Concierto de Santa Cecilia en homenaje a los músicos que han pasado por la Banda de Música de Brihuega

Cuando las redes sociales parecen sustituir el abrazo de tu amigo por un «me gusta» y todo se hace a distancia en ellas, la Banda de Música de Brihuega va a contracorriente. Escoge el contacto real, la música en directo, los actos que unen, como el del pasado sábado donde dio un concierto para homenajear a todos los músicos vivos que han pasado por la agrupación.

Las piezas elegidas para la ocasión estaban cargadas de simbolismo, con el fin de que todos los músicos presentes se sintieran reconocidos de alguna manera en ellas.
Concierto de amor, una de las obras de esta última etapa de la banda, fue con la que comenzó el concierto para seguir con unas palabras de uno de los miembros actuales, Francisco Viejo, en las que puso en valor el tiempo compartido y vivido juntos, con estas palabras:

Muchos días, y años de tiempo “en familia”: de emociones sentidas al tocar música en grupo, de momentos duros o felices vividos en comunidad gracias a formar parte de esta agrupación.

Acabó con el reconocimiento a todos esos músicos que han pasado por la agrupación a lo largo de sus vidas.

A continuación, comenzaron a escucharse en el salón de actos del ayuntamiento pasodobles representativos de las diferentes épocas de esta banda centenaria, desde el más antiguo como Bajo la doble águila y el pasacalle Banderas moradas, hasta pasodobles de concierto como Pepita Creus o Puenteareas.

Entre pieza y pieza, una de las músicas más jóvenes de la agrupación fue nombrando a todos los músicos vivos que han pasado por la banda, dando lugar a sonoros aplausos.

Al finalizar el pasodoble flamenco En er mundo, dio comienzo uno de los actos más emotivos de este 150 aniversario: el presidente de la asociación, Jesús Romera, entregó los diplomas allí presentes.

Previamente, el alcalde de Brihuega, Luis Viejo, ofreció unas palabras de afecto a los músicos de la banda, y mencionó a la patrona de la música, Santa Cecilia.

El concierto finalizó con un pupurrí de zarzuelas, piezas representativas también de música de banda que emocionó a las personas que llenaban el auditorio.

Pero el acto no terminó ahí, sino que continuó con un pasacalle que partió del salón de actos y acabó en la Academia, donde se sirvió un vino español, con el fin de seguir ahondando en ese tiempo compartido y sosegado de las relaciones reales.