Rufino Blanco y Sánchez, que fue maestro

Rufino Blanco y Sánchez (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)
Rufino Blanco y Sánchez (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

Maestro, por encima de todo. Y un hombre de bien. Me lo recordaba uno de sus nietos, del mismo nombre, sentados los dos en una biblioteca. Su nieto era hijo de Julián, que aquel domingo, cuando llamaron a la puerta de la casa de su padre, en la calle de Viriato número 65 de Madrid, fue el primero en levantarse de la mesa.

Estaban terminando de comer. Don Rufino, como siempre, sus verduras. Don Rufino era vegetariano, y de ello hacía gala. De ser vegetariano y de no haberse puesto enfermo nunca.
La muchacha del servicio entró en el comedor a decir aquello de:

-Preguntan por…

Fue cuando Julián se levantó, y se le escuchó hablar con quienes preguntaban por don Rufino. No pasaba nada. Tan sólo tenía que acompañarles para hacerles unas preguntas. Le dijeron que regresaría en un par de horas.

Julián se prestó a acompañarle. No era cuestión de dejarlo solo. Don Rufino ya era un hombre mayor. Los setenta y seis años pesan. El día estaba fresco y el ambiente no era de lo más agradable para caminar sólo por las calles de Madrid, en medio de aquella orgía de sangre que se inició con los calores de julio.

Y los dos, don Rufino y Julián, salieron entre aquellos, después de que aquellos diesen una vuelta por la casa y se llevasen, requisaron, hasta tres colchones, y bajaron los peldaños de madera de la casa señorial de la calle de Viriato. Desde el balcón del comedor los vieron salir a la calle y subir al coche que, con el de escolta, tomó la dirección del paseo de Chamberí, que siempre sería. Doña María, su mujer, se santiguó antes de cerrar las puertas y volver a la mesa, con el presentimiento de que Rufino no regresaría.

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Rufino Blanco el día de su graduación, a los 21 años de edad (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)
Rufino Blanco el día de su graduación, a los 21 años de edad (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

Su padre, el de don Rufino, dejó Mantiel cuando el muchacho comenzaba a sacar la cabeza. El padre de Rufino Blanco era practicante y ayudante de unos cuantos médicos de la comarca de la Alcarria que lo hacían estar permanentemente por los caminos para llevar a casa cuatro reales.

Cuatro reales que doña Baltasara, su mujer, siempre administró con corrección. Hasta que conoció que en Madrid, en el centro, se ofertaba un empleo en el que encajaba a la perfección. Y dejando Mantiel, la familia se trasladó a Madrid dejando a don Ramón, el señor cura que hasta entonces se había ocupado de enseñar al joven las cuatro reglas, cariacontecido. Pero con el convencimiento de que el chiquillo llegaría lejos.

Y lo hizo. Comenzando los estudios en la Escuela Normal Central. Allí se graduó en Bachiller. Las notas no fueron muy brillantes. Un simple aprobado. Suficiente para continuar su carrera hacía el Magisterio. En enero de 1883 obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza, y comenzó a dar clases en las escuelas de Madrid, y a continuar estudiando. Daba clases en la Escuela Modelo de Madrid cuando conoció a la que sería su mujer, toma una dama de la vieja aristocracia cántabra, doña María Pérez de Camino y Garmendia. Dos meses duró el noviazgo con María. Se conocieron, se miraron a los ojos y se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro. Del matrimonio nacerían siete  hijos.

Fundaron su primer hogar en la calle del Divino Vallés, en el número 24. Allí nacieron los hijos, y de allí comenzaron a salir las obras literarias que le harían ser un referente en el mundo de la Pedagogía. El primer libro, en 1888, llevaba por título “Nociones de Psiocogenesia aplicada a la Pedagogía”, que fue recibido con buena letra por la crítica, y por los maestros, sus compañeros de profesión: es un libro que se ocupa de la generación u orden de aparición de las facultades del alma humana…

Supuso que, al tiempo que escribía, y daba clase, podía continuar mejorando en el estudio. Se licenció primero y se doctoró después, en 1889, en Filosofía y Letras. Para entonces se había convertido en el alumno preferido de don Marcelino Menéndez y Pelayo. De la misma manera había continuado ascendiendo en el mundo de la docencia madrileña, y en el periodismo. Sus colaboraciones en prensa, en numerosa prensa, principalmente en los órganos de los maestros, resultaron habituales. En España y Latinoamérica. A aquellas colaboraciones en la prensa docente se unirían las de periódicos de tirada nacional, como el ABC, o revistas seguidas por un público ávido de conocer, como Blanco y Negro. Curioso, en Blanco y Negro firmaba con siglas: U.C. de la A. El público que leía aquellos artículos tardó en conocer el significado: “Un crítico de la Alcarria”. Porque siempre se sintió alcarreño.

Don Rufino, su mujer e hijos, en Santander(Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)
Don Rufino, su mujer e hijos, en Santander(Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

En 1910 comenzó su trayectoria como profesor de Pedagogía Fundamental de la Escuela Superior de Magisterio, que no dejaría ya hasta su jubilación, en 1931. Salvo cuando, aceptando cargos de mayor grado, tuvo que dedicarse a ellos: En 1921 fue nombrado Consejero de Instrucción Pública; poco después concejal del Ayuntamiento de Madrid; y en 1927, por tres años, Gobernador civil de Segovia.

Entre medias, colaboró en la fundación de la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio; fue miembro de la Junta para la Extinción del Analfabetismo; Vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid; y de una decena más de instituciones, que lo llevaron a ser un referente, no sólo a nivel nacional. También europeo, en su campo, la docencia, la pedagogía.

