar Fáñez se conservó porque se convirtió en ermita de Cristo de Feria
El torreón de Alvar Fáñez se conservó porque se convirtió en ermita de Cristo de Feria
Restos de la muralla de Guadalajara
Restos de la muralla de Guadalajara
Restos de la muralla de Guadalajara
Restos de la muralla de Guadalajara

Históricamente, “las murallas han tenido una doble funcionalidad, que la perdieron durante el siglo XIX. En primer lugar, proteger a las ciudades, pero con el avance de la artillería ya no resistían los ataques. Y, en segundo, estas infraestructuras también contaban con un fin recaudatorio. Pero en el momento en que se cambió el sistema tributario, dejaron de presentar esta utilidad”, explica Pedro José Pradillo.

Además, durante el XIX imperó una «corriente higienista» que defendía que había que “abrir las ciudades para que corriera el aire en ellas y que –de esta manera– no existieran problemas de salubridad frente a las epidemias”. Fue en este contexto en el que la mayoría de las ciudades derribaron dichos perímetros, “dejando aisladas las puertas monumentales”. Algo que también se produjo en Guadalajara, aunque de una forma mucho más abrupta. Sólo se salvaron aquellos restos que contaban con un «uso declarado».

Por ejemplo, el torreón de Alvar Fáñez era la ermita del Cristo de Feria. El del Alamín, un almacén de pertrechos municipales, mientras que sobre la Puerta de Bejanque existía una vivienda. El resto de accesos desparecieron. Entre ellos, la Puerta de Madrid, emplazada frente a la actual Escuela de Magisterio, o la Puerta del Mercado, que estuvo en Santo Domingo.

En cuanto al Alcázar Real de Guadalajara, se trata de una fortificación andalusí del siglo IX. Situada entre el barranco del Alamín y la antigua carretera de Madrid, ha ido cambiando su uso a lo largo de la historia, teniendo funciones de vigilancia, palaciegas, militares e –incluso– industriales. Sin embargo, en la actualidad sufre una acusada ruina –pronunciada a partir de la Guerra Civil de 1936–, que no permite disfrutar del esplendor que tuvo antaño. Pero al conservarse muchos de sus restos, no se puede considerar que esté desaparecido como tal. Pero si no se actúa con celeridad, este complejo pasará a la historia en los próximos años…

Iglesias y monasterios
El religioso ha sido otro de los tipos patrimoniales más afectados por el abandono. “Existió una destrucción sistemática del mismo a lo largo del siglo XIX. Los viajeros de la época ya lo denunciaron al señalar que en Guadalajara existía una especial predilección por destruir las iglesias”, denuncia Pedro José Pradillo. De hecho, “si la capital hubiera conservado todos los santuarios construidos durante la Baja Edad Media, hubiese sido una de las capitales de España más ricamente marcadas por el estilo mudéjar”, asegura Herrera Casado.

Fueron afectados por este proceso templos como el de San Andrés –construido en 1338–; el de San Esteban –del siglo XIV y del que recientemente ha aparecido una arquería–; San Miguel –anejo a la capilla Luis de Lucena y demolido en 1877–; el convento de Piedad –del que se tiró la cabecera y el crucero de su iglesia–; San Gil –mudéjar, derribado en 1878 y del que sólo queda su ábside–; o Santo Tomé, sobre el que se construyó el santuario de la Virgen de la Antigua en el XIX y del que únicamente se conserva el ábside original.

Ábside de la iglesia de San Gil, comenzada a demoler en el siglo XIX
Ábside de la iglesia de San Gil, comenzada a demoler en el siglo XIX
Ábside de la antigua iglesia de Santo Tomé, hoy santuario de la Virgen de la Antigua
Ábside de la antigua iglesia de Santo Tomé, hoy santuario de la Virgen de la Antigua
La capilla de Luis de Lucena es lo que queda de la iglesia de San Miguel
La capilla de Luis de Lucena es lo que queda de la iglesia de San Miguel
Acceso al antiguo convento de la Piedad, del que mutilaron su iglesia conventual
Acceso al antiguo convento de la Piedad, del que mutilaron su iglesia conventual

Además, se debe mencionar la ermita de la Soledad, ubicada al inicio del paseo de Fernández Iparraguirre. Se quemó en 1936 y se acabó tirando durante la dictadura, para ensanchar la entrada a este boulevard. Además, también hubo otras ermitas en la ciudad, hoy desparecidas. Entre ellas, la de Nuestra Señora del Amparo, frente a la Prisión Provincial; la de San Blas; la de Santa Catalina de Alejandría, en la intersección de las calles Virgen del Amparo y Nuño Beltrán de Guzmán; la de Santo Domingo, en la plaza Mayor; la de Santo Domingo el Nuevo, en Luis Pizaño; la de Nuestra Señora de Afuera, edificada en 1480 al otro lado del río; la de San Sebastián, emplazada en el actual colegio Marista; o la de Nuestra Señora del Rosario, en la bajada hacia el Henares.

