Tomar un vermú en la Alameda de Sigüenza

Pinchos en el bar Alameda, cercano al parque del mismo nombre, en Sigüenza.
Pinchos en el bar Alameda, cercano al parque del mismo nombre, en Sigüenza.

El parque de La Alameda de Sigüenza es un frondoso y polvoriento remanso de quietud al pie del casco histórico más importante de la provincia de Guadalajara. Ni su creación ni su ubicación son casuales porque responden a las necesidades de la ciudad en un momento concreto de su historia. El ex alcalde seguntino e historiador local Juan Carlos García Muela explica que, en el siglo XVIII la población de Sigüenza llegó a superar los 6.000 habitantes, conformando una urbe con servicios superiores a los de su entidad tanto en el ámbito administrativo como comercial. “Las ideas de la Ilustración arraigaron con mucha fuerza en Sigüenza, impulsadas por los obispos que pusieron en práctica los nuevos modelos sobre los edificios, hospitales, baños termales, paseos arbolados, carreteras y puentes”.

La creación del parque está unida al impulso del barrio de San Roque. El primer promotor fue el obispo Juan XI Díaz de la Guerra, aunque quien terminó la obra fue su sucesor en el obispado seguntino, Pedro Inocencio Vejarano, en 1804. El parque presenta un estilo neoclásico, cerrado por muretes y flanqueado por dos puertas de piedra. Una de ellas, limitada por cuatro grandes pirámides coronadas por una granada, recuerdo de la patria natal del obispo, exhibe un arco barroco, con el escudo de armas del obispo y una leyenda alusiva al deseo de edificar la Alameda “para solaz de los pobres y decoro de la ciudad”.

La Alameda es el sitio de recreo de los seguntinos y de decenas de miles de visitantes que cada año recibe la Ciudad Mitrada. Los primeros kioscos se remontan a 1907 y la Banda Municipal de Música actuó hasta su desaparición en este recinto, durante el verano, en un templete construido con madera desmontable.

El parque no se vio demasiado afectado en la Guerra Civil, aunque sí se habilitaron dos refugios que aún se conservan aunque con las entradas cegadas. La Alameda es un lugar de paso, pero también de paseo. Un espacio que merece una visita detenida no sólo por la tranquilidad que transpira sino por el bullicio que concentra durante las fiestas de agosto o en otras épocas señaladas del año. Y también por la creciente oferta gastronómica que concentra a su alrededor.

A lo largo del parque aparece una retahíla de establecimientos que se adecuan a las necesidades del viajero. Sigüenza es una potencia gastronómica y así quiere exhibirse ante el mundo. En el entorno de la Alameda hay restaurantes y mesones para comer, alojamientos para dormir, cafeterías para tomar un aperitivo y bares de tapeo en los que degustar creaciones propias de la cocina minimalista.

Perdigacho de anchoa, aperitivo típico seguntino.
Perdigacho de anchoa, aperitivo típico seguntino.

Entre la oferta restauradora sobresale el Restaurante El Doncel, una de las cimas de la cocina castellano-manchega, que abordamos en un capítulo específico en este libro. Pero también surge una ristra de figones y tascas, en las que hacer el vermú o picotear algo a modo de cena. Un ejemplo de ello es el Bar Alameda –el nombre es significativo de la ubicación– que se ha convertido en una representación seguntina del modelo de gastrobar que ahora tanto abunda en Madrid y en otros núcleos urbanos. El bar Alameda ofrece una selección de tapas frías y calientes entre las que destacan el ‘perdigacho’ –una tosta caliente con anchoa de calidad de primera y tomate–, el mejillón tigre, los chipirones a la plancha y los champiñones rebozados con alioli. También dispone de productos de la comarca, como el lomo adobado, el chorizo y las codornices. Sin embargo, donde sobresale este local es en la elaboración de sus cinco tapas especiales: queso de cabra 100% con cebolla caramelizada, la manita rellena de foie con salsa de arándanos o bien rellena de setas con agridulce de reineta, el ossobuco con nube de queso y salsa de frambuesa y el carpaccio de manitas de cerdo.

En la zona del parque de la Alameda hay también otros bares recomendables para comer o para la hora del vermú, como La Antigua o La Esquinita. Se trata de un lugar, en definitiva, en el que dejarse llevar para el descanso y el solaz. Ver, pasear y disfrutar acompañado de una tapa exquisita o de un buen vino. Sigüenza cabildea emociones y la Alameda es uno de sus epicentros.


Del libro «101 Cosas que hacer en Guadalajara», de Raúl Conde y Angel de Juan. Editores de Henares, 2016. Colección Temas de Guadalajara, volumen 12. ISBN: 978-84-608-7324-2 D. Legal: GU-72-2016