Si alguna lacra podían imputarle sus enemigos estaba en sus creencias religiosas. Era, como alguien dijo, católico a machamartillo, y sus creencias las trasladó a la escuela, y a sus escritos. Porque continuó escribiendo, y publicando, hasta que le llegó la hora de la jubilación forzosa, en 1931.

Para entonces, en la mayoría de la prensa se le dedicaron elogiosos artículos, al hilo de su jubilación, escribía una revista: Pedagogo, mejor dicho, Maestro en la más recta y noble acepción de este envidiable título. Orgullo es poseer la ciencia de enseñar: abnegación y apostolado practicar esa ciencia. Y don Rufino Blanco y Sánchez, siendo Pedagogo, ha sido, y es, por encima de todo, Maestro.

Maestro siempre. Cuando actúa de visitador de las Escuelas de España y cuando acepta, para bien de la cultura internacional, la dirección del Anuario de Bibliografía Pedagógica; cuando dirige la revista profesional El Magisterio Español y cuando, al frente del diario Católico “El Universo”, realiza una fecunda y larga campaña de pacificación de espíritus, de acción social, de difusión de enseñanzas de las doctrinas de la iglesia; cuando ejerce la Concejalía en el Cabildo Municipal de Madrid y cuando asume el mando de la provincia de Segovia como gobernador civil; cuando preside la Federación de la Prensa de España y cuando vicepreside la Asociación de la Prensa de Madrid…

Leyendo su discurso de ingreso en la Real Academía de Ciencias Morales (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)
Leyendo su discurso de ingreso en la Real Academía de Ciencias Morales (Foto: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

Maestro. Con método de enseñanza, alejado del castigo. Ante todo, del físico. Para don Rufino al niño, para que aprenda, hay que conocerlo: Cuanto más se observa al niño, más se le conoce; cuanto más se le conoce, más se le quiere; cuanto más se le quiere, mejor se le educa.

Es, sin duda, y como se reconoce, el gran erudito de la Pedagogía Contemporánea. La relación de su bibliografía es interminable:
Nociones de Psicogénesis aplicada a la Pedagogía.
Primer catecismo cíclico de la Doctrina Cristiana.
Trabajos manuales sin taller.
Apéndice al Diccionario de Calígrafos españoles.
Orígenes de las ideas Pedagógicas en España.
Tratado elemental de Pedagogía.
Elementos de Literatura Española.
Enciclopedia Pedagógica.
Teoría de la Educación.
Fundamentos de la Lengua Castellana

Así, hasta algo más de medio centenar de obras que fueron, y continúan siendo, de referencia en el mundo de la escuela, del magisterio, de la enseñanza… Decenas de artículos de prensa, conferencias, estudios… Y sus reconocimientos, que muchos fueron: Comendador de la Orden Civil de Alfonso XIII; Medalla de Plata del 1º Centenario de los Sitios de Zaragoza; Socio de Honor de la Liga Cervantina Universal; Del Círculo de Bellas Artes de Madrid; Caballero de la Orden Pontificia de San Silvestre… Alcarreño siempre.

Su último trabajo fue el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

El 27 de febrero de 1935 recibió la carta suscrita por el Secretario Perpetuo de aquella Real Academia. Traía fecha del día anterior: Esta Academia, en sesión de hoy ha nombrado a V.E. Académico de número de la misma

Honores de anciano, debió de pensar don Rufino. Las Reales Academias tuvieron tiempo de nombrarle y admitirle en su seno. Pero no lo hicieron, hasta entonces. En alguna que otra ocasión se pidió su ingreso en la Real de la Lengua, pero…

Preparó su discurso de ingreso “Sobre la Educación Moral, y la Educación Cívica”, que leyó el 29 de marzo de 1936 y, quien tantos cargos desempeño a lo largo de su vida, ya en el ocaso, sorprendió con las líneas finales: “Yo no soy más que un Maestro de Escuela, a lo más, un crítico de la Alcarria”.

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Quienes llamaron a la puerta, y se llevaron a don Rufino y con él marchó su hijo Julián, redactor del diario ABC, eran milicianos de la CNT al mando del capitán Gregorio Lorenzana.

Era el 2 de octubre de 1936 y, efectivamente, como doña María, su mujer, auguró. No regresó. A don Rufino lo encontraron a la mañana siguiente, en una cuneta de la carretera de Burgos, a la salida de Madrid. Su hijo Julián estaba unos metros más atrás. Ambos, asesinados a tiros de pistola.

Recibieron sepultura en el Cementerio de la Almudena de Madrid los días 4 y 5 de octubre, antes de que la familia partiese para Selaya, en Santander.

La noticia de la muerte de don Rufino Blanco, difundida a través de la embajada de Francia, conmocionó al mundo de la docencia, de España y de Europa. Fue, como tantas, una de esas muertes sin sentido que producen las guerras. Las ideas. Las revoluciones. El fanatismo…

En el mes de marzo de 1940 sus restos fueron trasladados al panteón familiar de la Sacramental de San Justo, de Madrid.

Don Rufino Blanco y Sánchez nació en Mantiel (Guadalajara), el 16 de noviembre de 1861.

Guadalajara le dedicó un colegio, el Rufino Blanco
Guadalajara le dedicó un colegio, el Rufino Blanco

(Fotos: Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

Tomás Gismera Velasco
Escritor e historiador, es autor de numerosos trabajos biográficos sobre personajes históricos de Guadalajara. Es igualmente un autor de referencia en torno a la Serranía.