Restos de Santa Catalina de Alejandría, una de las ermitas desaparecidas de Guadalajara
Restos de Santa Catalina de Alejandría, una de las ermitas desaparecidas de Guadalajara
La antigua ermita de San Sebastián se encontraba en la calle homónima
La antigua ermita de San Sebastián se encontraba en la calle homónima

De igual forma, se debe mencionar la parroquia de San Ginés, que estaba emplazada –inicialmente– donde hoy se sitúa la Diputación Provincial, mientras que la antigua iglesia San Nicolás se hallaba originalmente en el solar actual del Banco de España. En esta misma zona también estaba el templo de las Monjas de la Concepción, de estilo renacentista. Se emplazaba en la plaza de Moreno. También fue pasto de las llamas en la contienda civil y durante el franquismo sus restos fueron demolidos. Todo ello, sin olvidar el templo de San Julián, “hecho en ladrillo a principios del siglo XIV. Fue derribado en 1840. En su lugar se encuentra el Parque Móvil”, aseguraba José Luis García de Paz, ya fallecido.

La ubicación original de San Nicolás era el actual edificio del Banco de España
La ubicación original de San Nicolás era el actual edificio del Banco de España

“Incluso, la iglesia de Santiago, que estaba junto al Palacio del Infantado, se derribó por completo para «poder ver» la calle Miguel Fluiters con cierta amplitud desde la actual Plaza de España”, relata Pradillo. Este templo “era al que acudían los duques a través del «Arco de los Perdigones»”, rememora Herrera Casado. “Se edificó en el siglo XVI y tenía una sola nave cubierta con bóveda de crucería. Eran muy bellas las capillas adosadas. Varias de ellas se demolieron en 1873 y lo que quedaba del edificio, en 1903”, añadía García de Paz en su libro.

Además, la actual parroquia de Santiago –situada en la calle Teniente Figueroa– formaba parte del convento de Santa Clara, que fue derribado en 1913 tras ser comprado por el Conde de Romanones. Lo adquirió “para especular con esta manzana del centro de la ciudad”, denuncia Pradillo. El Conde “trasladó la portada y parte del claustro a su finca familiar de Meco. Las monjas se fueron a Valencia”, aseguraba García de Paz antes de fallecer.

Otro de los monumentos que –según Pradillo– fue víctima de la “especulación urbanística” fue el convento de las Carmelitas de Arriba, en cuyo solar construyeron diversas torres de apartamentos. Previamente, este complejo histórico “fue afectado por el bombardeo del 6 de diciembre de 1936, que también destruyó del Palacio del Infantado. Tras la Guerra Civil, fue restaurado malamente hasta que fue demolido completamente en 1976, haciéndose en su lugar dos bloques de viviendas. Las religiosas marcharon a un nuevo edificio en Iriépal”, denunciaba José Luis García de Paz hace unos años.

Antigua ubicación del convento de las carmelitas de arriba
Antigua ubicación del convento de las carmelitas de arriba

Sin embargo, éste no ha sido el único convento desaparecido en la ciudad. Todo lo contrario. Hay muchos más. Por ejemplo, el de los Dominicos, cuya iglesia conventual es la actual parroquia de San Ginés. De hecho, el IES Castilla ocupa lo que fue dicho cenobio, del cual se conserva su planta, pero nada más. Asimismo, se debe mencionar el convento de las Bernardas, que estuvo ubicado en las cercanías del centro comercial «La Vaguada». “Se mantuvo en pie hasta después de la Guerra Civil, aunque muy deteriorado, abandonado y estropeado. Lo tiraron definitivamente en la década de 1950”, explica Antonio Herrera Casado.

La actual parroquia de San Ginés era la iglesia conventual del monasterio de Santo Domingo
La actual parroquia de San Ginés era la iglesia conventual del monasterio de Santo Domingo

Según señalaba José Luis García de Paz antes de su muerte, el cenobio de Las Bernardas se levantó a inicios del siglo XIV, reformándose en el XVI. Justo fue ese momento en el que se ornamentó su claustro cuadrangular con zapatas y capiteles al estilo renacentista alcarreño. Este complejo sufrió los avatares de las contiendas napoleónicas y sus moradoras fueron exclaustradas poco después, en 1821 –aunque volvieron dos años más tarde–. Desde entonces, las monjas tuvieron una vida precaria hasta que el complejo fue incautado en 1936. “En 1937, el edificio estaba habitado por familias refugiadas y, tras la guerra, volvió a ser ocupado por las religiosas. Debido a su mal estado, el complejo fue derribado hacia 1950, salvo un arranque de los muros, destruido hace poco para hacer viviendas”, señalaba García de Paz.

