Como pagar a Guadalagua 2,03 euros y no morir en el intento

Cuando las empresas cambian su forma de trabajar y no precisamente en beneficio del usuario, si no en su propio interés seguramente para ganar más, se organiza un caos que ni ellos saben cómo salir y por supuesto siempre llevan razón. No me lo explico.

Este es el caso de un ciudadano normal; pongamos que se llama Fulanito Pi, acostumbra a pagar religiosamente sus impuestos y eso es lo que ha pretendido hacer con una factura emitida por Guadalagua por valor de 2,03 euros, vamos un capitalazo.

Este amigo tenía una casa que vendió en el pasado mes de octubre. Acordó con el comprador que este haría los cambios oportunos en los servicios: agua, luz, ayuntamiento…. Y hasta ahí todo correcto.

Decidió pasar por Guadalagua y solicitó a la señorita que le atendió, un poco despistada ella y con menos luces que la Feria de Abril de Sevilla, que le extendiera el correspondiente cargo por consumo de agua desde el último recibo hasta el día de la venta (mi amigo Fulanito le mostró una foto con la lectura del contador). La empleada, encerrada en sus normas, le comentó que no era posible por las normas de la empresa y que se esperara a la emisión de la factura, preguntando cuando sería eso, le contestó que para febrero o marzo.

Fulanito se fue de la oficina y a esperar.

Pasaron un par de meses y decidió quitar la cuenta bancaria donde le pasarían el cargo. Después de haberlo hecho volvió a la empresa suministradora de agua a indicar la incidencia y que le facilitaran el recibo para abonarlo. Nuevamente le atiende la misma señorita que se negó aduciendo sus propias normas. Fulanito Pi decidió volver a esperar y unos meses después recibió la ansiada factura de Guadalagua. Como indicaba que el pago se podía hacer por Ibercaja pensó en pagarlo en cualquiera de las oficinas de esta entidad bancaria. Nueva desilusión, en Ibercaja le pedían la factura con código de barras. De nuevo a pasar a Guadalagua y le atiende la misma señorita, que ya son tres veces, mala suerte; le extiende la factura con código de barras pero le indica que ahora se paga en la Caixa. Sorpresa del usuario, este contesta que en la carta pone Ibercaja, a lo que la señorita, de nuevo implorando sus propias normas, le contesta que ahora ha de ser en la Caixa.

Nuevo recorrido de bancos, primero a la Caixa situada en la Calle Mayor, la que está en el edificio que antes ocupaba ¿casualidad? el dueño de Guadalagua. Allí le dicen que en esa oficina no hacen ese tipo de operaciones. Busca otras oficinas y en una de ella, tras esperar su turno, el empleado le dice que no puede hacer el pago, que ha de hacerlo con tarjeta y por el cajero, a lo que mi amigo le dice que quiere hacerlo en metálico (tiene tarjeta de Ibercaja, pero no quiere utilizarla por si esta entidad le cobra comisiones, y que al final sería más que la deuda); el empleado le comenta que su sistema no se lo permite; otro nuevo chasco y sin pagar los 2,03 euros.

Recuerda que un familiar tiene cuenta en la Caixa y decide preguntarle si le puede hacer la gestión. Nuevo chasco, tampoco se puede hacer, el empleado insiste en el pago por tarjeta y por el cajero, aun teniendo cuenta corriente. No hay manera de pagar 2,03 euros.

Pienso en cuál sería la situación de un padre de familia de escasos recursos, sin cuenta bancaria y sin tarjeta ¿Cómo paga sus facturas a esta y otras empresas?

Mi amigo Fulanito Pi me pide que me haga eco del caso y que le pregunte al ayuntamiento si en las cláusulas de contratación con Guadalagua para suministro del agua en la capital, se indican las facilidades que se deben de dar para el pago de las facturas; tomo nota y espero esta respuesta. Ya que el ayuntamiento ha de velar por que se de un buen servicio, que debe de redundar en los ciudadanos.

Angel de Juan
director@henaresaldia.com