La Cueva del Oso

Pseudónimo: Noraia

Autora: Nora Alonso Clavero

Segundo premio categoría infantil

A mí me encanta ir a la Sierra Norte de Guadalajara con mi familia. Todos los años, cuando llega el otoño, mi hermana Naia, mis padres y yo vamos a buscar setas. Mis padres llevan una cesta grande y nosotras llevamos una pequeña.

Pero este año, cuando llegamos, me quedé mirando por la ventana del coche sin decir nada.

La sierra estaba negra.

Durante el verano había habido un incendio y se habían quemado muchos árboles. Donde antes había pinos verdes, ahora solo quedaban troncos oscuros y cenizas.

—Nora… ¿crees que encontraremos alguna seta? —preguntó mi hermana Naia.

—No lo sé — conteste—. Vamos a mirar.

Bajamos del coche y empezamos a caminar. Yo miraba debajo de las hojas, como hacía siempre, pero no encontraba nada. Ni una seta.

Entonces pensé en los animales que solíamos ver.

—Papá, ¿y los corzos? ¿Y los zorros? —pregunté—. ¿Dónde están?

Papá se agachó a mi lado y me explicó que muchos animales habían conseguido escapar del fuego y esconderse en lugares seguros, aunque algunos seguramente no habían podido hacerlo.

Eso me puso muy triste.

De repente, Naia me cogió de la mano y me dijo:

—¿Te acuerdas de la Cueva del Oso?

¡Claro que me acordaba! Era una cueva que conocíamos de otros años. Yo me puse muy contenta, porque los animales podían haberse escondido allí.

—¿Y si vamos a la cueva del oso? .Pregunto mi madre.

Seguimos andando hasta llegar cerca de la cueva. No vimos ningún animal, pero encontramos unas huellas en el suelo.

Naia y yo las miramos emocionadas.

—¡Quizá haya pasado por aquí un zorro! —susurró Naia.

Antes de volver a casa, encontramos una pequeña bellota entre las cenizas. La
recogimos y decidimos plantarla.

—Algún día volverá a haber árboles aquí —dijo Naia.

Yo miré la sierra negra y sonreí.

Quizá no sería mañana, ni el año que viene.

Pero algún día, pensé, volverían las setas, los animales y el bosque.