El mercado de abastos se construyó sobre el antiguo convento de San Antonio
El mercado de abastos se construyó sobre el antiguo convento de San Antonio

Empero, existió otro monumento del que se tienen menos datos. Se trata del convento franciscano de San Antonio. Se cree que pudo estar situado donde hoy se emplaza el Mercado de Abastos. “Pero se tiró después de la desamortización y no queda ninguna imagen del mismo… Nada de Nada”, indica el cronista provincial. “En un grabado de Pérez–Villamil realizado desde el otro lado del barranco de San Antonio, donde actualmente están las «Casas del Rey», aparece una torre que algunos autores han interpretado que podía pertenecer a este convento, pero no quedan restos del mismo”, añade.

Los Remedios fue el templo conventual del convento homónimo
Los Remedios fue el templo conventual del convento homónimo
Los Remedios fue el templo conventual del convento homónimo
Los Remedios fue el templo conventual del convento homónimo

En este sentido, tampoco se puede pasar por alto el cenobio jerónimo de Los Remedios, del que solo queda su iglesia renacentista en la plaza de España. “El edificio fue fundado por el obispo Pedro González de Mendoza y, tras la desamortización, fue hospital civil. Después de la Guerra Civil, en la reconstrucción de Guadalajara, hubo que derribarlo por su mal estado.

En su solar se edificó la Escuela de Magisterio”, concluía José Luis García de Paz en sus obras. No muy lejos de allí se encontraba el convento de la Merced, en cuyo solar se halla actualmente el hospital provincial. También desapareció.
Como se puede observar, la capital provincial ha perdido gran parte de su pasado inmueble.

Un patrimonio que estuvo caracterizado por su riqueza civil, religiosa y cultural. Por tanto, y para evitar nuevos empobrecimientos, lo (poco) que queda debe ser conservado y puesto en valor. Ha de ser divulgado, para que sea conocido por vecinos y visitantes. Al fin y al cabo, este patrimonio habla de la historia arriacense. Y conocer el pasado es fundamental. Es la única forma de progresar, porque como dijo el escritor argentino Ernesto Sábato:
«La Historia no es mecánica, porque los hombres son libres para transformarla»

El Palacio de los Duques del Infantado

El Infantado perdió sus artesonados y sus jardines originales
El Infantado perdió sus artesonados y sus jardines originales

Si hay un símbolo monumental en Guadalajara, ese es el Palacio del Infantado. Fue construido durante la segunda mitad del siglo XV por el arquitecto francés Juan Guas, bajo la fórmula del gótico civil isabelino. De hecho, es uno de los ejemplos más importantes de este estilo. Sin embargo, y a pesar de esta relevancia, el complejo también ha sufrido el devenir de la historia.

Entre los episodios que más le han perjudicado se encuentran los ataques de la aviación «nacionalista» durante la Guerra Civil. Los mismos tuvieron lugar el 6 de diciembre de 1936, cuando cayeron bombas incendiarias sobre el edificio. “Nadie apagó el fuego, ardiendo –sobre todo– los techos”, explica el cronista provincial, Antonio Herrera Casado.

Esto provocó que el grueso de los artesonados del palacio se perdiera. “Las techumbres de madera de sus salones estaban decoradas con fabulosos ejemplos de estilo mudéjar, cuajados de escudos, figuras, leyendas y mocárabes espectaculares. Dorados y mazonados, parecía que eran de oro, aunque eran de madera, pero maravillosamente tallados en el siglo XV por artistas moriscos”, explicaba el especialista José Luis García de Paz, ya fallecido.

Uno de los ejemplos más importantes estaba ubicado en la «Sala de los Salvajes». “Tenía planta cuadrada y artesonado octogonal, tallado con entrelazados mudéjares, dorado y coloreado suavemente, con grandes blasones de los Mendoza en las esquinas y multitud de figuras salvajes en el friso”, indicaba García de Paz en uno de sus libros. “Estaba rodeado de personajes desnudos, cubiertos de pelaje, como los dos existentes actualmente en la portada del Infantado”, añade Herrera Casado.

Además, se deben mencionar los jardines de este complejo, que fueron diseñados en el siglo XVI. “Tenían «un estanque de los mejores y más hermosos, con una isla en el medio, ceñida de balaustres de piedra donde iban a comer los cisnes y ánades que en dicho estanque andaban». Estaba «muy aderezado de pinturas, estatuas, fuentes y huertos, y tenía en Poniente sus estanques de peces y cisnes». Se cree que las estatuas las trajeron de Italia directamente”. De todo ello, no queda absolutamente nada…

 

Bibliografía.
GARCÍA DE PAZ, José Luis. Patrimonio desaparecido de Guadalajara. Guadalajara: Ediciones AACHE, 2003.